¿Homogeneización o Regionalización?
Lelia Inés Albarracín
Jorge Ricardo Alderetes
Asociación Investigadores en Lengua Quechua
adilq@hotmail.com
INTRODUCCIÓN
En el Título II, capítulo 1º, artículo 5º
de la Ley Federal de Educación, puede leerse:
“El Estado Nacional deberá fijar los lineamientos de la política
educativa, respetando los siguientes derechos, principios y criterios:
a. El fortalecimiento de la identidad nacional atendiendo a las idiosincrasias
locales, provinciales y regionales.
b. La equidad a través de la justa distribución de los
servicios educacionales a fin de lograr la mejor calidad posible y resultados
equivalentes a partir de la heterogeneidad de la población.
g. El derecho de las comunidades aborígenes a preservar sus pautas
culturales y el aprendizaje y enseñanza de su lengua, dando lugar
a la participación de sus mayores en el proceso de enseñanza”.
Decenas de veces este artículo ha sido citado para demostrar
que la Ley de Educación Nº 24195/93 garantizaba la enseñanza
de las lenguas vernáculas. Sin embargo, es notoria la ambigüedad
de los conceptos, con la consecuente imprecisión de los instrumentos
con que se pretende asegurar los derechos allí mencionados.
Pero es el Artículo 43, cuyo texto reza: “El Estado Nacional
promoverá programas, en coordinación con las pertinentes jurisdicciones,
de rescate y fortalecimiento de lenguas y culturas indígenas, enfatizando
su carácter de instrumento de integración”, el que
permitirá que nada cambie, a la luz de los escasos procesos de implementación
que algunas jurisdicciones pusieron en marcha. Quizás debiéramos
decir, muy especialmente a la luz de aquellos programas que, aunque previstos
e incluso presupuestados, deliberadamente no se pusieron en marcha.
Si algo ha caracterizado a las políticas educativas de nuestro
país, desde su nacimiento, es la homogeneización que se ha
querido imponer, a pesar de que vivimos en un país multiétnico,
pluricultural y multilingüe. Esa misma idea, continúa
presente en los Arts.5 y 43 de la Ley Federal de Educación a pesar
del ropaje de multiculturalidad, de respeto a la diversidad y de atención
a las diferencias socioculturales con que se pretende ocultar la fragmentación
social que el neoliberalismo genera.
La realidad muestra una vez más que una Ley puede ser buena pero
no se la aplica o quizás debemos entender que no todas las leyes
son buenas y la ley Federal de Educación es un ejemplo de ello.
Regionalización y homogeneización no son conceptos compatibles
y si acaso el espíritu de la ley hubiera sido guiado por lo primero,
la práctica está guiada por el segundo. Por ello es
que las diferencias regionales tienden a esfumarse y con ellas las lenguas
vernáculas, transmisoras de valores culturales milenarios.
La descentralización no tuvo ningún efecto positivo concreto
sobre las lenguas aborígenes, de lo contrario las mismas tendrían
hoy el lugar que se merecen en el ámbito educativo, y en la práctica
continúan siendo discriminadas. Mientras las lenguas de las culturas
dominantes ganan terreno en el sistema escolar, las lenguas amerindias están
en retroceso. El proclamado plurilingüismo no es más que un
bilingüismo de elite y se puede observar, por ejemplo, que en zonas
de habla quechua, los alumnos que cursan el nivel Polimodal, deben estudiar
inglés como materia obligatoria.
En el presente trabajo, se analizará la realidad educativa de
la lengua quechua en el Noroeste Argentino, en particular en la provincia
de Santiago del Estero, para mostrar cómo la implementación
de la reforma educativa no hizo más que agudizar la discriminación
de la comunidad quechuahablante.
ANÁLISIS GENERAL
Que una Ley venga una vez más a reafirmar la realidad centralista
de este país, no debería extrañarnos. Lo llamativo
es que se la nombre como Federal y que representantes de los diversos estamentos
de todo el país, hayan participado en su elaboración. Sucede
quizás que la mayoría tiene internalizado una concepción
centralista y fue volcada en el espíritu de la ley o tal vez las
opiniones diversas no fueron tenidas en cuenta, en la redacción final
de este instrumento.
Llama la atención por ejemplo, que a pesar del uso de la palabra
regionalización, a medida que se avanza en la implementación
de la misma, las características regionales van siendo dejadas de
lado. Un ejemplo de ello es que, en años anteriores podía
constatarse la presencia de pautas culturales de cada región en
las escuelas Agrotécnicas o de Manualidades, entre otras. Hoy se
imponen cinco modalidades del Nivel Polimodal iguales para todo el país
y el acervo cultural que representa el trabajo manual o artesanal, y que
la escuela se encargaba de conservar, no tiene más cabida en estas
modalidades.
Este culto a la homogeneización cobra sus mayores víctimas
entre las lenguas vernáculas. El laberinto burocrático creado
permite a las autoridades nacionales remitir responsabilidades a las autoridades
provinciales, en tanto las autoridades de cada distrito aluden que la Nación
no ha dado pautas en tal o cual materia de consulta.
Un ejemplo de esta negativa a hacerse cargo de importantes temas, es
la situación de las lenguas vernáculas en el ámbito
educativo. Una de esas lenguas es la variedad dialectal del Quechua que se
habla en la provincia de Santiago del Estero.
LA SITUACIÓN DE LA LENGUA QUECHUA EN EL NOROESTE
La lengua quechua fue hablada en todo el noroeste argentino hasta principios
del siglo XX, prueba de ello, son los numerosos topónimos, los documentos
de la Independencia y las características particulares que aún
conserva el español hablado en la región.
En este momento, las zonas quechuahablantes nativas
se reducen a la provincia de Santiago del Estero y a la puna jujeña.
De esta última región no se tienen mayores datos acerca de
la cantidad de hablantes o de cuál es la variedad dialectal que se
habla.
En el caso de Santiago del Estero, se calcula en 160.000 el número
de hablantes. Se trata de un grupo de argentinos que sufre aún hoy
una marginación no sólo cultural, sino también económica
y social por ser portadores de una lengua y cultura minoritarias. Viven
en una de las regiones más pobres del país, en donde el analfabetismo,
la desnutrición y el desempleo se han adueñado de la misma.
Quizás por ello es además una de las regiones con mayor índice
de emigración.
Estos 160.000 hablantes bilingües quechua–español, tienen
como lengua materna al quechua, un idioma ancestral que se ha conservado
gracias a la transmisión que del mismo hacen los padres a sus hijos.
Sin embargo, los pequeños cuando ingresan a la escuela deben aprender
dos códigos nuevos, por un lado la lengua de la cultura dominante
y por otro lado el código escrito de esa lengua. Pensemos entonces
en los traumas que la situación provoca y las consecuencias de ellos:
deserción y analfabetismo.
Hay además otro grupo de personas que merecen la consideración
de las autoridades educativas y son los inmigrantes de origen boliviano
y peruano, en el seno de cuyas comunidades se habla el quechua. Un grupo
importante de las mismas existe en Tucumán, entre otras provincias,
y sin embargo nada se hace para brindar una particular atención a
estos niños.
LA EDUCACION INTERCULTURAL BILINGÜE
Los conceptos asociados a la Educación Intercultural
Bilingüe, dentro del marco de la Ley Federal, son introducidos tardíamente
a través de diversas leyes y decretos. Entre ellos cabe mencionar
a la Resolución CFCyE 63/97 y su Anexo, el Anexo I de la Resolución
Nº 66/97, conocido como Documento A-15 “Acuerdo Marco para la
Enseñanza de Lenguas” y especialmente la Resolución 107/99
CFCyC del Consejo Federal de Cultura y Educación, por la que se aprueba
las pautas orientadoras para la educación intercultural bilingüe
que se detallan en el Anexo I y se crea el cargo de Profesor Intercultural
Bilingüe.
La improvisación con que se trabajó
queda al desnudo cuando se revisan algunas actividades preparatorias, entre
ellas el I Seminario de Multilingüismo, Política Lingüística
y Equidad (diciembre de 1997), que dio origen a un “Documento Fuente sobre
Lenguas Aborígenes”, elaborado por un equipo consultor de la
UBA y que, de sus 206 páginas, sólo dedica algunos renglones
al quechua, la lengua amerindia con mayor número de hablantes en
todo el continente americano. Al año siguiente (noviembre de 1998),
durante el Segundo Seminario "Multilingüismo, Planificación Lingüística
y Equidad", se pretendió aprobar los CBC de Lengua Adaptados para
la Enseñanza de Español como Segunda Lengua sin considerar
siquiera las características de cada lengua materna. Ante el
generalizado reclamo de los participantes, el equipo ministerial ofreció
agregar un “apéndice” referido a las lenguas aborígenes, propuesta
que obviamente fue rechazada.
Con el paso de los años, es claro que la acelerada introducción
al discurso educativo de conceptos como interculturalidad, bilingüismo,
equidad, diversidad, etc., sólo buscan generar la falsa ilusión
de una auténtica transformación educativa para ocultar que
en realidad la reforma es funcional a un proyecto cuyo objetivo es mantener
intactas las mismas formas de dominación política, económica,
social y cultural, pero bajo un nuevo ropaje, más “democrático”
y menos “discriminador”.
ALGUNAS EXPERIENCIAS
La regionalización entendida como la simple transferencia por
parte de la Nación a las provincias, de un sinnúmero de responsabilidades
sin la asignación de los recursos indispensables, permitió
que temas tan delicados como el de la normalización lingüística
del quechua quedara en manos de burócratas provinciales que ignoraban
la temática por completo. Esto explica porqué en Santiago
del Estero existe una ley provincial que establece el uso en las escuelas
de un alfabeto obsoleto cuyos orígenes se remontan a casi un
siglo de antigüedad.
En la última década ha habido algunos ensayos de
enseñanza de lengua Quechua en escuelas de la provincia de Santiago
del Estero. Motivados por la letra de la Ley Federal de Educación
las experiencias realizadas tenían al entusiasmo como único
eje, sin que haya habido un marco científico de apoyo. Pero lo que
se debe subrayar es que siempre las actividades se han llevado sin tener
un espacio curricular definido, ni contenidos delimitados y sin expectativas
de logro claras. Los conceptos de Educación Intercultural Bilingüe
estaban ausentes.
En el año 2003, podemos asegurar con total certeza, que sólo
una escuela de EGB 1 y 2 enseña quechua en sus aulas, en la localidad
de Bandera Bajada, Departamento Figueroa; pero enseña, no alfabetiza
a los niños quechuahablantes. Ser alfabetizado en su lengua materna
es un derecho del cual no gozan todos los argentinos. Sólo los que
hablan la lengua dominante.
Si esto pasa en las zonas quechuahablantes es imposible pensar en la
enseñanza de la lengua en aquellas regiones donde la misma se ha
extinguido, a pesar de las particulares características que tiene
el español regional hablado en el Noroeste Argentino, donde las influencias
del substrato quechua son innegables.
Es el caso de la provincia de Tucumán, en donde se inició
el dictado de cursos dentro del marco del Proyecto de Escuelas para el
siglo XXI pero su repetición no fue sido posible por los enredos
burocráticos que debían ser sorteados Además,
se había planificado dictar cursos para aquellos maestros que tienen
a su cargo niños provenientes de familias bolivianas con residencia
permanente en el departamento Lules. A pesar de la existencia a nivel nacional
de un programa de acciones compensatorias destinado a atender la diversidad
lingüística y cultural en las escuelas aborígenes, el
proyecto jamás pudo llevarse a cabo porque la funcionaria a nivel
provincial, además del consabido “aquí no hay indios”, argumentó
que ningún maestro de esa zona había detectado quechuahablantes
ni situaciones conflictivas. Tal vez la funcionaria nunca comprenda que
un docente sin una capacitación adecuada no puede detectar rasgos
de una lengua ancestral entre sus niños y que seguramente la tarea
del maestro se limita a corregir a sus alumnos, es decir a destruir ese
otro código que subyace.
CONCLUSIONES
Permitir que las lenguas vernáculas tengan el espacio que se
merecen significa no solamente respetar las culturas minoritarias y la
identidad cultural de muchos alumnos sino también evitar la desaparición
de lenguas ancestrales. “Las lenguas vernáculas que no logran establecerse
como medios de expresión y comunicación escritas están
condenadas a desaparecer debido a la imposición de la lengua dominantes
en la escuela y demás instituciones cuyo medio de trabajo es la escritura.
Además contribuye a este hecho la falta de prestigio de todas aquellas
lenguas que no disponen de escritura” (Jung: 282).
En los últimos años, el discurso de la cultura dominante
busca convencernos de que existe una única lengua de comunicación
y ese único idioma se impone como materia obligatoria en todas las
escuelas de todos los distritos del país, sin tener en cuenta que
“Hablar varias lenguas no sólo no es un estorbo para el entendimiento
entre las personas, sino que propicia un actitud receptiva y comprensiva
hacia los demás. Sobre todo nos ayuda a superar las ideas etnocentristas
del lenguaje, que consisten en considerar que nuestra forma de hablar es
más natural, normal, fácil o lógica que la de los demás”
(Moreno Cabrera:244).
Lograr una verdadera regionalización, permitiría la conservación
de pautas culturales amenazadas en estos tiempos de globalización.
Y es la democracia la que nos permite crear libertades para recrear una
sociedad pluralista respetuosa de las diferencias.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
GERZENSTEIN, Ana et.al.
1998 “La Educación en Contextos de Diversidad Lingüística
– Documento Fuente sobre Lenguas Aborígenes”. Buenos Aires:
Instituto de Lingüística, Facultad de Filosofía y Letras,
UBA.
JUNG, Ingrid
1992 “El quechua en la escuela”, en “El quechua en
debate”, Centro de Estudios Regionales Andinos “Bartolomé de las
Casas”, Cusco, Perú.
MORENO CABRERA, JUAN CARLOS
2000 La dignidad e igualdad de las lenguas. Crítica
de la discriminación lingüística. Madrid: Alianza
Editorial.