LENGUA MINORITARIA Y ESCUELA
Prof. Lelia Inés Albarracín
Asociación Investigadores en Lengua Quechua
adilq@hotmail.com
INTRODUCCIÓN
En los últimos años es muy poco lo que se ha avanzado,
en algunas jurisdicciones del país, en lo que a educación intercultural
bilingüe se refiere, como es el caso de la provincia de Santiago del
Estero. Pareciera que aún no hemos logrado asumir nuestra identidad
de país multilingüe y pluricultural. Así, se sigue ignorando
la problemática de aquellos argentinos que por no hablar el idioma
oficial son víctimas, aún hoy en el siglo XXI, de discriminaciones.
No se trata de actitudes casuales o asistemáticas sino de acciones
perfectamente sistematizadas y donde el agente más notable es la
institución escolar. Es la escuela la que desconoce la diversidad
cultural de los educandos y es el medio por el cual se busca la homogeneización
de toda la sociedad.
En este trabajo nos ocuparemos de analizar la realidad de la comunidad
quechuahablante de Santiago del Estero, en relación con la educación
que le es impartida.
ESTADO ACTUAL
En catorce departamentos de la provincia de Santiago del Estero es hablada
aún hoy la lengua quechua, a la que localmente se designa como “la
quichua”. Se calcula la cantidad de hablantes, dentro del territorio provincial,
en 150.000 personas. La mayoría son hablantes bilingües, es
decir, pueden expresarse en quechua y en español, y ambas lenguas
adquieren rasgos dialectales muy particulares como consecuencia de los hechos
de transferencia gramatical generados por situaciones de contacto lingüístico.
La gran mayoría de los hablantes no son conscientes de que la
lengua vernácula corre el riesgo de extinguirse, tal como sucederá,
si no se toman medidas, con otras tres mil lenguas durante el presente siglo.
Pero no sólo los hablantes no son conscientes de esta grave situación,
sino también los responsables de las políticas educativas
que se llevan a cabo, quienes no parecen tener en cuenta que la supervivencia
de la diversidad lingüística y cultural está en peligro.
La transmisión de la lengua es en forma oral y de padres a hijos.
En este proceso de conservación de la lengua y cultura quechua, la
mujer cumple un papel fundamental, ya que el varón generalmente sale
en busca del sustento familiar.
Resaltamos el hecho de que el hogar es el lugar de conservación
de la lengua, para contrastar con la actitud negativa que ha tenido la escuela
en este papel: en vez de rescatar una lengua y cultura ancestral ha preferido
más bien su prohibición durante décadas y aunque hoy
esas medidas restrictivas ya no están vigentes, la prohibición
en los hechos continúa. Los niños que hablan quechua en su
ámbito familiar, deben abandonar la lengua al ingresar a la escuela,
para así lograr la uniformidad exigida por el sistema educativo,
aprendiendo a leer y escribir en el idioma oficial y adquirir los valores
de la cultura dominante.
Los niños quechuahablantes que ingresan a la escuela son portadores
de una riqueza cultural milenaria que no es tenida en cuenta en el aula.
Por el contrario, están obligados a aprender un código nuevo,
el del español estandarizado y a abrir textos que no reflejan la realidad
socio-económica y cultural en la que ellos están inmersos.
Por otro lado son objeto de permanentes correcciones por parte del maestro
que no sabe o no entiende que el modo de habla de los niños no es
‘rústico’ ni ‘torpe’ y que la corrección no hace más
que destruir ese otro código, el de la lengua materna.
Aunque a nivel oficial el discurso sea otro, podemos afirmar rotundamente
que actualmente hay un único maestro de la provincia de Santiago
del Estero, que enseña quechua a sus alumnos de la escuela primaria.
Enseña, es decir, no alfabetiza: la lengua es objeto de estudio y
no vehículo de instrucción. Se observa la ausencia de la lengua
en todos los niveles de enseñanza: en el nivel inicial y de enseñanza
general básica, en el nivel terciario para la formación de
maestros y en el nivel universitario, no existen acciones de investigación
de la lengua.
Es lógico que las actitudes que muchas veces asumen los docentes
son el producto de la formación que han recibido y será
en muchos casos el último responsable de las situaciones de deserción,
repetición, fracaso escolar y analfabetismo que no dejan de sucederse.
Existe entonces la necesidad de un cambio en la política lingüística
y educativa que nos lleve al compromiso con los desafíos que una
sociedad multilingüe plantea: por la defensa de las lenguas minoritarias,
en peligro de extinción, en reconocimiento a los derechos de los hablantes
de una lengua minoritaria y en atención a la riqueza que la diversidad
cultural representa.
