Lengua propia y exclusión
social:
los dialectos regionales y las lenguas vernáculas
Lelia Inés Albarracín
Jorge Ricardo Alderetes
Asociación Investigadores en Lengua Quechua
Universidad Nacional de Tucumán
adilq@hotmail.com
INTRODUCCIÓN
La opresión cultural, social y económica iniciada con
la conquista española continúa intacta cinco siglos después.
Son múltiples las formas bajo las que se manifiesta. Una de ellas,
tiene que ver con la unidireccionalidad lingüística que en nuestro
país privilegia –de manera excluyente- el desarrollo de la lengua
oficial estándar, debilitando las lenguas vernáculas y desconociendo
las variedades regionales del español, que tienen indudables influencias
de nuestras lenguas ancestrales.
El modelo de exclusión educativa aplicado en el marco del proyecto
impulsado por el neoliberalismo, pretende generar una escuela que represente
valores culturales y lingüísticos que se construyen aislados
de la forma de vida de muchos de los alumnos de este país. En ese
sentido, el poder y la cultura dominante conciben a la escuela como un instrumento
idóneo para la transición hacia la monocultura occidental
y el monolingüismo español, lo cual, obviamente, significará
la desaparición de muchas lenguas y culturas.
En este modelo, la escuela excluye a los que no hablan la lengua oficial
y censura el uso de las variedades regionales, vulnerando el derecho al
uso de la lengua propia. En el Noroeste argentino, numerosas expresiones
llevan a la inmediata corrección por parte del maestro, que no está
preparado para entender que detrás de las mismas, operan complejos
procesos de transferencia lingüística. Y la corrección
no hace más que destruir esos códigos subyacentes.
En este trabajo nos referiremos a algunos aspectos de la reforma educativa,
que resultaron funcionales a esta política de exclusión y
que incidieron negativamente sobre las lenguas vernáculas y los dialectos
regionales, centrando el análisis en las provincias de Santiago del
Estero y Tucumán.
LENGUAS VERNÁCULAS Y DERECHOS COLECTIVOS
Las lenguas y sus modelos discursivos constituyen a la vez el núcleo
organizador y referente simbólico de la identidad étnica,
de allí que la defensa de los derechos lingüísticos constituya
una preocupación central. En el Artículo 41, Sección
V (Cultura), de la Declaración Universal de Derechos Lingüísticos,
se establece que: “Toda comunidad lingüística tiene derecho
a usar su lengua y a mantenerla y potenciarla en todas las expresiones culturales”.
En los Artículos 1 y 3 se efectúan las siguientes precisiones
conceptuales: a) se entiende como comunidad lingüística toda
sociedad humana que, asentada históricamente en un espacio territorial
determinado, reconocido o no, se autoidentifica como pueblo y ha desarrollado
una lengua común como medio de comunicación natural y de cohesión
cultural entre sus miembros; b) se considera como derechos personales inalienables,
ejercibles en cualquier situación, “el derecho al uso de la lengua
en privado y en público”.
Esta última precisión, es decir, el derecho individual
al uso de la lengua propia en ámbitos privados y públicos oficiales,
implica la educación a través de ella y el aprendizaje de
la lengua nacional. Sin embargo, para preservar las lenguas y culturas indígenas,
no basta con asegurar la transmisión familiar y el acceso individual
a las instituciones. Como señala Hamel (2001): "Sólo
el reconocimiento de los derechos colectivos de un pueblo a crear y controlar
sus instituciones educativas, a extender sus lenguas y sistemas normativos
a los ámbitos de prestigio y poder, la administración pública,
justicia, medios de comunicación y educación en sus territorios,
podrá satisfacer las necesidades colectivas de reproducción
cultural, como expresión de su autonomía lingüística
y educativa".
En los proyectos educativos gubernamentales de la
última década, para las comunidades que hablan lenguas vernáculas,
estos derechos colectivos no han sido contemplados. El énfasis puesto
en lo individual y no en lo colectivo, es funcional al proyecto neoliberal
para excluir a sectores populares del acceso equitativo a los bienes de
la sociedad nacional.
