Lenguas Vernáculas y Políticas Educativas
Lelia Inés Albarracín
Jorge Ricardo Alderetes
Asociación Investigadores en Lengua Quechua
adilq@hotmail.com
INTRODUCCIÓN
Hace algunos años una especialista en Educación
Intercultural Bilingüe utilizaba una metáfora para referirse
a la concepción educativa dominante en varios países de Latinoamérica.
Ella decía que se asemejan a un molde, hecho a medida, en realidad
para nadie. Cada cual que no entra en el vestido prefabricado se convierte
en un problema para el sastre, que no ha aprendido que los buenos vestidos
se hacen a medida. Las consecuencias son inevitables: más se
diferencian los clientes, menos les cabe el vestido único. Considerando
la situación bajo este ángulo, el problema no es la diversidad
de los usuarios del sistema educativo, sino la incapacidad de éste
para responder a las necesidades específicas, para permitir el crecimiento
de los niños y de sus sociedades. (López 1997: 3).
La República Argentina no es la excepción: de nuestro
sistema educativo han sido marginados sistemáticamente aquellos
ciudadanos que hablan una lengua que no es la oficial, particularmente
los hablantes de lenguas amerindias.
En este trabajo abordaremos la situación sociolingüística
actual de la lengua quechua y cómo se articula con las políticas
educativas implementadas en el último medio siglo. Además
de analizar las actitudes frente al idioma de funcionarios e intelectuales
en relación a esta lengua vernácula, iremos fundamentando la
necesidad de su enseñanza, no sólo en las zonas quechuahablantes
sino también en aquellas regiones donde ya se ha extinguido.
EL QUECHUA Y LAS POLÍTICAS EDUCATIVAS DURANTE EL SIGLO XX
El centralismo que caracterizó a nuestro país
desde su nacimiento, continuó reflejándose durante el siglo
XX, tanto en las estructuras de los planes educativos como en su implementación.
A título de ejemplo, basta recordar que cuando las comunidades educativas
recibían libros para el equipamiento de las bibliotecas, se encontraban
con que los textos eran idénticos para todas las escuelas del país,
no importaba si fueran urbanas o de campaña, de una zona céntrica
o marginal, del norte o del sur. La política homogeneizante implementada
estaba clara. Las diferencias regionales no interesaban, ni la situación
social y ni siquiera el acervo cultural.
Los gobiernos provinciales jamás se atrevieron a cuestionar esta
postura centralista del gobierno nacional, mucho menos a defender lo regional.
Se limitaron a recibir, distribuir y organizar, pero no a crear y elaborar
propuestas.
Transitando los primeros años del siglo XXI, resulta incomprensible
que aún haya que golpear puertas de funcionarios u organismos estatales
para que se interioricen acerca de la necesidad de la enseñanza y
aprendizaje de las lenguas vernáculas. Las políticas
educativas centralistas y homogeneizadoras han sido mortales para las mismas.
Si en el siglo pasado no tenían un espacio en la escuela, hoy tampoco
lo tienen, como es el caso de la lengua quechua, prohibida en las escuelas
en las primeras décadas del siglo XX, por disposición de las
autoridades educativas.
EL QUECHUA EN ARGENTINA
El quechua es la lengua aborigen con mayor número de hablantes
en todo el continente americano. Se calcula una población superior
a 10 millones de hablantes. En nuestro país se hablan por lo menos
dos variedades dialectales claramente diferenciables. Una de ellas tiene
su mayor concentración de hablantes en la provincia de Santiago del
Estero, con aproximadamente 160.000 quechuahablantes, y un número
similar distribuido por todo el país. A pesar de que la lengua
se conserva en catorce departamentos de esa provincia (Alderetes 2001: 28)
, no existen programas oficiales de enseñanza intercultural bilingüe.
La otra variedad comprende a los hablantes del dialecto cuzqueño-boliviano,
en su mayoría inmigrantes, pero con núcleos poblacionales en
diferentes puntos del país de significativa importancia (Albarracín
et.al. 2002: 18). Sólo para Buenos Aires se señalan estimaciones
de alrededor de medio millón de quechuahablantes (Burke: 1995).
Para esta otra variedad dialectal, en materia de enseñanza se tiene
referencias de sólo una experiencia reciente en una escuela del
Gran Buenos Aires.
