Recuperación de Lenguas Vernáculas
Lelia Inés Albarracín
Jorge Ricardo Alderetes
Asociación Investigadores en Lengua Quechua
adilq@hotmail.com
INTRODUCCION
Lentamente asistimos en los últimos años a un creciente
interés por el rescate, el mantenimiento y la revalorización
de nuestras lenguas vernáculas. Pero estas acciones no han adquirido
aún el espacio que merecen en una sociedad con innegables raíces
aborígenes, por lo que el trabajo a realizar es enorme y debe estar
fundamentado en convicciones firmes.
Las acciones de mantenimiento y de revalorización pueden ser
compartidas probablemente por una mayoría, no así las acciones
de recuperación de lenguas aborígenes, muchas de las cuales
han sido ya extinguidas por el metódico trabajo de imposición
de una sola lengua y cultura que ha emprendido la sociedad dominante desde
finales del siglo XIX, hasta nuestros días.
En particular, la recuperación de una lengua en una región
donde la misma se ha extinguido, es considerada inviable por muchos lingüistas.
De allí que, en la última década, algunas iniciativas
de enseñanza del quechua en Catamarca, La Rioja, Tucumán
y los Valles Calchaquíes hayan recibido fuertes críticas por
parte de quienes consideran que es imposible revertir el proceso de sustitución
lingüística, una vez alcanzado el estadio de extinción.
LAS LENGUAS AMERINDIAS
Se considera que actualmente, se hablan en toda América alrededor
de 600 lenguas aborígenes. El número de lenguas habladas
antes de la llegada del español era el doble. Es decir, cientos
de lenguas han desaparecido y con ellas la visión del mundo que
poseían sus hablantes. Según Dixon, citado por Moreno Cabrera
(2000: 215): “Cada lengua encierra la visión del mundo de
sus hablantes: cómo piensan, qué valoran, en qué creen,
cómo clasifican el mundo que les rodea, cómo organizan sus
vidas. Cuando muere una lengua se pierde una parte de la cultura para siempre”.
Se cree que hoy día alrededor de 300 lenguas corren el riesgo
de desaparecer, en el territorio americano. Todos los días recibimos
noticias de acciones de grupos ecologistas que trabajan para evitar la desaparición
de especies animales o vegetales; lamentablemente las lenguas no cuentan
con defensores y como objetos frágiles de la cultura, se extinguen
inevitablemente.
En América, la lengua aborigen más hablada es el quechua,
con un total de diez millones de hablantes, distribuidos a lo largo de Ecuador,
Colombia, Perú, Bolivia, Argentina y en menor medida, en Brasil
y Chile.
En Argentina, se estima que es la segunda lengua más hablada
después del español, y el nuestro es el único país
de entre los nombrados que tiene el privilegio de que su Acta de Declaración
de la Independencia haya sido redactada simultáneamente en quechua
y en español.
No se conoce con exactitud el número de hablantes, ya que los
censos de población no indagan acerca de la lengua materna de
los habitantes de este país. Todos sabemos del fracaso de la versión
2001 del Censo Nacional de Población que, si bien incluyó
una pregunta destinada a conocer la cantidad de habitantes aborígenes,
el aspecto cultural fue negado, perdiéndose de este modo una oportunidad
histórica de saber la cantidad de argentinos que no hablan la lengua
oficial. No se trata de un descuido o una omisión involuntaria,
se trata de una más de las acciones sistemáticas que buscan
la homogeneización lingüística y cultural en un país
que no puede negar su carácter plurilingüe y multicultural.
ACERCA DE LAS COMUNIDADES QUECHUAHABLANTES
El quechua es una lengua amerindia que fue hablada hasta principios
del siglo XX en todo el Noroeste Argentino. En la actualidad sólo
se conserva en pequeñas zonas de la provincia de Jujuy, y en la provincia
de Santiago del Estero, en una zona comprendida entre los ríos Salado
y Dulce.
