El Respeto a la Diversidad:
Un factor en la conservación
de las lenguas minoritarias
Prof. Lelia Inés Albarracín
Asociación Investigadores en Lengua Quechua
adilq@hotmail.com
INTRODUCCIÓN
En el año 2001, en ocasión de la realización del
II Congreso Internacional de Educación en Santa Fe, hacíamos
alusión al estado crítico de las lenguas minoritarias en Argentina,
con particular referencia a la lengua quichua de Santiago del Estero.
Han pasado dos años y nada ha cambiado. O quizás sí,
la situación es cada vez más crítica, sobre todo en
la relación de estas lenguas con el sistema educativo.
Para muchos hermanos argentinos, sentir que su lengua va siendo relegada
cada vez más, representa una situación de violencia, generada
por la inequidad socio-económico-cultural.
En este trabajo analizaremos el respeto a la diversidad como un factor
en la conservación de las lenguas minoritarias y las consecuencias
que acarrea para las mismas la desigualdad a la que son sometidas.
LOS NÚMEROS SILENCIADOS
El último censo nacional de población y vivienda había
despertado expectativas entre quienes se ocupan de las lenguas y culturas
minoritarias. Precisamente en esta Universidad, durante el II Congreso Internacional
de Educación, un disertante hizo referencia a los afiches gubernamentales
con rostros de niños indígenas, cuya sugestiva leyenda “Bienvenidos
al censo” presagiaba un nuevo caso de discriminación. Y así
fue. El censo ignoró la lengua materna de los entrevistados y así
se perdió una oportunidad histórica de conocer la cantidad
de argentinos que no hablan la lengua oficial. Como se recordará,
la segunda pregunta de la cédula censal interrogaba por la pertenencia
a 17 etnias posibles y ninguna de ellas incluía a los quichuahablantes
de Santiago del Estero.
Organizaciones indígenas habían denunciado, en un documento
que fue escasamente difundido en nuestro país, que no habían
sido consultados para la organización del censo y que estaban condenados
a ser los ‘nuevos desaparecidos de Argentina’. Esta sistemática exclusión
de las lenguas y culturas amerindias, en los censos nacionales, ha motivado
que algunos autores la califiquen de ‘etnocidio estadístico’ (Stavenhagen,
2001).
La falta de cifras censales creíbles, entre otros aspectos, dificulta
la planificación de acciones que tiendan al rescate y preservación
de las lenguas aborígenes. Hablamos de preservación de las
lenguas aborígenes por la amenaza que corren muchas de ellas de desaparecer
y con ellas, culturas ancestrales. Una situación que se ve agravada
por la falta de atención a la diversidad.
EL DISCURSO DE LA LENGUA ÚNICA
Estamos asistiendo en los últimos años a un discurso que
nos habla de la importancia del aprendizaje de una única lengua internacional,
a la que se proclama como “la” lengua de comunicación. Sin tener
en cuenta que obviamente todas las lenguas son lenguas de comunicación
aún cuando sólo sean habladas por 25 personas como es el caso
del séneca, una lengua hablada en Canadá.
Factores de predominio demográfico, militar, cultural, político,
económico, religioso o social han logrado la imposición de
una lengua sobre otras.
“Una lengua no se convierte en lengua global a causa de sus propiedades
estructurales intrínsecas, o a causa del tamaño de su vocabulario,
o a causa de haber sido el vehículo de una gran literatura en el
pasado, o a causa de haber estado asociada en el pasado con una gran cultura
o religión. Una lengua se convierte en internacional por una razón
fundamental el poder político de su gente, especialmente su poder
militar”. (Moreno Cabrera, 2000).
Todos los días escuchamos que en el futuro habrá una sola
lengua y una sola cultura, es lo que llamamos “la globalización”.
Parece que no se tiene en cuenta que, como dice Jean Louis Calvet (2001):
“ hay en el mundo alrededor de 7000 lenguas diferentes” y agrega “no existen
países monolingües”.
“Los movimientos culturales son luchas para el reconocimiento social
y constitucional del derecho a la diferencia, es decir, la identidad
sobre la diversidad; cuando esto no es posible, se llega a la desobediencia
civil y a diversas formas de violencia” (Hoyos Vásquez, 2001).
