La lengua como herramienta
de poder
Lelia Inés Albarracín
Asociación Investigadores en Lengua Quechua
adilq@hotmail.com
Imaginar las lenguas como entidades homogéneas yJuan Carlos Godenzzi
armoniosas no es más que una ilusión.
La condición real de cualquier lengua es la diversidad,
la variación y el cambio.
INTRODUCCIÓN
En el territorio argentino se
hablaban numerosas lenguas antes de la llegada del español. Muchas
de ellas han desaparecido, como consecuencia de la acción de los conquistadores.
Pero ese agente destructor de las culturas preexistentes fue tomando nuevas
formas con el paso del tiempo: los grupos de poder dominantes, la burguesía
intelectual despreciadora de lo indígena, los gramáticos normativos
del lenguaje, entre otras, sostenidos por un andamiaje ideológico
construido a lo largo de siglos: las ideas racistas del lenguaje, la estandarización
y homogeneización lingüística forzosa, la visión
hispanocéntrica de la lengua, la concepción centralizada de
la educación y más recientemente, la globalización
o más bien dicho la imposición de la cultura del imperio sobre
el resto de los países.
Es así como hoy sólo se hablan alrededor
de 14 lenguas precolombinas que han logrado resistir más de 500 años
la invasión y conquista, cuya acción hoy sigue vigente.
Muchas de esas lenguas están actualmente en peligro
de extinción. La discriminación de la que son víctimas,
la falta de acciones que tiendan a su recuperación o inserción
en el campo educativo, las políticas lingüísticas con
características de opresión idiomática hacia las lenguas
minoritarias y las variedades regionales, son algunos de los diversos factores
que suelen confluir para provocar la interrupción de la transmisión
intergeneracional y la consecuente desaparición de toda una cultura.
Sin embargo, a través del contacto con el español
las lenguas precolombinas han creado una forma de resistencia ya que
influyen en aspectos fonológicos, sintácticos o semánticos,
de la lengua dominante, creando así diferentes formas de español
regional, y venciendo así a la tan buscada homogeneización.
No me resulta difícil a mí, ilustrar una
de las variedades del español regional que se ha generado por el
contacto de una lengua precolombina con el español. En mi provincia
de origen existió una convivencia secular de la lengua quechua con
el español y aunque el quechua ya no se habla en Tucumán,
ha logrado sobrevivir a través de los rasgos particulares que presenta
el español, en esa provincia. Se ha generado así, lo que humorísticamente
entre los tucumanos denominamos como el ‘tucumano básico’.
Para ilustrar vamos a tomar como ejemplo, un diálogo
en una escuela secundaria de manualidades, ubicada en pleno centro de San
Miguel de Tucumán, a la que concurren jóvenes provenientes
de barrios periféricos y de zonas rurales. Dos profesoras de Lengua
observan la clase de cocina y escuchan el siguiente diálogo entre
la docente y las alumnas:
Docente: - Marita, ilo poniendo al jarro
con agua hasta que terminés de hacer la masa.
Marita (dirigiéndose a otra alumna): -¡Che, Teresita, ime
poniendo el jarro!
Teresita: - Ya t’ hi dicho que estoy ocupada.
Docente: -Teresita, ite poniendo el jarro y no discutás.
Una de las profesoras de Lengua que observan la escena exclama: -¡Cómo
no querés que sean brutas si la profesora habla como ellas!.
En la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán, a los alumnos de las diferentes carreras se les explica que la forma ite tiene dos interpretaciones posibles: la primera, que sería una construcción análoga sobre el modelo de “vete”, y la segunda, que proviene de la fórmula en latín “Ite, missa est” “Idos, se acabó la misa”, que se utilizaba cuando las misas eran celebradas en dicho idioma, sin tener en cuenta que una forma eclesiástica difícilmente pueda tornarse popular. Obviamente, para ime e ilo no hay ninguna explicación. Sin embargo, estos supuestos errores tienen una lógica irrefutable: ilo se utiliza para indicar que la acción puede realizarse simultáneamente con otra, ime se utiliza para indicar que la acción es ejecutada por otra persona en beneficio del sujeto y finalmente, ite se usa como imperativo, para la segunda persona del singular.
