Lengua Materna y Educación
Prof. Lelia Inés Albarracín
Asociación Investigadores en Lengua Quechua
adilq@hotmail.com
INTRODUCCIÓN
Se estima que actualmente se hablan alrededor de
600 lenguas aborígenes en toda América. Antes de la llegada
de los españoles el número de lenguas amerindias era el doble.
Es decir, cientos de lenguas han desaparecido y con ellas la cosmovisión
de los pueblos que las hablaban. Se calcula además, que en los próximos
años alrededor de 300 lenguas van a desaparecer en todo el continente
americano.
Tal vez, si en lugar de lenguas dijéramos
especies vegetales o animales despertaríamos la preocupación
de los grupos ecológicos y las campañas de prevención
se sucederían. Pero hablamos de lenguas minoritarias, de comunidades
olvidadas, de grupos excluídos y tal vez por eso no merecen la atención
de los organismos gubernamentales, de instituciones educativas, ni de los
grupos intelectuales.
En este trabajo, trataremos de mostrar cómo
la educación puede, en algunos casos, contribuir a la aceleración
de la extinción de la lengua de grupos minoritarios y analizaremos
en particular la situación de la lengua quechua, centrando el análisis
en la región Noroeste de Argentina.
ANÁLISIS GENERAL
En el siglo XXI, la idea de que habitamos un país
monolingüe y unicultural es dominante, como resultado de un proyecto
nacional en el que la diversidad es vista como un problema.
De tal manera, los argentinos son alfabetizados en
un español estándar sin importar cuál es la lengua
materna o las variedades regionales que se hablan y mediante la imposición
de los valores de la cultura occidental, se pretende uniformar las diferencias.
En este proyecto de país, las lenguas aborígenes,
muchas de ellas en riesgo de desaparecer, no tienen cabida. Una de ellas
es el quechua, la segunda lengua más hablada, después del español.
Se calcula que existen alrededor de 300.000 quechuahablantes en todo el
país. Esta cifra se ha visto engrosada en los últimos años
por inmigrantes de países vecinos.La mayor concentración de
hablantes nativos de Argentina, se da en la Provincia de Santiago del Estero,
con alrededor de 160.000 quechuahablantes. Se trata de una comunidad de
origen criollo en su gran mayoría.
Las cifras que se citan son estimativas ya que en
Argentina, los censos de población no indagan acerca de la lengua
materna que hablan sus habitantes. A pesar de las numerosas objeciones,
el Censo Nacional de Población de 2001, interrogó únicamente
sobre la pertenencia a alguna etnia pero no sobre la lengua materna, es decir
el aspecto cultural no fue tenido en cuenta. El posterior desarrollo del
Censo dio la razón a las organizaciones, aborígenes y no aborígenes,
que oportunamente lo denunciaron como un nuevo caso de discriminación.
El hecho de no conocer la cantidad de hablantes de las lenguas aborígenes,
situación que se repite en otros países de América
Latina, es considerado por algunos autores como un “etnocidio estadístico”
(L.M. Valdés 1988 : 39).
EL QUECHUA DE SANTIAGO DEL ESTERO
Como miembro de la Asociación Tucumana de
Investigadores en Lengua Quechua, en este trabajo analizaré la situación
de esta lengua en particular, pero seguramente algunas situaciones que se
describan son compartidas por otras lenguas aborígenes habladas en
el país.
La variedad dialectal del quechua de Santiago del
Estero, es usada sólo a nivel familiar. La transmisión es
oral, es decir de padres a hijos en el hogar. Sin embargo, esa transmisión
es cada vez menor, ya que se trata de una lengua discriminada y por lo tanto
los mayores consideran que no es beneficioso aprender una lengua que no goza
de prestigio y por la cual sus hijos serán objeto de exclusión.
Existen, evidentemente factores “extralingüísticos” que
permiten la situación de desigualdad que se ha generado entre las
diferentes lenguas, de hecho los quechuahablantes de Santiago del Estero,
habitan una de las zonas más pobres del país, por lo tanto
la discriminación que sufren no sólo es cultural sino también
económica y social. Para muchos hablantes, la mejora de su status
socio-económico implica el abandono de su lengua materna.