Esta última variedad dialectal es conocida como quichua y se
calcula que son 160.000 personas que la poseen como lengua materna en Santiago
del Estero. Sin embargo y teniendo en cuenta que ésta es una provincia
con alto índice de emigración, puede pensarse que la misma
cantidad de quichuahablantes está fuera del territorio provincial
(Albarracín: 2001).
Además de la población nativa, hay que tener en cuenta
a los inmigrantes de origen boliviano y peruano, que constituyen comunidades
quechuahablantes muy numerosas. Las mayores concentraciones de quechuahablantes
se dan en la provincia de Tucumán, más precisamente en el
Departamento Lules, producto principalmente del ingreso de inmigrantes bolivianos,
en el conurbano bonaerense y en la provincia de Mendoza. En estos últimos
casos, se trata de variedades dialectales diferentes a la que se habla
en Santiago del Estero.
ENTRE EL ABANDONO Y LA RECUPERACIÓN
Según diversas fuentes, el fenómeno de desaparición
de lenguas se aceleró durante las últimas décadas
del siglo XX y se estima que durante el presente siglo, si no se toman
medidas urgentes, desaparecerá más de la mitad de las lenguas
que se hablan en la actualidad. Las acciones destinadas a la recuperación
de lenguas bajo riesgo de extinción son escasas si se comparan
con el número de lenguas en el mundo (entre 6000 y 8000 según
estimaciones). Los ejemplos que se ofrecen remiten, o bien a casos de intervención
gubernamental sobre lenguas aborígenes o bien a casos en
que la lengua es un símbolo de identificación colectiva
asociado a un movimiento político. Prácticamente no hay
reportes de experiencias exitosas de recuperación, que hayan sido
el resultado de acciones de los propias comunidades interesadas por sus
lenguas y no de una acción de gobierno. Cabe preguntarse si esto
se debe a que las experiencias no son cualitativamente significativas o
simplemente a que no han sido reportadas.
Fishman (1991), uno de los investigadores más importantes en
el campo de la sociolingüística, propone una escala que contempla
ocho niveles entre la pérdida y la recuperación de una lengua
minoritaria.
El nivel 1 representa la plena recuperación, con presencia de
la lengua en todo tipo de actividades en condiciones similares a la lengua
dominante en el espacio considerado. En el nivel 2 existen usos institucionales
y está presente en los medios de comunicación. En el nivel
3 la lengua se utiliza en las relaciones de trabajo y comerciales. En el
nivel 4 la lengua ya es utilizada como medio de enseñanza. En el
nivel 5 se da alguna enseñanza formal de la lengua aunque sea en escuelas
promovidas por la propia comunidad. En el nivel 6 los jóvenes la
aprenden de sus padres y la comunidad la utiliza en actividades colectivas
y asociativas. Sería este nivel el que marca el límite
entre la posibilidad real de la recuperación de la lengua y el comienzo
de su abandono. En el nivel 7 los jóvenes la aprenden, pero
sólo algunos, o sólo la utilizan parcialmente, por lo que
la lengua no se mantiene y entra en peligro de desaparecer. En el
nivel 8, el nivel de máximo abandono de la lengua, sólo los
ancianos la siguen utilizando y los jóvenes la abandonan o la dejan
de adquirir. La lengua entra en proceso de extinción.
Aunque esta sucesión de etapas que propone Fishman, ha sido
obtenida a partir de la observación de distintas minorías
de los EEUU, en particular, grupos de inmigrantes, resulta muy instructivo
observar los resultados cuando la aplicamos al caso de lenguas aborígenes
en nuestra región. Por ejemplo, advertiríamos que el quichua
santiagueño está transicionando del nivel 6 al nivel 7 con
el riesgo que ello implica. De acuedo con los datos recogidos por
el lingüista Ricardo Nardi (1962), sabemos que el dialecto quechua
de Catamarca y La Rioja estaba en el nivel 8 a comienzos del siglo XX. Hoy,
a comienzos del siglo XXI, es el dialecto quechua de la quebrada y puna
jujeñas el que se encuentra en el nivel de máximo abandono.