En este sentido, dice Moreno Cabrera (2000: 221): “Es en la educación
donde hay que actuar porque es en el momento de la transmisión de
la lengua donde se produce la situación de amenaza. Si la lengua que
hay que proteger de la amenaza de muerte no se utiliza como medio primordial
para la educación, no se podrán cambiar las actitudes que consideran
ciertas lenguas de minorías como menos adecuadas para la vida actual
”.
El desafío es entonces trabajar para que una lengua minoritaria
de transmisión oral, tenga su lugar en las escuelas y adecuarla a
las finalidades para las que cualquier lengua moderna es apta.
LAS ACCIONES LLEVADAS A CABO EN EL SIGLO XX
En la década del ’80, en la provincia de Santiago del Estero
y como consecuencia de la creación de la Cátedra de Lingüística
Regional Quichua–Castellano, dependiente de la Facultad de Humanidades de
la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), se llevaron a cabo,
con el entusiasmo como único recurso, una serie de acciones tendientes
a promover la lengua quechua, que nunca pudieron apartarse de la visión
folklórica que la sociedad santiagueña tiene de la lengua
y donde sus hablantes son vistos como personajes pintorescos regionales.
Es decir, el hecho de que cada lengua encierra la cosmovisión de
sus hablantes - sus valores, sus creencias, cómo piensan, cómo
clasifican el mundo que les rodea, cómo organizan sus vidas - estaba
totalmente ausente en la concepción de las actividades que se realizaban.
El intento por revalorizar la variedad dialectal de la
lengua quechua hablada en Santiago del Estero nunca logró superar
la etapa de la difusión, y se desarrolló con una serie de
improvisaciones que a continuación sintetizaremos.
No existían estudios descriptivos sistemáticos de la lengua,
realizados con rigor científico. En la década del ‘80 las
gramáticas más modernas databan de los años ’50 y habían
sido escritas en función de la descripción de las lenguas europeas.
Entre los diccionarios y gramáticas escritos por sacerdotes en el
siglo XIX y las gramáticas publicadas en Santiago del Estero a mediados
del siglo XX, no había grandes diferencias. Sin que se hubiesen formulado
estudios comparativos interdialectales, se afirmaba con total seguridad
la “abismal” diferencia entre la variedad santiagueña y la cuzqueño-boliviana,
del mismo modo que se pregonaba la “similitud” con el ecuatoriano por mera
comparación de las grafías arcaicas en uso en ambas regiones.
Los maestros que trabajaban con alumnos en algunas escuelas rurales
y en experiencias aisladas, asumían una actitud voluntarista y entusiasta
en condiciones inadecuadas de entrenamiento. En la mayoría de los
casos, no se rescataba la producción literaria propia de los quechuahablantes,
prefiriéndose su reemplazo por la traducción de obras del
español al quechua, como canciones infantiles de origen europeo o
rezos católicos. La traducción del Himno Nacional Argentino
a una malograda versión en la quichua, es una muestra del innecesario
empobrecimiento cultural de una sociedad: sin entender que el idioma es la
expresión particular del mundo que tiene una comunidad. “No vale para
nada decir que tal lengua dominada es tan válida como tal lengua dominante
si luego la mayor parte de la educación se produce en esta última”
(Moreno Cabrera 2000: 221).
La lengua no fue vista como vehículo de instrucción sino
como objeto de estudio: un elemento folklórico que daba un tinte
pintoresco al trabajo de una escuela rural. El rigor científico y
la adecuación pedagógica científica eran los grandes
ausentes
En el nivel universitario existía y agoniza hoy, una cátedra
de Lingüística Regional Quichua-Castellano dependiente de la
Facultad de Humanidades. En dos décadas no ha habido voluntad ni imaginación
para modernizar la cátedra o establecer vínculos con universidades
nacionales o extranjeras. El chauvinismo extremo que aqueja a algunos grupos
intelectuales de Santiago del Estero se puso en evidencia, una vez más,
en ocasión del VI Congreso Internacional de Quichua, organizado
por la UNSE y realizado en octubre del año 2000, donde investigadores
de otras provincias y de otros países fueron recibidos con un clima
hostil. No debe sorprender entonces que aún hoy sigan considerando
exclusivamente a la quichua de Santiago del Estero, como “el quechua argentino”,
ignorando la existencia en el territorio nacional de otras variedades dialectales.
