La Lectura en Lengua Aborigen:
El caso del Quechua Santiagueño
Lelia Inés Albarracín de Alderetes
Jorge Ricardo Alderetes
Asociación Investigadores en Lengua Quechua
adilq@hotmail.com
INTRODUCCIÓN
No se puede negar la necesidad de lograr que se conserven lenguas
que están en proceso de extinción. Muchos creen que el medio
más adecuado no es la escritura de la lengua sino los registros grabados
en muchos de los soportes que la tecnología moderna ofrece. Otros
sostienen que la escritura no ha salvado ninguna lengua y que la única
garantía de supervivencia es que sus hablantes la usen, es decir,
la hablen. Frente al hecho cierto de una exigua producción literaria
escrita en lengua aborigen y a la inaccesibilidad de las nuevas tecnologías
para los sectores más desposeídos, aún a riesgo de ser
considerados utópicos, estamos convencidos de que el ejercicio de
la lectura y de la escritura constituye una herramienta válida para
fortalecer el proceso de transmisión intergeneracional, que se efectúa
en forma exclusivamente oral y predominantemente en el ámbito familiar.
Es por ello que defendemos la importancia de alfabetizar en lengua materna
a los hablantes de las lenguas minoritarias, para que valiosos testimonios
puedan ser atesorados y para extender los espacios de uso de las mismas.
Es la comunidad misma la que decide el destino de su propia lengua, pero
cuando se advierte que el número de hablantes va disminuyendo, no
faltan quienes tienen una visión fatalista sobre el destino final
de la lengua achacando cierta indolencia a los miembros de dicha comunidad.
Lo que quizás no se comprende, es que la mayoría de los hablantes
ni siquiera sospechan que su lengua podría encontrarse bajo riesgo
de extinción. Los quichuistas del Salado nada saben de estadísticas,
de vitalidad o muerte de lenguas, de sustitución o desplazamiento
lingüístico, mientras su kichwa se va mezclando cada vez más
con la kastilla.
TEXTOS EN LENGUA QUECHUA
Nos hemos dedicado al estudio y análisis de la lengua quechua
y en especial de la variedad dialectal hablada en la provincia de Santiago
del Estero conocida como “la quichua” o “quichua santiagueño”.
A pesar de la gran cantidad de hablantes que existen en esa provincia no
hay programas destinados a la enseñanza de esta lengua minoritaria
en la escuela. La idea de que la lengua sólo puede ser hablada pero
no escrita está muy enraizada en los hablantes. De ahí surge
la conocida expresión “la quichua no se escribe, se habla”.
Además la profunda situación de empobrecimiento que sufren
los grupos marginados en Santiago del Estero, hace que la educación
y la cultura sean ajenas a las preocupaciones cotidianas.
Aunque existen muchos quichuistas que saben leer y escribir, una ínfima
cantidad ha accedido a la lectura de textos escritos en quechua. No existe
la necesidad de crear una escritura para la comunicación endógena
de un grupo sino que las escasas experiencias en torno a la lecto-escritura
en lengua vernácula, realizadas por personas sin capacidad pedagógica
suficiente, buscaban una rápida transición hacia la lengua
dominante y en consecuencia, hacia la aculturación.
En general los textos que circulan, que no son numerosos, han sido
escritos con una visión hispanizante de la lengua y para su análisis
se aplicaba la gramática de la lengua latina. Hay que tener
en cuenta que el primer objetivo para escribir una lengua ágrafa en
América fue el endoctrinamiento de los grupos indígenas, por
parte de los evangelizadores.
En Argentina, no ocurre como en Perú o en Bolivia, por ejemplo, que
se ha buscado la unificación escrituraria de la lengua. En parte esto
se debe al no reconocimiento de la existencia de más de una variedad
dialectal en todo el territorio argentino (Alderetes-Albarracín 2004:
83-84), pero además, por la falta de interés de las autoridades
oficiales en la enseñanza de la lengua.
Ingrid Jung y Luis Enrique López (1987: 492) cuando hacen referencia
al alfabeto panquechua creado en 1983, comentan lo siguiente: “De los alfabetos
quechuas utilizados hasta el momento, éste es el que más se
acerca al principio fonético por su afán de representar sólo
aquellos sonidos que son distintivos en la lengua. De esta manera constituye
el procedimiento más fiel para representar al sistema quechua mismo
lo que de por sí implica una postura política frente al quechua
por cuanto rechaza su subordinación al sistema de otra lengua (en
este caso el castellano) y enfatiza su autonomía al ir contra la jerarquización
lingüística que hasta entonces regía no sólo su
uso oral sino también su escritura”.
La enseñanza de la lectura-escritura en lengua vernácula no
sólo significa lograr la capacidad de leer textos que la cultura dominante
elabora sino también es importante lograr la producción de
mensajes que cuestionen la situación de dominación en lo cultural
sobre todo y que colabore en el autodesarrollo del propio grupo.
Para nosotros, hablantes de una lengua mayoritaria y dominante, es cotidiano
el hecho de abrir un libro y encontrar palabras que reflejen nuestra lengua
y nuestra cultura, sin embargo para quienes hablan una lengua ágrafa
oír la lectura de un texto en esa lengua discriminada es un hecho
casi mágico.