Si bien la Ley Federal de Educación Nº 24195/93 en su Art.5º
reconoce el derecho de las comunidades aborígenes a preservar sus
pautas culturales y el aprendizaje y enseñanza de su lengua, en muchas
de las escuelas en donde se han implementado experiencias de Educación
Intercultural Bilingüe (EIB), salvo la materia Lengua, tanto la lecto-escritura
como las demás materias se efectúa en español, usando
la lengua vernácula como vehículo de instrucción subordinado
al propósito de alcanzar el dominio de la lengua nacional. La regionalización
de los contenidos (Albarracín, Alderetes 2003a), cuando quedó
en manos de funcionarios provinciales ignorantes y desinteresados por la
temática, contribuyó más a la asimilación y pérdida
de las lenguas y culturas aborígenes que a su preservación
y desarrollo. El laberinto burocrático creado permite a las autoridades
nacionales delegar responsabilidades a las autoridades provinciales, las
que a su vez aluden que la Nación no ha dado pautas en tal o cual sentido,
para justificar el no hacerse cargo de la situación de las lenguas
vernáculas en el sistema educativo
Son excepcionales los casos en que las comunidades han logrado que sus
docentes organicen su propio proyecto educativo, basado en la lengua propia
como núcleo de la alfabetización y las demás materias,
incluyendo el español como segunda lengua.
El caso del dialecto quechua de Santiago del Estero es aún más
crítico, ya que en todo el territorio quechuahablante sólo
hay una única escuela que cuenta con un maestro que imparte rudimentos
de la lengua vernácula un par de horas en la semana. Nunca se planteó
un proyecto de alfabetización en lengua materna y el concepto de
EIB es desconocido. Todas las iniciativas, incluyendo las de la Universidad
Nacional de Santiago del Estero, se han caracterizado por su orientación
asimilacionista y por una visión hispánica de la lengua quechua
(Albarracín, Alderetes 2003b). La exclusión de la comunidad
quechuahablante y la toma de decisiones en su nombre, como por ejemplo la
imposición de un sistema de escritura arcaico por medio de una ley
provincial, impide que sean los propios hablantes quienes tengan el control
real sobre su educación.
En nuestro país, los conceptos asociados a la EIB fueron introducidos
tardíamente a través de diversas leyes y decretos. Entre ellos
cabe mencionar a la Resolución CFCyE 63/97 y su Anexo, el Anexo
I de la Resolución Nº 66/97, conocido como Documento A-15
“Acuerdo Marco para la Enseñanza de Lenguas” y especialmente la Resolución
107/99 CFCyC del Consejo Federal de Cultura y Educación, por la
que se aprueba las pautas orientadoras para la educación intercultural
bilingüe que se detallan en el Anexo I y se crea el cargo de Profesor
Intercultural Bilingüe.
Sin embargo, todo este bagaje jurídico no es suficiente. Es necesario
establecer el marco legal para una autonomía lingüística
y educativa, base para la reconstrucción de una educación
realmente bilingüe e intercultural desde las comunidades mismas. Sin
una reforma a fondo en esta dirección no habrá una educación
adecuada ni de calidad para nuestras comunidades aborígenes.
LOS DIALECTOS REGIONALES
Paradójicamente, el español, lengua dominante y hegemónica
en nuestro país, que guarda relaciones de contacto y conflicto con
las lenguas aborígenes, según las regiones, presenta diversas
modalidades que son discriminadas al igual que las lenguas vernáculas.
Así como la defensa de los derechos lingüísticos
de las comunidades aborígenes, es parte de la lucha por la plena
vigencia de los derechos humanos y por la preservación de nuestro
patrimonio cultural, consideramos importante incluir desde esta misma perspectiva,
la defensa del derecho de la mayoría de los pobladores del Noroeste
Argentino, al uso de la propia lengua, esto es, del dialecto español
que se habla en la región, y que es notoriamente diferente del denominado
español estándar.
Respecto del español dialectal del Noroeste Argentino, no hay
unanimidad de criterios entre los lingüistas de considerarlo como parte
integrante del español andino, pero no cabe duda que conforma una
variedad que difiere claramente de otras áreas lingüísticas
de Argentina. Al respecto Germán de Granda (en Fernández
Lávaque et al. 1998: 7) dice: “Con muy escasas excepciones
(entre las que destaca la representada, sobre todo, por las monografías
de Ricardo Nardi) los especialistas que han abordado hasta hace muy poco
tiempo la tarea de describir y analizar el castellano utilizado en esa zona
han fijado su atención, de modo prácticamente exclusivo, en
los rasgos caracterizadores de matriz hispánica (sobre todo arcaísmos)
que están presentes en el área y la diferencian marcadamente
de la variedad lingüística rioplatense, hegemónica en
la República Argentina, y han prescindido, por lo general, de considerar
adecuadamente los fenómenos de toda índole (en especial gramaticales
y fónicos) que, originados en una situación multisecular de
contacto con la lengua quechua, han dado lugar en dicha modalidad de español,
a una gran cantidad de rasgos diferenciales que sólo pueden explicarse
correctamente dentro de esta última perspectiva metodológica.