En la actualidad, se considera que la totalidad de
los hablantes son bilingües, es decir manejan a nivel familiar el
quechua y a nivel social un español regional. El hecho de que no
exista una generación de hablantes monolingües es un factor
que facilitará, en un futuro no muy lejano, la extinción
de la lengua. A quienes creen que el quechua no desaparecerá porque
los quichuistas seguirán existiendo, se les puede responder con
las palabras de Jesús Tusón: (1997: 119) “...Para lograr
que una lengua desaparezca no es necesario asesinar a sus hablantes (...)
Basta con la persuasión, con la extensión de los prejuicios
y con la promoción de la desigualdad: basta con hacer creer que,
hay lenguas más y menos cultas, más y menos internacionales,
más y menos progresistas".
LENGUA MINORITARIA E INSTITUCIÓN ESCOLAR
Cuando los niños quechuahablantes ingresan
a la escuela, deben adquirir dos códigos nuevos: el español
estándar, por un lado y la escritura de esa lengua.
Según Taipe Campos (1988) este primer contacto
provoca en el niño un triple trauma:
- Un trauma psicológico por cuanto al no tener en cuenta la lengua
materna del educando se evidencia un desprecio por la misma y por los hábitos,
patrones y valores locales, lo que genera en el niño sentimientos
de temor e inseguridad y comienza a interiorizar estereotipos de inferioridad.
- Un trauma lingüístico porque en la escuela se da el primer
choque entre el quechua y el español. No se tiene en cuenta que el
niño en edad escolar ya ha estructurado su lengua materna, por lo
tanto habla, piensa, incorpora conceptos, construye juicios y razonamientos
en quechua.
- Un trauma cultural porque la escuela crea un clima general de rechazo
hacia la cultura de los educandos, lo que provoca la autonegación
por parte de los niños y el deseo de abandonar su cultura para evitar
la estigmatización social.
Aunque no existe una prohibición formal de
la lengua, la misma se da de hecho en el ámbito escolar. Es de imaginar,
entonces las consecuencias: deserción escolar, repetición,
analfabetismo.
Ninguna de las acciones que se han ejecutado hasta el momento tenían
por objetivo el fortalecimiento de lo ya existente ni asegurar la continuidad
lingüística intergeneracional, ni mucho menos intentar revertir
el proceso de sustitución lingüística.
Los alumnos son tomados como ‘tabula rasa’, recipientes vacíos
a los que hay que llenar de contenidos nuevos, sin tener en cuenta los
saberes previos, producto de una formación cultural familiar. La
lengua, las creencias, los relatos transmitidos de generación en
generación no son tenidos en cuenta en el aula, antes se prefiere
el uso de textos y contenidos ajenos a la realidad cultural de los niños
quichuahablantes. Es así como los alumnos abren libros que los ignoran
y que seguramente reflejan los hábitos y experiencias de niños
urbanos. (Albarracín 2001:119)
La promoción del quechua en la zona bilingüe debería
comenzar a partir de la escuela primaria, pero en la práctica, el
maestro no promueve esta lengua: antes, de hecho, contribuye sin saberlo
a su pérdida irreparable, aún en aquellos casos en que, con
la mejor buena intención, se busca su revalorización. Al mismo
tiempo, el conocimiento del idioma oficial se adquiere sacrificando la lengua
materna, ya que en el sistema educativo se ha internalizado la idea de que
el bilingüismo debe ser combatido. Así, aún cuando la
prohibición de usar el quechua en el ámbito educativo santiagueño
ya no está en vigencia, el maestro no está preparado para aceptar
el pluralismo lingüístico-cultural y procurará lograr
la homogeneidad cultural cercenando el proceso de aprendizaje de la lengua
materna. (Albarracín et al. 1999)
“El hablante de una lengua minoritaria tiene igual
derecho que el de una lengua mayoritaria a educarse en su propia lengua,
y no sólo en la escuela, sino también en instancias de educación
superior. Sólo cuando una persona pueda acceder a todos los niveles
de educación en su propia lengua, se habrá respetado este
derecho que tenemos todos los seres humanos (hablemos una lengua mayoritaria
o minoritaria). (Moreno Cabrera 2000: 223).