En términos generales, los funcionarios provinciales del área
educativa, restringen el concepto de diversidad a las necesidades educativas
especiales, a las diferencias sociales y de género, y para ellos,
atender a la diversidad es dar respuesta sólo a las diversidades individuales.
Es decir, desde el poder se define la diferencia y se individualiza al
diferente. Este mensaje se traslada a los docentes quienes no están
capacitados para detectar y para atender otras diversidades que están
presentes en el aula, como las originadas en factores étnicos, lingüísticos
y culturales. Las diversidades no se deben únicamente a la presencia
de comunidades aborígenes en algunas regiones, sino también
a la presencia de culturas silenciadas no necesariamente aborígenes,
como es el caso de los grupos de quichuahablantes y guaraníhablantes,
y a las comunidades de inmigrantes, muchas de ellas portadoras de culturas
diferentes de la mayoritaria. Son diversidades colectivas para cuya
atención nuestro sistema educativo no tiene respuestas.
ESCUELA E IDENTIDAD CULTURAL
Si observamos el curriculum escolar vigente en nuestro país,
podremos ver que al privilegio de la lengua española y la cultura
occidental sobre las lenguas indígenas, se suma la preferencia por
la enseñanza del idioma inglés por sobre todas las otras
lenguas. Las políticas educativas acompañan entonces el fenómeno
cultural de la globalización, sin tener en cuenta el enriquecimiento
que la diversidad supone. Dice Hoyos Vásquez (2001): “Cuando se
identifica globalización y neoliberalismo, se le reprocha el hecho
de que no solamente los Estados nacionales se esfumarán, sino también
que bajo su economicismo devastador, se borrarán las diferencias
culturales y por lo tanto los polos de identidad, el sentido de solidaridad
de las comunidades y aún ciertos aspectos ético-políticos
de las sociedades modernas”.
Es tal la situación de marginación que sufren las lenguas
indígenas en Argentina, que son más las acciones sin realizar
las que podemos señalar, que las acciones en favor de su conservación.
Tratándose de un círculo, es muy difícil encontrar
la punta, pero como la responsabilidad mayor es de quienes ostentan el
poder, comencemos por la responsabilidad política en la cuestión.
La reforma introducida a fines del siglo XX en el sistema educativo,
con el argumento de la ‘regionalización’ de los contenidos, dejó
el destino de las lenguas vernáculas en manos de burócratas
provinciales, sin recursos y sin idoneidad profesional.
Ni el Estado nacional ni los Estados provinciales se hacen cargo de
la enseñanza de las lenguas aborígenes. Por lo tanto, los
docentes no reciben ninguna preparación en tal sentido. “Por lo
demás, en su formación rara vez discutieron conceptos como
los de intolerancia, xenofobia y racismo, opresión cultural y homogeneización
lingüístico- cultural, ni consideraron como tema de análisis,
por ejemplo el rol de la escuela en la construcción de la autoestima
y de la identidad, la diversidad socio cultural ni el papel que tales aspectos
tiene en la construcción de los aprendizajes de los educandos” (López,
1997).
Pero además, los formadores de docentes, es decir los docentes
universitarios y terciarios, no muestran interés por incursionar
en el estudio de las lenguas y culturas aborígenes. María
Luisa Jáuregui (2002: 24) dice a propósito: “Un asunto que
a todos preocupa es que el número de pedagogos dedicados a la educación
de la población indígena es muy pequeño. Los avances
logrados se deben más a la incursión de lingüistas y
antropólogos en la pedagogía que a la atención prestada
por pedagogos y maestros a la educación de las poblaciones indígenas”.
Esto en el mejor de los casos, pues hay que reconocer que en muchas universidades
se privilegia todavía el estudio de las lenguas y culturas clásicas.
Esta ausencia de estudios en la materia lleva obviamente a que haya
cuestiones sin resolver, por un lado la falta de una unificación
escrituraria en lenguas que han sido de transmisión oral y por otro
lado, la ausencia de textos destinados a la enseñanza intercultural
bilingüe y la formación de docentes. “En el paso de una tradición
oral al mundo de la escritura, una medida de fundamental importancia resulta
ser la unificación del sistema de escritura para las variedades de
una misma lengua indígena. Así será posible la comunicación
escrita, la publicación de periódicos, la elaboración
de materiales didácticos y la producción literaria de acuerdo
a criterios unificados y compartidos por todos los hablantes de la lengua”
(Montaluisa Chasiquiza, 1989: 19).