En su obra “Shunko”, Jorge W. Ábalos (1949) nos dejó una
visión edulcorada de aquellos años. Los quechuahablantes conocieron
en carne propia los castigos físicos y la discriminación por
no hablar la lengua oficial y por ello hoy no quieren esas experiencias
para sus hijos. Esta es una de las causas del actual proceso de interrupción
intergeneracional en la transmisión de la lengua. De ahí a
la extinción de la misma, hay apenas un paso.
Durante los años ’80 se hicieron algunos ensayos de enseñanza
del quechua en su zona de influencia en Santiago del Estero. Sin embargo,
se trató de experiencias aisladas que fueron llevadas a cabo por
entusiastas docentes sin el apoyo científico necesario y con una visión
folklórica de la lengua.
Aunque para ese entonces los estudios lingüísticos del quechua
habían adquirido un notable nivel científico y se consolidaban
como una importante rama de la lingüística andina, las universidades
argentinas ignoraron estos avances en una muestra más de discriminación.
Si la lengua aún hoy no constituye un objeto de estudio a nivel universitario,
es porque su imagen estuvo siempre ligada a la situación de pobreza
de quienes la hablan, y porque los prejuicios lingüísticos llevan
a creer que hay lenguas más cultas que otras.
Existe entonces un círculo que no se rompe,
con ausencias de investigación a nivel universitario, por consiguiente
falta de capacitación a los docentes cuyo accionar se reduce a la
prohibición de la lengua en el aula, es decir a la destrucción
de un código, que la comunidad ha venido conservando durante siglos.
De esta manera se explica el abandono escolar, la repitencia o el analfabetismo.
A punto de finalizar el siglo XX, la Declaración la Declaración
Universal de los Derechos Lingüísticos (DUDL), en su artículo
30 expresaba: “La lengua y cultura de cada comunidad lingüística
deben ser objeto de estudio y de investigación a nivel universitario”.
Recomendación que en nuestro país aún sigue siendo
una mera expresión de anhelo.
LAS POLÍTICAS EDUCATIVAS ACTUALES
Como simple muestra baste señalar que, en la actualidad,
se enseña quechua en una sola escuela de la provincia de Santiago
del Estero, en el departamento Figueroa. Los niños reciben una hora
de clase semanal, pero no son alfabetizados en su lengua materna, contrariamente
a lo recomendado por el artículo 29 de la Declaración antes
mencionada: “Toda persona tiene derecho a recibir la educación en
la lengua propia del territorio donde reside” y a pesar que la Ley Federal
de Educación en su artículo 5 establece: “El derecho de las
comunidades aborígenes a preservar sus pautas culturales y el aprendizaje
y enseñanza de su lengua, dando lugar a la participación de
sus mayores en el proceso de enseñanza”. Vemos claramente entonces
que el derecho a ser alfabetizados en lengua materna, es un privilegio del
que gozan sólo quienes hablan la lengua dominante.
Los funcionarios consultados a nivel nacional refieren
que es decisión de cada distrito la enseñanza de las lenguas
vernáculas, en tanto los funcionarios provinciales aducen que no
reciben directivas desde la Nación. Mientras las responsabilidades
se desplazan de uno hacia el otro, nuestras lenguas vernáculas como
otro cientos de lenguas en el mundo, agonizan. “Las lenguas vernáculas
que no logran establecerse como medios de expresión y comunicación
escritas están condenadas a desaparecer debido a la imposición
de la lengua dominante en la escuela y demás instituciones cuyo medio
de trabajo es la escritura” (Jung 1992: 282).
La reforma introducida a fines del siglo XX
en el sistema educativo, con el argumento de la “regionalización”
de los contenidos, dejó el destino de las lenguas vernáculas
en manos de burócratas provinciales, sin recursos y sin idoneidad
profesional. Estos se limitaron a aplicar la letra fría de las
disposiciones y dejaron fuera del sistema educativo a todo aquello que, a
su criterio, no estaba explícitamente mencionado en la documentación
que provenía del poder central.
Esto explica porqué, a pesar de existir programas de acciones
compensatorias para escuelas aborígenes, algunas provincias como
Santiago del Estero, Tucumán y Jujuy, quedaron fuera de estos programas.
Y es que la situación del quechua en Argentina plantea cuestiones
interesantes dignas de estudio. Por un lado, hay comunidades quechuahablantes
que reivindican su condición de indígenas y por el otro, hay
comunidades criollas que no se autorreconocen como pertenecientes a alguna
etnia aborigen pero que hablan esta lengua vernácula.