Otro ejemplo de español
regional, será el relato de un niño de 12 años de edad,
residente en el departamento Figueroa, en la Provincia de Santiago del Estero:
“Dice que una vuelta, un hombre
vivía, atendía muy muchos chanchos, de todo; todo atendía
y de ahí dice que se había ido a una provincia a buscar trabajo.
Dice que...y él antes dice que ya estaba dado por su abuelo y por
su abuela al diablo ya, él estaba dado ya. Dizque había ido
y se había hecho grande, grande. De ahí dice que había
ido a trabajar y de ahí dizque había estado así lao
de un puente y subían al puente y dicen que había venido una
olada así ¿qué no?. Dice que a él lo había
llevado envuelto bien con el agua, una olada dice que lo había llevado
y de ahí dicen que escuchaban una olada, una olada le había
llevado para dentro y dice que se había ido, se había ido nomás
y de ahí que ya no....ha desaparecido ya. Porque el hombre, la abuela
ya lo había dado ya, el diablo le había dicho que al que le
encuentre primero que él le iba a dar el pez y siempre al hombre
lo había sabido encontrar el perrito, bueno le había dicho
y le ha encontrado el hijo y de ahí le había dado la abuela”.
Nótese que la reiteración de las frases
“dice que”, “dizque”, “dicen que”, haría pensar
a cualquier maestro que este niño construye su relato de manera confusa;
sin embargo, él no hace más que utilizar recursos pragmático-discursivos
propios de la región y que son característicos del habla del
bilingüe.
Ciertos mecanismos discursivos del quechua se relacionan con el tratamiento
de la información por parte del hablante según que éste
la considere nueva, conocida o relevante para el oyente; también
tienen que ver con la evaluación que realiza el hablante de la validez
de la información que transmite, así como con la relación
que establece el hablante entre sí mismo y el oyente. El uso del
reportativo de segunda mano –si y del pasado narrativo –sqa
(inexistente en español) (Albarracín, Alderetes, Tebes 2002),
generan en las traducciones de los bilingües, frases similares a las
utilizadas por el niño de este relato.
Todos estos aspectos, relacionados con la riqueza de
expresión que tienen las lenguas dominadas, son ignorados por la mayoría
de nosotros y seguramente Tochi, el niño del relato es interrumpido
permanentemente, por la maestra, para corregirlo, porque no interesa lo que
se dice sino cómo se dice.
En el relato que puse como ejemplo, tal vez muchos docentes
e investigadores ignoren el origen de la expresión “¿qué
no?”. Se trata de un calco de la expresión quechua “¿manachu?”.
Cuando se expresa “¿qué no?, es una forma de invitar
al interlocutor a que apruebe lo que el emisor está diciendo: “Muy
mucho frío hace ¿qué no?” o “Muy rico este locro
está ¿qué no?” (Albarracín y Alderetes:
2004). Pero cualquier docente obligaría a los niños a reemplazar
esta construcción válida y legítima por “¿no
es cierto?”o “¿no es verdad?”, tal como lo establece la variedad
estándar. Tal vez iría más allá, censurando
la posición final del verbo, característica de la sintaxis
quechua cuyo orden preferido para la oración es SOV.
De este modo, la corrección provoca la destrucción de
un código subyacente, el de una lengua milenaria que lucha por sobrevivir,
manifestándose a través de la lengua dominante.
La investigadora Inés Pozzi- Escot (1992: 298)
en su trabajo “Principios para una política nacional de lenguas y
culturas en la educación”, destinado al estado peruano, propone: “Las
variedades del castellano hablado en el Perú, cualquiera que sea su
estatus, prestigioso o no, serán respetadas en la educación
oficial como lengua del educando, porque son hablas con las cuales algunos
educandos se identifican. Ningún niño será avergonzado
en la escuela por la variedad que maneja ni prohibido de comunicarse en ella.
Los maestros usarán las variedades prestigiosas para fines de enseñanza”.
Godenzzi (1997: 12) se pregunta: “¿Qué
castellano enseñar en la escuela?” A lo que él mismo responde:
“Se enseñará ciertamente una norma estándar, particularmente
en lo que atañe a la lectura y producción del texto escrito,
pero eso no significará condenar o abolir otras normas regionales o
coloquiales sobre todo en el plano oral. Todas esas modalidades son legítimas;
lo diferente son sus usos y contextos. Así como un individuo puede
hablar más de una lengua, así también es posible manejar
más de una variedad de lengua”.