En alguna aislada experiencia en un instituto terciario de formación
docente, la enseñanza de la lengua consistía en el análisis
de aspectos gramaticales elementales de la lengua quechua, sin criterios
teóricos-metodológicos acerca del contexto histórico,
social, económico y cultural en el que podría desenvolverse
la realidad de un maestro en zona quichuista.
El sistema de escritura usado, y que aún se insiste en emplear,
es arcaico y producto de una visión hispanista de la lengua.
Hubo entonces sólo la voluntad de introducir el quechua en la
escuela, sin una organización curricular seria, sin una planificación
y sin una evaluación de los resultados.
PROPUESTAS
1. Por negligencia o por prejuicios de los funcionarios, es muy poco
lo que puede esperarse de los organismos gubernamentales y las crecientes
dificultades económicas son la conveniente excusa para desentenderse
de la problemática de las lenguas autóctonas. La constitución
como una ONG de la Asociación de Investigadores en Lengua Quechua
(ADILQ), con sede en la provincia de Tucumán, nos ha permitido desarrollar
una actividad sostenida que, aunque no pueda compensar la deserción
del Estado, al menos asegura continuidad a un conjunto mínimo de acciones
compatibles con una planificación lingüística.
Una de las primeras acciones que la Asociación ha impulsado, es una
de las expresadas en la Declaración Universal de Derechos Lingüísticos:
“la lengua y cultura de cada comunidad lingüística deben ser objeto
de estudio y de investigación a nivel universitario”, no porque se
trate de un derecho solamente sino porque como expresa Moreno Cabrera (2000:230):
“los lingüistas ante la diversidad de lenguas, debemos demostrar que
nos importa el estudio de todas las lenguas, pues todas las lenguas son de
la misma especie, pero debemos demostrarlo de modo más inmediato respecto
de las lenguas que van con seguridad a desaparecer en pocos años; otra
actitud conllevará indefectiblemente un desprecio que no puede radicar
en otro sitio que no sea la discriminación lingüística
contra la que estamos obligados a luchar ética y científicamente”.
Trabajando en esta dirección, se ha concretado la publicación
de dos estudios descriptivos, el primero de ellos fue publicado por la Universidad
Nacional de Tucumán (Alderetes: 2001), y el segundo es una compilación
que rescata el trabajo del fallecido lingüista Ricardo L.J.Nardi
(Albarracín-Tebes-Alderetes 2002). Además de los estudios
dirigidos al tratamiento de la morfología y la sintaxis, investigadores
de la Asociación han encarado el estudio de la estructura discursiva
y textual de la variedad quechua santiagueña.
Mediante el dictado de cursos de lingüística quechua en
el ámbito de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
Nacional de Tucumán, se procura incentivar el interés de los
estudiantes de postgrado, en la elección de temas de tesis relacionados
con esta problemática.
2. La formación en institutos terciarios merece especial análisis.
No existe en este momento, en la provincia de Santiago del Estero, las carreras
de docente o auxiliar bilingüe. Si tenemos en cuenta que en los últimos
años se ha producido una saturación del número de
maestros egresados y que no logran insertarse en el mercado laboral, se
propone como una alternativa válida el cambio de la caja curricular
a los fines de lograr recursos humanos para la educación bilingüe.
Una gran ventaja es la existencia de institutos de formación docente
en zonas de habla quechua, lo que en el caso de llevar a cabo experiencias
de educación bilingüe, permitiría al maestro contar con
un apoyo pedagógico permanente.
La capacitación óptima de los docentes rurales debe planificarse
en tres áreas básicas: pedagogía, lingüística
aplicada y antropología. Lo pedagógico permitiría afrontar
con éxito las tareas de la docencia. La lingüística aplicada
permitiría desarrollar con eficiencia un programa de educación
bilingüe. La antropología permitiría el conocimiento
de la cultura del educando ( Taipe Campos 1998: 15).
Es lógico que la profesionalización de docentes en esta
área debería plantearse como objetivo general que el docente
sea capaz de apropiarse de actitudes positivas hacia el pluralismo lingüístico
y cultural, con una concepción pedagógica ampliamente democrática.