Ambos tipos de comunidades sufren una doble exclusión, en un
caso, por ser pobres y por su origen étnico, en el otro igualmente
por ser pobres y a la vez portadores de una cultura diferente a la de la
sociedad dominante. Sin embargo, las comunidades criollas quechuahablantes
sufren una discriminación adicional al quedar marginadas de planes
y acciones gubernamentales que parecen presuponer que lengua aborigen y etnia
son términos intercambiables. En este último caso se inscribe
la comunidad quechuahablante de Santiago del Estero.
Ante lo complejo de la relación entre las cuestiones de interculturalidad,
etnicidad, identidad y política lingüística y educativa,
los funcionarios locales optaron por el camino más corto: negar
la existencia de hablantes de lenguas aborígenes.
Frente a este panorama, no debe sorprender entonces
la carencia de proyectos de normalización lingüística
tendientes a alcanzar la unificación escrituraria a nivel panandino.
Los sistemas de escritura utilizados en las experiencias realizadas demuestran
una visión hispanista de la lengua, es decir, otra forma de desvalorización,
donde el mensaje es que la lengua dominada debe parecerse a la lengua
dominante. Por ello, en Santiago del Estero se encuentra en plena vigencia
una ley provincial que obliga al uso de un alfabeto quechua cuyos orígenes
se remontan a fines del siglo XIX.
DIVERSIDAD CULTURAL Y ALGO MÁS
La diversidad no tan sólo está reflejada por el hecho
de que haya ciudadanos que tengan una lengua materna que no es la oficial,
sino también por que hay variedades de la lengua dominante, que tampoco
son tenidas en cuenta en el ámbito educativo. Dice Jesús Tusón
(1997: 90) que “el estándar no es la lengua, claro está:
es una variedad más que habrá sido privilegiada por razones
extralingüísticas”.
En Santiago del Estero y en las provincias del Noroeste Argentino, como
consecuencia del fenómeno de lenguas en contacto, se registra una
variedad del español, con innegables influencias de la lengua quechua.
También aquí la institución educativa es uniformizadora
y cuando el maestro corrige lo que él considera un error, contribuye
a la extinción de ese otro código subyacente que lucha por
sobrevivir.
Analicemos, entonces las consecuencias de una falta
de políticas educativas que tengan en cuenta la diversidad en que
se presentan las lenguas. Por un lado, la exclusión del sistema educativo
de aquellos que no hablan la lengua oficial. Por otro lado la extinción
de lenguas que han sobrevivido durante siglos gracias a la transmisión
oral que hacen sus hablantes, de padres a hijos. Además, la destrucción
de las variedades dialectales que la lengua dominante presenta en las diferentes
regiones.
Pero no sólo la cultura dominada pierde, sino también
quienes no son capaces de ver en las culturas ancestrales una visión
diferente del mundo, o quienes no son capaces de oír en las palabras
indígenas las voces de sus antepasados.
CONCLUSIONES
Las políticas educativas implementadas han privilegiado siempre
los valores de la cultura occidental y las lenguas y culturas aborígenes
han permanecido al margen de los programas oficiales.
La difusión y enseñanza de las lenguas vernáculas
supone un trabajo extra para quien se decida a emprenderlo, debido sobre
todo a la falta de textos, la ausencia de metodologías, el desinterés
de los organismos oficiales y su escaso o nulo apoyo.
Es así como muchas actividades se reducen a una visión
folklórica de las lenguas minoritarias y sus hablantes son considerados
seres pintorescos, ignorando la problemática que los aqueja, es decir
la marginación permanente a la que son sometidos por ser portadores
de una lengua y cultura que no es la oficial. Esta situación lleva
consecuentemente a un abandono progresivo de la lengua y de ahí a
la extinción de la misma, sólo hay un corto trecho.
Por los medios de comunicación hemos venido observando cómo
una potencia imperialista, con su maquinaria de guerra, agrede y destruye
una cultura milenaria. Tal vez las acciones de las políticas educativas
no sean tan violentas, pero habrá que preguntarnos si acaso las consecuencias
no son las mismas.
BIBLIOGRAFIA
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Tucumán, 1949.
ALBARRACÍN Lelia, TEBES Mario, ALDERETES Jorge (Compiladores)
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http://www.soc.uu.se/mapuche/indgen/Indarg01.html. Fecha publicación:
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