‘CÓMO SE DICE’
El ‘Cómo se dice’ o ‘Cómo
se debe decir’ tiene que ver entonces, con los aspectos normativos de la
lengua. “Si lo que se describe habitualmente en los estudios gramaticales
es, en la mayor parte de las ocasiones, una determinada variedad, la estándar,
se está dando la impresión de que es la única variedad
accesible a los métodos científicos, por ser la más
regular y sistematizable y se está haciendo de la descripción,
prescripción” (Moreno Cabrera 2000: 56).
Es decir que la descripción siempre tiene
un compromiso ideológico al privilegiarse una variedad lingüística
sobre otras. Estoy segura de que ninguno de nosotros podría afirmar
que hay una raza superior, por lo tanto tampoco podemos afirmar que
hay lenguas superiores o variedades lingüísticas superiores
unas a otras.
“El hecho de que exista como objeto descripto en los
libros de gramática produce la idea de que es, de alguna manera, la
lengua ‘verdadera’ y ‘legítima’, y que las otras variedades son versiones
degeneradas y corruptas de ella”. (Romaine citado por Moreno Cabrera 2000:
57).
Cerrón Palomino (1989: 175), por su parte
afirma: “como se sabe, uno de los argumentos esgrimidos por los partidarios
del uso del ‘buen’ castellano ha sido el temor a la fragmentación
de una unidad que, bien mirada, nunca existió.”
Sin embargo, es difícil, encontrar tesis doctorales
que analicen la influencia de las lenguas aborígenes sobre el español.
Es casi imposible encontrar trabajos de investigación lingüística
que incluyan la descripción de las formas de imperativo de i’,
ite, o ilo que utiliza el tucumano o un análisis
del dizque que emplea el niño santiagueño. Pero lógicamente,
estas formas utilizadas a modo de ilustración son una mínima
muestra ya que los fenómenos de transferencia lingüística
producidos en el habla del norte por el contacto quechua–español
son numerosos y diversos y pueden clasificarse teniendo en cuenta los siguientes
aspectos: préstamos léxicos, rasgos de pronunciación,
entonación, acentuación y fonación, morfología
y sintaxis.
Es decir, la cuestión es más compleja
que un simple intercambio de préstamos. Se trata de la reconstrucción,
durante por lo menos tres siglos, de una lengua -el español-, a nivel
global (como ya dije, sintáctico, fonológico -acentual y tonal-
y léxico), conforme a los códigos de otra lengua -el quechua-
y seguramente otras del sustrato (de las que tanto ignoramos). Esta riqueza
lingüística, sin embargo, en vez de ser motivo de orgullo, se
convierte en un estigma social y cultural.
A nivel sintáctico es común el uso de
frases como “¿de qué profesor es Ud.?”, en vez de “¿profesor
en qué es Ud.?”, o “¿qué haciendo te has cáido?”,
en lugar de “¿cómo te has caído?”, ¿qué
diciendo has venío? por “¿por qué razón
has venido?” a título de ejemplos. Se puede mencionar además
el uso de estructuras en las que hay una duplicación del objeto “me
están sobándome el lomo”, “se vamo hacerse
dar un bolsón”, “les voy a hacerles una sopita”. O
donde la acción es ejecutada por otra persona en beneficio o perjuicio
del emisor: “El chiquito no me lo quiere comer”, “bailamelo
una chacarera”, “me lo estaban pegando el perro”. También
aquellas donde hay inconcordancia de género: “ya te lo i' curao
la yegua”. Son llamativos también el uso preferencial del pretérito
perfecto simultáneo con el rechazo del pretérito imperfecto
por considerarlo “característico del porteño”, el llamado
pluscuamperfecto en función más modal que temporal (p e: “había
sido ... tan linda”), la concepción de las acciones en diminutivo
“Diosquierita que llueva”, “jugandito m’i cáido”, la
reduplicación de voces (tarde-tarde, poco-poco, casi-casi,
tonto-tonto, saltiao-saltiao), en el caso de los adjetivos
el propósito de la reduplicación es graduar su alcance (tonto-tonto
= medio tonto); la función de la reduplicación con los
adverbios es la de regular la cualidad del adverbio, en algunos casos enfatizando
(tarde-tarde = muy tarde, poco-poco = muy poco,), en otros
sugiere inminencia (casi-casi), en otros discontinuidad (saltiao-saltiao).