LA EDUCACION INTERCULTURAL
Los ministerios de educación provinciales, como en el caso
de Santiago del Estero, no tienen en cuenta la función de la lengua
materna para el desarrollo cognoscitivo y afectivo de los niños quechuahablantes
y el castellano se convierte en la única lengua de instrucción.
Los programas escolares desarrollados por la educación oficial monolingüe
y unicultural nada dicen sobre cómo administrar la diversidad lingüística
y cultural. Sólo se subraya el aspecto folklórico y pintoresco
que supone para la sociedad la existencia de quechuahablantes.
Además de respetar el derecho que tienen los niños a ser
alfabetizados en su lengua materna, es innegable la importancia que tendría
la escuela, en la conservación de la lengua. Sin embargo, los funcionarios
del área educativa parecen desconocer el concepto de educación
intercultural bilingüe. A pesar de que la educación intercultural
constituye un aspecto fundamental en la elaboración de los programas
educativos, para valorizar las lenguas y las culturas autóctonas asociándolas
a las perspectivas de la cultura occidental, en Santiago del Estero, hay
una única escuela donde se enseña el quechua como materia
especial. No existe ninguna experiencia de alfabetización en
lengua materna ni tampoco ningún proyecto para el futuro.
Además, en el caso de Santiago del Estero, en el aula conviven
niños bilingües y monolingües en español, de manera
que los programas educativos deben atender una doble necesidad: el respeto
a la mayoría monolingüe hispanoparlante y el respeto a la minoría
bilingüe. Cuando hablamos de educación intercultural, nos referimos
a acciones destinadas no sólo a los discriminados sino también
a quienes discriminan, puesto que la educación debe ser para todos.
Urge un programa de formación de maestros, basado en una
orientación intercultural, cuyo objetivo sea formar maestros capaces
de actuar en contextos pluriétnicos y pluriculturales, teniendo
como finalidad orientar la acción educativa, en función de
la valorización de la lengua y la cultura quechua. El programa deberia
tener como objetivo además, desarrollar en los educandos la capacidad
de afirmar sus identidades y participar en el mundo contemporáneo.
Mientras el castellano ocupa un lugar preponderante en la institución
escolar y es una lengua escrita, el quechua es considerada como una lengua
de estatus inferior y su transmisión es, como ya se dijo, por
vía puramente oral. De allí que la supervivencia del idioma
quechua depende hoy casi exclusivamente de la transferencia que hacen los
padres en el hogar a través de la educación infantil. (Albarracín
2002). El accionar discriminador de muchos docentes y el incremento de
la migración por razones económicas está provocando
la interrupción de la transmisión intergeneracional.
Dice Moreno Cabrera (2000: 221): “Es absolutamente fundamental que las
instituciones responsables planifiquen una política lingüística
que tenga como objeto acabar con el menosprecio hacia sus lenguas de muchas
comunidades. En este sentido es imprescindible que la educación se
realice en la lengua propia de cada comunidad lingüística. Es
en la educación donde hay que actuar porque es en el momento de
la transmisión de la lengua donde se produce la situación de
amenaza”.
Por eso, una de las acciones más importantes
sería lograr que la lengua ingrese al ámbito escolar. Sin
embargo, hay decisiones que sólo pueden ser tomadas desde el poder,
y ya está claro que a quienes detentan el poder no les interesa el
destino de una lengua minoritaria. Frente a esta indiferencia gubernamental,
quizás lo importante sea difundir esta problemática para que
sea conocida por todos, que la sociedad civil comprenda la necesidad de evitar
un lingüicidio y tome conciencia de la urgencia de acciones a
favor de las lenguas y culturas minoritarias.