Teniendo en cuenta que las lenguas aborígenes, entre ellas la
lengua quichua hablada en la provincia de Santiago del Estero, están
confinadas a dominios de uso informal, especialmente entre la familia y
los amigos (Maurais, 1992) habría que otorgarles al menos un dominio
de prestigio si queremos asegurar su mantenimiento y conservación
y en esa perspectiva la escritura es ciertamente un factor de prestigio.
LA INTERRUPCIÓN DE LA TRANSMISIÓN
Se dice que una lengua se considera en vías de extinción
cuando es hablada por menos del 30 % de la población infantil. De
acuerdo a datos aportados por Maurais (1992) se cree que más de 300
lenguas de América corren el riesgo de desaparecer.
El desprestigio que supone hablar una lengua amerindia lleva a que muchos
padres decidan no transmitir la lengua a sus hijos. La interrupción
de la transmisión intergeneracional es la principal causa de extinción
de una lengua, frágiles objetos de transmisión oral.
Hace algunos años, por hablar una lengua que no es la oficial,
se podía ser objeto de castigos físicos, una experiencia
que muchos adultos no quieren para sus niños.
En el caso de Santiago del Estero, existe temor en los padres
de que sus hijos sean segregados en la escuela, de allí que sean
los propios padres quienes recomienden a los niños no hablar en
quichua en el ámbito escolar. Sin embargo, ante las reiteradas preguntas
del maestro, el obstinado silencio termina por delatar al niño quichuista.
Segregación, silencio, prohibición son elementos de una
particular ecuación que sólo puede ser producto del autoritarismo
y donde el factor violencia no siempre es percibido, porque no es la cultura
dominante la que sufre.
UN BALANCE DOS AÑOS DESPUÉS
En nuestra ponencia presentada en la segunda edición de este
Congreso Internacional de Educación (Albarracín, 2001), detallamos
algunas de las actividades que se estaban realizando desde ADILQ (Asociación
de Investigadores en Lengua Quechua) e hicimos mención al desinterés
de las autoridades educacionales para instrumentar proyectos de educación
intercultural bilingüe y las dificultades económicas para sostener
tareas de investigación. Obviamente, estos factores negativos se
han incrementado en concordancia con la situación económica
general del país y los escasos recursos asignados a educación.
A pesar de ello, se ha logrado sostener los trabajos de investigación,
cuyos resultados han sido comunicados en numerosos congresos y publicaciones.
En particular, cabe mencionar la publicación de dos libros con estudios
descriptivos (Alderetes 2001, Albarracín et.al. 2002), que vienen
a llenar un claro vacío en la lingüística regional. Además,
se ha actualizado el proyecto de Lingüística Quechua en la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán
(UNT) con dos módulos anuales que han generado una atractiva concurrencia
de alumnos.
La posibilidad de coordinar actividades con otras universidades, abre
nuevas perspectivas para nuestro proyecto de formación de recursos
humanos, con la mirada puesta en un objetivo de largo aliento cual es la
formación de maestros y profesores bilingües.
La reflexión de la comunidad educativa acerca de los resultados
de la reforma educativa, a diez años de la implementación
de la Ley Federal, permiten visualizar el advenimiento de un período
de revisión crítica y la posibilidad de producir cambios en
favor de las lenguas aborígenes.
CONCLUSIONES
Hay un trabajo a realizar es decir, volcar la mirada hacia la situación
actual de las lenguas y culturas minoritarias para lograr el espacio que
merecen en una sociedad que debe reconocerse multilingüe.
Sin embargo esta tarea significa lograr una actitud integradora y no
una mera ‘tolerancia’ por la cultura de los demás. Significa lograr
un respeto y no una actitud piadosa. Significa trabajar por el derecho a
la igualdad y no una actitud de generosidad.
Nada justifica la indiferencia reinante por las culturas minoritarias
o quizás sí, quebrar la pluralidad cultural que tanto asusta
al poder. Tal vez por eso, la muerte y agonía de muchas lenguas están
siendo silenciadas.
No es el plurilingüismo la causa de conflictos sino el necesario
equilibrio para librarnos de tendencias etnocéntricas que sólo
logran nuevas formas de opresión.
BILBIOGRAFÍA
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