3. En el caso de Santiago del Estero la implementación de la
educación bilingüe requiere una planificación lingüística
rigurosa, ya que se trata de una lengua sin tradición escrita o muy
escasa. “La escritura en su lengua puede contribuir a que los quechuahablantes
autoestimen su propio idioma y cuestionen la situación diglósica
en el país. Un pueblo que, gracias a los textos escritos en su propia
lengua, conserva y respeta su historia y sus tradiciones, mantendrá
su propia identidad y resistirá mejor la alienación y asimilación
a la cultura dominante” (Gugenberger 1992: 172) A pesar de que en las experiencias
realizadas, mencionadas en el punto anterior, hubo producciones escritas,
no se puede hablar de una tradición escrita uniforme y profundamente
arraigada. Además el sistema de escritura, mayormente empleado implica
una fuerte presencia de la cultura castellana, como expresión de un
colonialismo vigente. Se trata de lo que Xavier Albó llamaría
un simple museo filológico con empleo de grafías como H, C,
CK. Según este mismo autor (Albó 1992:110): “Un buen
alfabeto debe ser lingüísticamente consistente (...) Cuando los
lingüistas se han enfrentado con la necesidad de reducir a un sistema
escrito algún idioma previamente no codificado, a lo que han dado mayor
importancia ha sido al llamado principio fonémico: Cada sonido estructuralmente
contrastante y significativo (i.e., fonema) de la lengua debe estar representado
por un signo único: y a cada signo debe corresponder un solo fonema.
Este criterio es tenido en cuenta por prácticamente todos los lingüistas
profesionales en las descripciones fonológicas de las lenguas que
analizan y, por extensión, en los demás materiales lingüísticos
que transcriben o generan”.
En este sentido nuestra institución se inclina por el uso de
un alfabeto panquechua para la variedad de Santiago del Estero, al menos
para los trabajos científicos, hasta tanto sea posible instalar
un debate sobre la escritura, en el que la comunidad quechuahablante tenga
una participación real y efectiva. No deben olvidarse las advertencias
de Cerrón–Palomino (1987: 685) en cuanto a que la proliferación
de alfabetos es uno de los primeros obstáculos que impiden el desarrollo
escrito de una lengua y que la existencia de alfabetos de naturaleza eminentemente
transcripcional no es casual, sino que son sistemas transicionales usados
por quienes ven en el quechua sólo un medio para llegar al castellano.
Este autor opina además que las dificultades iniciales que, desde
el punto de vista pedagógico y práctico, implica un sistema
escriturario de corte etimológico, podrán ser superados cuando
se tome conciencia de la importancia de contar con un sistema de escritura
que amplíe considerablemente el circuito comunicativo y trascendiendo
el nivel puramente localista.
4. Resulta indispensable además la producción de material
didáctico adecuado a la realidad cultural de los alumnos. Jung (1992:286)
utiliza la palabra “alienación” para referirse a la actual situación
de los niños quechuahablantes que están siendo educados con
material que no refleja sus experiencias.
En la elaboración de este material se contemplará la alfabetización
paralela en quechua y en castellano. El propósito de enseñar
la lengua oficial como segunda lengua es lograr un medio de comunicación
interna (nacional) que permita el desarrollo social, económico y
político del país; mientras que la razón para dar instrucción
en lengua vernácula es revalorizarla y conservarla (Zúñiga
Castillo 1992:260).
Por otro lado no se puede negar la existencia de innumerables obras
de la literatura quechua ( coplas, canciones, relatos, adivinanzas, leyendas)
que no han sido recopiladas y que constituyen material valioso de estudio
para conocer aspectos de una cultura que merece ser reconocida, sin
tener que recurrir a la traducción de obras de la cultura dominante
a la dominada, al menos no en esta etapa.
CONCLUSIONES
Hasta aquí se han planteado sólo algunas pocas propuestas;
hay otros temas a definir como los métodos de lecto–escritura más
convenientes para utilizar, por ejemplo. Más allá de que en
la práctica, las dificultades para la implementación de un
programa de EIB puedan ser planteados como un problema presupuestario, creemos
que en realidad se trata no sólo de una cuestión de política
educativa sino también ideológica.
Los lingüistas no pueden permanecer indiferentes a la situación
de inequidad que se crea cuando las minorías no son educadas en su
propia lengua, ni tampoco pueden ser indiferentes a la catástrofe
que puede significar la desaparición de lenguas en el futuro. Es decir
todos tenemos un grado de responsabilidad en la particular situación
que nos toca vivir a partir de la pluralidad idiomática y cultural.
Vivimos un momento de profunda crisis y quizás sea la ocasión
propicia para rediseñar las instituciones, creando redes entre
todas las manifestaciones lingüísticas y culturales, propias
de una sociedad democrática y pluricultural.
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