Los prejuicios lingüísticos son el principal obstáculo
a la aplicación y al desarrollo de un programa de educación
bilingüe e intercultural. La sensibilización e identificación
de los maestros con el proyecto, son fundamentales. Si nos limitamos en
dar a los maestros una formación estrictamente técnica–pedagógica
y no realizamos un trabajo de concientización y sensibilización,
estarán muy limitados para adquirir una nueva percepción,
tanto de las posibilidades reales de aprendizaje y de desarrollo intelectual
de sus alumnos, como de los recursos potenciales de las culturas indígenas,
en el marco de la revalorización de sus lenguas y de sus culturas.
Por otro lado, es necesario destacar que la incorporación
de la lengua quechua al aula, no sólo debe verse como una propuesta
pedagógica para las comunidades quechuahablantes sino como criterio
de organización curricular de instituciones educativas de zonas y
provincias vecinas. Así como existe un espacio curricular destinado
al aprendizaje de lenguas dominantes, una muestra más del ejercicio
del poder al otorgar a ciertos sectores mayor valoración, es necesario
el aprendizaje de las lenguas autóctonas en un reconocimiento a la
realidad multicultural de Argentina y en rescate de las raíces más
profundas de nuestra identidad.
CONCLUSIONES
En los últimos años, y como consecuencia
de la globalización, se intenta convencernos de la importancia que
tiene el aprendizaje de una lengua a la que se considera como universal.
Esta idea no se diferencia demasiado de aquella otra que buscaba la creación
de una lengua artificial, el esperanto, como medio de comunicación,
sin tener en cuenta que “Cada lengua encierra la visión del mundo
de sus hablantes: cómo piensan, qué valoran, en qué
creen, cómo clasifican el mundo que les rodea.” (Según Dixon
citado por Moreno Cabrera 2000: 215). Pero quizás lo más grave
de creer en la posibilidad de que una única lengua funcione como medio
de comunicación universal, es no saber valorar la riqueza que supone
la diversidad lingüística y cultural.
La realidad multilingüe y pluricultural de Argentina
nos compromete a trabajar para el rescate y revalorización de las
lenguas minoritarias, y la institución escolar es un ámbito
privilegiado para la conservación y promoción. de las lenguas
y culturas autóctonas. Se trata en consecuencia de trabajar para la
formación de ciudadanos libres que construyan su futuro sobre la
fortaleza de sus raíces y con un espíritu abierto a la pluralidad
del mundo.
REFERENCIAS:
ALBARRACÍN, Lelia I. et al.
(1999) “Aportes para la enseñanza de la lengua quechua en el
NOA” en Actas de las III Jornadas de Etnolingüística,
Universidad Nacional de Rosario, Prov.de Santa Fe, mayo de 1999.
ALBARRACÍN, Lelia I.
(2001) “Oportunidades para niños de zonas bilingües”
en Actas, II Congreso Internacional de Educación, Universidad
Católica de Santa Fe, Santa Fe de la Veracruz, septiembre de 2001.
(2002) “Lenguas Minoritarias y Patrimonio Cultural” en Actas
del I Congreso Internacional Patrimonio Cultural, Facultad de Lenguas, Universidad
Nacional de Córdoba, Córdoba, mayo de 2002.
MORENO CABRERA, JUAN CARLOS
(2000) La dignidad e igualdad de las lenguas. Crítica de
la discriminación lingüística. Madrid: Alianza
Editorial.
TAIPE CAMPOS, Néstor Godofredo
(1988) “La educación en castellano a poblaciones quechuas
en los Andes peruanos” en Revista Iberoamericana de Educación Nº
16. (Enero - Abril 1988). España: Organización
de los Estados Iberoamericanos para la Ciencia y la Cultura.
(1998) “Educación Intercultural: Propuesta para sociedades quechuahablantes”
en Serie Diálogo intercultural Nº 1. Huancayo, Perú:
Sociedad Científica de Folklore y Etnología.
TUSON, Jesús
(1997) “Los prejuicios lingüísticos”. Barcelona, España:
Octaedro Universidad.
VALDÉS, Luz María
(1998) “El Perfil demográfico de los indios Mexicanos”,
México, Siglo Veintiuno Editores.