Esto que describimos no es una situación exclusiva de nuestras zonas
rurales. En una publicación de la UNESCO en donde se relatan tres
experiencias en áreas rurales andinas de Perú el autor hace
el siguiente comentario:
“El proyecto especialmente el CEDEP (Centro Andino de Educación y
Promoción) se propuso reforzar el orgullo por la propia cultura. Para
ello se procura de que el indígena se piense como protagonista de
una sociedad que ha logrado grandes conquistas, como hablante de una lengua
valiosa y sofisticada.
En este sentido se ha logrado un paso muy importante: las señoras
han aceptado alfabetizarse en quechua. No sólo porque se las ha convencido
de que para aprender castellano es primero conveniente dominar la lectoescritura
en quechua, sino también porque se ha reivindicado el valor de su
lengua materna ante sus propios ojos. La constatación de que el quechua
puede escribirse es reveladora, llena de orgullo a las señoras. A
partir de ahí muchas dicen que quieren hablar bien el quechua, lo
quieren hablar puro no mezclado” (Portocarrero Maisch 1995 : 60).
Agregamos aquí el comentario de Doña Magalina Juárez,
de 73 años. Ella es hablante de la lengua quechua y vive en San Ramón
a 3 km al sur de Fernández en la provincia de Santiago del Estero.
Cuando le hacíamos saber que nos dedicábamos a investigar y
enseñar esa lengua, nos decía: “pero ancha difisil deben kayta
chayta eskribinayqa porke qaay, qoy eso ¿cómo se escribe? Por
ejemplo ¿el qoy, cómo se escribe con qué letra?¿Con
la k?”.
De una manera muy intuitiva doña Magalina podía reconocer en
su lengua la existencia de un sonido postvelar que no existe en español,
el fonema /q/ y en consecuencia planteaba la dificultad de su trascripción
al código escrito.
Hay que aclarar que la situación de diglosia que vive el quechua -lengua
dominada- con el castellano, ha llevado a que la escritura sea una herramienta
exclusiva de la lengua dominante, por lo tanto concebir a la lengua vernácula
como escrita es un ‘desafío’ que muy pocos hablantes se proponen.
Tomando de nuevo las palabras de Jung y López (1987: 494): “No sólo
interesa que los nuevos lectores puedan decodificar información escrita
en vernácula sino, principalmente que puedan transmitir sus propias
ideas y generar sus propios textos” .
Hay otra situación a tener en cuenta y nos referimos a la necesidad
de que los hablantes de la lengua mayoritaria aprendan también las
lenguas vernáculas. No tan sólo quienes las hablan tienen la
obligación de conservarlas, enseñarlas y transmitirlas sino
también, quienes somos conscientes de que todas las lenguas forman
parte del patrimonio cultural de la humanidad y que muchas de ellas están
en peligro cierto de extinción, tenemos la obligación de trabajar
para su recuperación. A propósito dice Moreno Cabrera: “ Además
de esta actitud que hemos de adoptar los lingüistas ante la diversidad
de lenguas, debemos demostrar que nos importa el estudio de todas las lenguas,
pues todas las lenguas son de la misma especie, pero debemos demostrarlo
de modo más inmediato respecto de las lenguas que van con seguridad
a desaparecer en pocos años; otra actitud conllevará indefectiblemente
un desprecio que no puede radicar en otro sitio que no sea la discriminación
lingüística contra la que estamos obligados a luchar ética
y científicamente” (230)
Desde la Universidad Nacional de Tucumán, además de los cursos
de lingüística quechua, procuramos estimular la producción
de material en quechua para la lectura. Antes de fin de año se publicará
una antología de textos en quichua santiagueño y a mediados
del próximo año, una selección de cuentos. Todo este
material es producto de la creación literaria de hablantes nativos
de la lengua y su publicación se realizará, por supuesto, sin
ningún tipo de apoyo oficial.
CONCLUSIONES
Como conclusión, me limitaré a reproducir unas palabras
de Don Mario Tebes, quichuahablante oriundo del Departamento Figueroa (Tebes
y Karlovich, 2005): “ ... nuestro especial e íntimo deseo es que los
hablantes quichuas alfabetizados, todos conocedores de los cuentos, coplas
y chacareras (...), se acostumbren a leer textos en su propio idioma. Que
retornen por el camino de la lectura a los rastros de su pasado, narrado
y expresado por sus propios paisanos, refrescando y enriqueciendo así
también el uso de su lengua materna”.
REFERENCIAS
ALDERETES Jorge y ALBARRACÍN Lelia (2004) El quechua en
Argentina: el caso de Santiago del Estero. En International Journal of the
Sociology of Language, 167 (Special Issue: “Quechua Sociolinguistics”),
83-93. Berlin: De Gruyter.
JUNG Ingrid y LOPEZ Luis Enrique (1987). Las dimensiones políticas
de una escritura: el caso del quechua en el Perú. En: Allpanchis,
Nº29/30, pp.483-510. Cusco: Instituto de Pastoral Andina.
MORENO CABRERA Juan Carlos (2000). La dignidad e igualdad de las lenguas.
Crítica de la discriminación lingüística.
Madrid: Alianza Editorial.
PORTOCARRERO MAISCH Gonzalo (1995). Vamos creciendo juntas. Alfabetización
de la mujer campesina indígena en Perú.. Santiago de Chjile:
UNESCO.
TEBES Mario y KARLOVICH Atila (2005). Sisa Pallana. Buenos Aires:
EUDEBA (en prensa).