Como puede observarse, aunque los estudios de Fishman están basados
en realidades sociolingüísticas de minorías en territorio
estadounidense, su escala tiene cierto grado de generalidad y aporta información
relevante.
Nótese que los ocho niveles no sólo sirven para clasificar
las situaciones observadas, sino que también podrían considerarse
como etapas en un proceso de recuperación. Lamentablemente, no
se han realizado estudios similares sobre lenguas amerindias en esta región,
que podrían arrojar datos más precisos para la redefinición
de dichas etapas.
POLÍTICA DE RECUPERACIÓN LINGÜÍSTICA
Una lengua en situación de contacto con otra, política
o socialmente más fuerte, se debilita y tiende a desaparecer. Sin
embargo, experiencias en diversas partes del mundo, han demostrado que
no sólo es posible revertir este proceso sino incluso iniciar una
expansión si la comunidad que habla la lengua, inicia con firmeza
y decisión una política de recuperación lingüística.
Pero, ¿qué ocurre en una región, como los Valles
Calchaquíes, donde por ejemplo la lengua quechua se ha extinguido
hace casi un siglo?. ¿Hasta dónde es posible iniciar
un proceso de recuperación del quechua?. Son muchos los lingüistas
que sostienen la inutilidad del esfuerzo y en verdad son muchas las dificultades
comenzando por la descripción de la variedad dialectal a considerar.
A las dificultades técnicas se suman otros aspectos extralingüísticos.
Por ejemplo la sospecha de que ciertas acciones de recuperación
de la identidad étnica, sólo constituyan una plataforma para
reclamos sociales y económicos, en particular, el acceso a la propiedad
de la tierra, conforme a las posibilidades brindadas a las comunidades indígenas
por la legislación vigente, o a la ayuda de organismos financieros.
En tales casos, se argumenta, un proyecto de enseñanza de la lengua
no tendría como objetivo contribuir a una política de recuperación
lingüística sino a fines reivindicativos de otra índole.
Ahora bien, la enseñanza de las lenguas aborígenes en
regiones donde las mismas se han extinguido, ¿sólo se justifica
en el marco de una política de recuperación de aquellas?.
En los apartados siguientes, tomando como ejemplo el caso del quechua,
trataremos de demostrar que esta no es la única razón que
avala las acciones en favor de las lenguas aborígenes, y analizaremos
desde otros puntos de vista la factibilidad y justificación de los
proyectos de enseñanza del quechua en todas las áreas donde
ejerce su influencia, ya como lengua viva o como sustrato.
LENGUAS EN CONTACTO Y ESPAÑOL REGIONAL
En los últimos años hemos podido comprobar la preocupación
de los docentes de la provincia de Buenos Aires por conocer e indagar
acerca del particular uso del español que hacen los niños
y adolescentes que provienen de familias quechuahablantes. En forma periódica
publican trabajos de investigación, que evidencian una actitud
de comprensión hacia quienes no tienen al español como lengua
materna o cuyas familias pertenecen a grupos quechuahablantes.
Lamentablemente no podemos decir lo mismo de la mayoría de los
docentes del NOA, a pesar de que en toda la región es innegable la
influencia fonológico–gramatical y léxico-semántica
que ejerce el quechua sobre el español regional del Noroeste de Argentina,
producto del contacto de los dos idiomas. Sin embargo, generalmente
se actúa como si todos los educandos manejaran un español
“estándar”, sin tener en cuenta las diferencias regionales y sin analizar
el porqué de esas particularidades.
No se trata de actitudes aisladas, propia de un docente, sino del producto
de la formación recibida en los institutos de formación
docente terciarios y universitarios. El docente es, en general, un agente
homogeneizador y difusor de la cultura occidental. Si bien pueden darse
casos aislados de maestros o profesores que se interesan por la lengua
y cultura regional de sus alumnos debemos decir que, en general, la formación
recibida lleva a muchos de ellos a considerar que quienes son portadores
de rasgos de una cultura distinta a la oficial son ‘torpes’ o ‘rústicos’.