Dicho enfoque, obviamente parcial y por ello inadecuado, es el que ha dado
lugar, entre otras indeseables consecuencias, a que, tanto en la división
dialectal del español americano propuesta por Pedro Henríquez
Ureña como en la adoptada por José Pedro Rona, la modalidad
de castellano empleada en el noroeste argentino no haya sido incluida en el
área lingüística andina sino en otras zonas dialectales
de diseño claramente erróneo y defectuoso”.
Obviamente, para el análisis del español de esta área
lingüística resulta de gran importancia el conocimiento del
quechua; sin embargo, el estudio de dicha lengua no forma parte de la currícula
formal de las carreras pertinentes ni constituye objeto de investigación
en las Universidades. Los escasos estudios realizados en la provincia de
Tucumán acerca de las influencias de la lengua quechua en la configuración
de las modalidades del español regional, en su mayoría han
estado orientados a negar o minimizar dicha influencia y a considerar las
manifestaciones del dialecto local como meras desviaciones o ‘corrupciones’
del español académico normativo en boca de bilingües de
extracción quechua.
No debe extrañar, en consecuencia, que en los niveles educativos
oficiales se actúe como si la lengua fuese homogénea en todo
el territorio nacional. Así, la escuela censura el uso de la variedad
regional y estigmatiza a quienes no hablan “bien” la lengua oficial, vulnerando
de este modo el derecho al uso de la lengua propia. En el Noroeste argentino,
numerosas expresiones usuales llevan a la inmediata corrección por
parte del maestro, que no está preparado para entender que detrás
de las mismas, operan complejos procesos de transferencia lingüística.
Cuando corrige está arrasando con un código cuya presencia
ni siquiera sospecha.
A título de ejemplo, reproducimos dos testimonios representativos
del modo de habla en la región. En primer término, un
fragmento del relato de un niño de 12 años de edad ,
residente en el departamento Figueroa, en la Provincia de Santiago del Estero:
“Dice que una vuelta, un hombre vivía, atendía muy muchos chanchos, de todo; todo atendía y de ahí dice que se había ido a una provincia a buscar trabajo. Dice que...y él antes dice que ya estaba dado por su abuelo y por su abuela al diablo ya, él estaba dado ya. Dizque había ido y se había hecho grande, grande. De ahí dice que había ido a trabajar y de ahí dizque había estado así lao de un puente y subían al puente y dicen que había venido una olada así ¿qué no?. Dice que a él lo había llevado envuelto bien con el agua, una olada dice que lo había llevado y de ahí dicen que escuchaban una olada, una olada le había llevado para dentro y dice que se había ido, se había ido nomás y de ahí que ya no....ha desaparecido ya. Porque el hombre, la abuela ya lo había dado ya, el diablo le había dicho que al que le encuentre primero que él le iba a dar el pez y siempre al hombre lo había sabido encontrar el perrito, bueno le había dicho y le ha encontrado el hijo y de ahí le había dado la abuela”.
Nótese que la reiteración de las frases
“dice que”, “dizque”, “dicen que”, haría pensar a cualquier maestro
que este niño construye su relato de manera confusa; sin embargo,
él no hace más que utilizar recursos pragmático-discursivos
propios de la región y que son característicos del habla del
bilingüe. Ciertos mecanismos discursivos del quechua se relacionan
con el tratamiento de la información por parte del hablante según
que éste la considere nueva, conocida o relevante para el oyente;
también tienen que ver con la evaluación que realiza el hablante
de la validez de la información que transmite, así como con
la relación que establece el hablante entre sí mismo y el oyente.