La reduplicación incluso se extiende a algunas formas verbales, en
el caso del gerundio para indicar la continuidad de la acción: “sufriendo
sufriendo nomás vivo”, “se la pasa durmiendo durmiendo”.
En el Noroeste se registra además otro particular
uso del gerundio: “me he venido olvidando” por “me dejé
olvidado (algo) al venir”, “he venido comiendo” por “vine después
de comer”. También frases que traducen construcciones causativas
del quechua (“hacer ver” por “mostrar”, “hacer morir”
por “matar”), y otras estructuras como: “había estado casada”
por “ignoraba que era casada”, “había tenío un cachorro”
por “no sabía que tenía un cachorro”, “estoy sabiendo que
no ha estudiado” por “presumo que no ha estudiado”. De igual modo, se
advierte una diferente concepción del tiempo y de los procesos mentales
de cálculo: “va para los cinco” en lugar de “tiene cuatro
años”. Para no sobreabundar con ejemplos, de los innumerables
diminutivos en uso en el Noroeste solo señalaré: “ahicito
nomás es” por “es muy cerca de aquí”; “unito tengo”
por “tengo nada más que uno”.
Expresiones que en muchos casos no pueden ser atribuidas
a una matriz hispánica ni pueden ser explicadas por la tradicional
lingüística de contacto (léase Weinreich) y cuya génesis
debe buscarse, como ya expliqué, en un complejo proceso de reconstrucción
del español mediante los códigos de otras lenguas. En rigor,
la mayoría sólo pueden ser explicadas por la existencia de
un substrato y en algunos casos adstrato quechua en la región.
Obviamente, para el análisis del español
de esta área lingüística resulta de gran importancia
el conocimiento del quechua; sin embargo, el estudio de dicha lengua no
forma parte de la currícula formal de las carreras pertinentes ni
constituye objeto de investigación en las Universidades. (Alderetes
y Albarracín 2004)
La permanente corrección y prohibición
seguramente provocan que el hablante no se sienta con derecho a decir, y esto
no es algo menor: este permanente mecanismo de intolerancia y autoritarismo
sólo acarrea desigualdad y exclusión.
LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA EN ARGENTINA
En el mes de noviembre se realizará
en la ciudad de Rosario, el III Congreso de la Lengua Española, organizado
por la Real Academia Española y las veintidós Academias de
la Lengua Española, cuyo lema es “Identidad Lingüística
y Globalización”.
Según lo reconoce una funcionaria argentina,
el mismo es “política del Estado español”. El imperio
vuelve una vez más, usando la lengua como arma de invasión.
Vemos entonces, que a pesar de haber obtenido nuestra
independencia de la corona española hace casi 200 años, existe
todavía una relación de dominación impuesta por los
colonizadores.
La investigadora tucumana Stella Taboada (2001) intenta
explicar esta situación del siguiente modo:
“Es difícil gestar modelos de independencia
lingüística cuando se mantienen vigentes la dependencia económica,
social, política y cultural, cuando los sectores dominantes de nuestros
países siguen siendo testaferros de los países imperialistas.
Pero más lo es cuando en nuestros países existen Academias
Nacionales (¿nacionales?) que siguen constituyendo empresas subsidiarias
del lobby español. Academias, políticas inscriptas en el sistema
educativo, que responden a intereses hegemónicos y no a las necesidades
de protagonismo plural de las grandes mayorías.”
Cinco siglos de dominación lingüística
no se revierten porque la RAE en los últimos años consulte
a las Academias Nacionales. En el sistema educativo argentino el máximo
referente lingüístico sigue siendo el diccionario de la RAE.
Y por más que le cambien el nombre por Diccionario de la Lengua Española,
no es más que un cambio cosmético. Esto es exactamente
igual a la situación en Santiago del Estero, donde la prohibición
de hablar quechua en la escuela, desde hace décadas que no está
vigente, sin embargo, la prohibición se mantiene de hecho porque
continúa instalada en la conciencia no sólo de los docentes
sino de toda la comunidad.
LA CONTRATARA DE LA MONEDA
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