Se recurre entonces a la ‘corrección’ como método, sin tener
en cuenta que al corregir se está destruyendo un código ancestral,
que lucha por subsistir en la recreación de un español regional
y en ciertas pautas culturales (Albarracín: 2002). Este es,
entonces, un primer argumento a favor de un mejor conocimiento de nuestras
lenguas vernáculas a través de su enseñanza formal.
No podemos discutir esta situación sin aclarar que en las carreras
de formación humanística y docente de las universidades
del NOA no está contemplada la enseñanza de las lenguas
aborígenes. El lugar que hoy ocupa el latín o el griego
difícilmente pueda ser ocupado por el quechua. Además, la
carga horaria de las lenguas europeas no pueden ceder ni un minuto a una
lengua americana.
LOS PREJUICIOS LINGÜÏSTICOS
Desde la Asociación de Investigadores en Lengua Quechua, con
sede en la provincia de Tucumán, hemos venido insistiendo en que
hay otras razones que justifican y avalan proyectos de enseñanza
de esta lengua aborigen. Esas otras razones surgen a partir del análisis
de la situación de las lenguas minoritarias en la República
Argentina y de los prejuicios lingüísticos que conducen a
considerar al bilingüismo de elite, (por ejemplo: inglés –
español, francés – español o portugués
– español), como la única alternativa para un proyecto de
enseñanza intercultural o para cumplimentar los requisitos de lengua
extranjera en la EGB y Polimodal.
Por otro lado, es necesario destacar que la incorporación de
la lengua quechua al aula, no sólo debe verse como una propuesta
pedagógica para las comunidades quechuahablantes sino como criterio
de organización curricular de instituciones educativas de zonas y
provincias vecinas. Así como existe un espacio curricular destinado
al aprendizaje de lenguas dominantes, una muestra más del ejercicio
del poder al otorgar a ciertos sectores mayor valoración, es necesario
el aprendizaje de las lenguas autóctonas en un reconocimiento a la
realidad multicultural de Argentina y en rescate de las raíces más
profundas de nuestra identidad.
Nuestros niños y adolescentes aprenden idiomas extranjeros pero
muy difícilmente tendrán contacto con un anglófono
o un francófono, entonces ¿por qué no enseñar
la lengua materna de miles de nuestros hermanos, a los que diariamente cruzamos
en las calles?.
Para quienes piensen que esta propuesta sólo puede provenir
de especialistas en lenguas aborígenes, permítasenos reproducir
la opinión de la Dra.Helman de Urtubey (2002):
“¿Por qué entonces reducir las posibilidades de intercambio
a una sola lengua extranjera? ¿No sería acaso más
enriquecedor y contribuiría a la formación de profesionales
mejor preparados, enseñar más de una lengua aborigen y extranjera?.
En mi opinión, todo universitario argentino, tanto en los estudios
de grado como en el posgrado, debería aprender obligatoriamente lenguas
aborígenes y/o extranjeras, de acuerdo a las necesidades de la carrera
elegida.”.
Quien así se expresa es profesora titular de Lengua Francesa
y directora académica de la Maestría en Didáctica
de las Lenguas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
Nacional de Tucumán.
En trabajos previos (Albarracín et al.: 1999) hemos señalado
la importancia de planificar acciones de mantenimiento para la conservación
de la lengua Quechua en las áreas donde la misma constituye
el habla materna de muchos de sus habitantes como en Santiago del Estero
y Jujuy, y acciones de recuperación en las áreas de
sustrato quechua, situación que aparte de Tucumán se presenta
en Catamarca, La Rioja, Salta e inclusive parte de Cuyo (norte de San Juan
y San Luis por lo menos). Para ello es necesario acordar aspectos tales
como: normalización lingüística, unificación
de la escritura, definición de metodologías y ejecutar
acciones como: elaboración de materiales didácticos, formación
de docentes y de formadores de docentes, y planificar y realizar una investigación
de base lingüística, antropológica y educativa.