El uso del reportativo de segunda mano –si y del pasado narrativo –sqa
(inexistente en español) (Albarracín, Alderetes, Tebes 2002),
generan en las traducciones de los bilingües, frases similares a las
utilizadas por el niño de este relato. No nos interesa efectuar
aquí un análisis desde la perspectiva de la lingüística
de contacto, remitimos para ello a los estudios de Anna María Escobar
(2000), Germán de Granda (2001) y R.Cerrón-Palomino (2002),
pero sí nos importa señalar el derecho de este niño a
utilizar “su” español.
El otro ejemplo fue tomado en una escuela secundaria de manualidades,
ubicada en pleno centro de San Miguel de Tucumán, a la que concurren
jóvenes provenientes de barrios de la periferia. A través
de la ventana de un aula, dos profesoras de Lengua observan la clase de
cocina y escuchan el siguiente diálogo entre la docente y las alumnas:
Docente: - Marita, ilo poniendo al agua hasta que terminés de hacer la masa.
Marita (dirigiéndose a otra alumna): -¡Che, Teresita, ime poniendo el agua!
Teresita: -Estoy ocupada.
Docente: -Teresita, ite poniendo el agua y no discutás.
Una de las profesoras que observan la escena exclama: -¡Cómo no querés que sean brutas si la profesora habla como ellas!
En la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad Nacional de Tucumán, a los alumnos de las diferentes
carreras se les explica que la forma ite tiene dos interpretaciones posibles:
la primera, que sería una construcción análoga sobre
el modelo de “vete”, y la segunda, rayana en lo ridículo, que proviene
de la fórmula en latín “Ite, missa est” -“Idos, se acabó
la misa”- que se utilizaba cuando las misas eran celebradas en dicho idioma.
Obviamente, para ime e ilo no hay ninguna explicación. Sin embargo,
estos supuestos errores tienen una lógica irrefutable: ilo
se utiliza para indicar que la acción puede realizarse simultáneamente
con otra, ime se utiliza para indicar que la acción es
ejecutada por otra persona en beneficio del sujeto y finalmente, ite se usa
como imperativo.
En consecuencia, el uso de “ite” no es un error casual
y esporádico; junto a “ime” e “ilo” forma parte de un sistema cuya
extirpación procura vanamente el maestro. Los usos tan particulares
de estos clíticos al parecer resultan inaudibles para los oídos
de nuestros lingüistas a pesar de que en las casas y en las calles
se los escucha a toda hora. Es sugestivo que estas formas se encuentren
predominantemente en la zona de sustrato quechua, pero, hasta donde conocemos,
no se ha indagado sobre su posible vinculación con los fenómenos
de lenguas en contacto que se produjeron en esta región durante varios
siglos.
CONCLUSIONES
La preservación de las lenguas y culturas indígenas,
depende en gran medida del reconocimiento de los derechos colectivos de
las comunidades a crear y controlar sus instituciones educativas. Si bien
es deber del Estado apoyar estas iniciativas, sólo la lucha constante
de las comunidades logrará romper las barreras burocráticas
y desmontar el andamiaje del falso discurso pluri-multi que ha caracterizado
las políticas educativas de los últimos años. Cualquier
política del lenguaje que no coloque en el centro de su quehacer los
repertorios discursivos y modelos culturales de los sujetos y destinatarios
de dichas políticas, estará destinada a fracasar. De
allí que también resulta de importancia, el respeto por los
dialectos regionales. El Noroeste Argentino es una región que se caracteriza
por el uso de un dialecto que difiere considerablemente del español
estándar. La secular presencia de la lengua quechua, entre otras lenguas
aborígenes, ha dado lugar a complejos procesos de transferencia lingüística
que no han sido suficientemente investigados, pero cuyo desarrollo ha dejado
huellas en este dialecto regional del español, demasiado visibles
para ignorarlas. El sistema educativo, en lugar de ignorar estas características,
debería capacitar a los docentes para enseñar la lengua nacional
con estrategias similares a las utilizadas para una segunda lengua, respetando
el dialecto local, sin estigmatizarlo. De este modo, respetando tanto las
lenguas vernáculas como los dialectos regionales, anularíamos
una de las principales fuentes de discriminación en las aulas.
REFERENCIAS
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. En: Actas del Coloquio Nacional “A diez años de la Ley Federal
¿Mejor educación para todos?”. Universidad Nacional de Córdoba.
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ALBARRACÍN Lelia Inés, TEBES Mario Cayetano, ALDERETES
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