En esta dirección, la Asociación de Investigadores en
Lengua Quechua, viene realizando una tarea de preservación y promoción
de la lengua a través de diversas actividades; entre otras se puede
mencionar la publicación de estudios lingüísticos descriptivos,
gramáticas y diccionarios de la lengua (Alderetes 2001), (Albarracín–Tebes-Alderetes
2002); la realización de investigaciones en aspectos sociolingüísticos,
la implementación y mantenimiento del sitio Web de la Asociación;
el asesoramiento académico que se brinda, por medio del correo
electrónico, a investigadores de todo el mundo. Particular importancia
tiene el dictado de los Cursos de Lingüística Quechua, en
dos niveles, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
Nacional de Tucumán, a los que asisten alumnos no sólo de
la provincia sino también de provincias vecinas. Para el
año 2003 se tiene previsto reiniciar el dictado de cursos de lengua
quechua en escuelas secundarias dependientes del Ministerio de Educación
de la Provincia de Tucumán.
CONCLUSIONES
“No se puede resucitar lo que ya se murió” suelen argumentar
con tono burlón quienes se oponen a los proyectos de enseñanza
del quechua como parte de una política de recuperación de la
lengua en las regiones donde ya se ha extinguido. Indudablemente, es una
meta ambiciosa que supone llevar a cabo acciones complejas. Sin embargo,
el quechua es lengua viva en varias regiones del territorio nacional y este
solo hecho justifica su enseñanza desde otro punto de vista: la creación
de un espacio curricular destinado al aprendizaje de las lenguas aborígenes
como prueba fehaciente del reconocimiento de la multiculturalidad y el plurilingüismo
de nuestro país.
Estamos asistiendo en los últimos años a un discurso
que insistentemente, apunta a la necesidad de aprender una única
lengua, considerada como universal, criterio hegemónico que atenta
contra la diversificación y hasta promueve el genocidio cultural.
Este y no otro es el fin de la llamada globalización. No podemos
ser cómplices de tales ideas.
REFERENCIAS:
ALBARRACÍN, Lelia I. et al.
(1999) “Aportes para la enseñanza de la lengua quechua en el
NOA”, en Actas de las III Jornadas de Etnolingüística.
Rosario, prov. de Santa Fe: Universidad Nacional de Rosario.
ALBARRACÍN, Lelia I.
(2001) “Oportunidades para niños de zonas bilingües”
en Actas del II Congreso Internacional de Educación. Santa
Fe de la Veracruz: Universidad Católica de Santa Fe.
(2002) “Lenguas Minoritarias y Patrimonio Cultural” en
Actas del I Congreso Internacional Patrimonio Cultural. Córdoba:
Facultad de Lenguas, Universidad Nacional de Córdoba.
ALBARRACÍN Lelia, TEBES Mario, ALDERETES Jorge (Compiladores)
(2002) Introducción al Quichua Santiagueño por
Ricardo Nardi. Buenos Aires: Dunken.
ALDERETES, Jorge R. (2001) El Quichua de Santiago del Estero.
Tucumán: Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional
de Tucumán.
FISHMAN, Joshua
(1991) Reversing Language Shift. Clevedon,
UK: Multilingual Matters.
MORENO CABRERA, Juan Carlos
(2000) La dignidad e igualdad de las lenguas. Crítica
de la discriminación lingüística. Madrid: Alianza
Editorial.
NARDI Ricardo
(1962) “El Quichua de Catamarca y La Rioja”. En Cuadernos
del Instituto Nacional de Investigaciones Folklóricas Nº3, pp.189-285.
Buenos Aires: Ministerio de Educación y Justicia.
URTUBEY Silvia Helman de
(2002) Globalización: ¿Empobrecimiento lingüístico
o plurilingüismo enriquecedor?. En La Revista Nº 4, pp.2-5.
Tucumán: Departamento de Extensión de la Facultad de Filosofía
y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán.