Lenguas Vernáculas:
La escritura como estrategia defensiva
Lelia Inés Albarracín
Jorge Ricardo Alderetes
Asociación Investigadores en Lengua Quechua
Universidad Nacional de Tucumán
adilq@hotmail.com
INTRODUCCION
A nivel internacional la protección de los derechos lingüísticos
de las minorías ha adquirido las características de una problemática
de tanta importancia como la conservación del medio ambiente. Esta
preocupación contrasta con la marcada indiferencia en Argentina
por esta temática. Así como el inglés ejerce una suerte
de imperialismo lingüístico - consecuencia del fenómeno
de globalización - que amenaza a otras lenguas, hacia el interior
de nuestro país es la imposición del español como “lengua
nacional” lo que amenaza a nuestras lenguas vernáculas. En
este trabajo analizaremos algunos aspectos controversiales referidos al
uso de la escritura en las lenguas vernáculas y en particular nos
referiremos a la situación de la lengua quechua de Santiago del Estero,
que cuenta con aproximadamente 160.000 hablantes en dicha provincia y con
una cifra similar de hablantes distribuidos por todo el país.
ESCRITURA Y DERECHOS LINGÜÍSTICOS
La Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos
(Barcelona, Junio de 1996), en su Preámbulo señala algunos
de los factores que contribuyen a poner en riesgo la diversidad lingüística
del planeta:
«La secular tendencia unificadora de la mayoría de los
Estados a reducir la diversidad y a favorecer actitudes adversas a la
pluralidad cultural y al pluralismo lingüístico.
El proceso de mundialización de la economía y, en consecuencia,
del mercado de la información, la comunicación y la cultura,
que afecta a los ámbitos de relación y a las formas de interacción
que garantizan la cohesión interna de cada comunidad lingüística.
El modelo economicista de crecimiento propugnado por los grupos económicos
transnacionales, que pretende identificar la desregulación con el
progreso y el individualismo competitivo con la libertad, cosa que genera
graves y crecientes desigualdades económicas, sociales, culturales
y linguísticas».
Y en su Artículo 3.2, la Declaración señala
como derechos de los grupos lingüísticos:
«el derecho a la enseñanza de la propia lengua y cultura;
el derecho a disponer de servicios culturales; el derecho a una presencia
equitativa de la lengua y la cultura del grupo en los medios de comunicación;
el derecho a ser atendidos en su lengua en los organismos oficiales y en
las relaciones socioeconómicas»,
Si analizamos los derechos lingüísticos en el contexto
de los derechos humanos, encontraremos que hay dos situaciones que se interrelacionan
pero que requieren un análisis por separado. Por un lado tenemos
el derecho de los individuos y comunidades lingüísticas minoritarias
“a no ser discriminados por hablar una lengua diferente de la oficial”
y por el otro el derecho de esas comunidades “a usar, desarrollar
y promover su propia lengua”.
La preservación y promoción de la lengua quechua, entre
otras lenguas minoritarias, la producción de textos destinados
a la alfabetización bilingüe intercultural, el uso de la lengua
con fines administrativos, jurídicos, de salud pública, etc.,
son derechos para cuyo efectivo ejercicio obviamente la escritura ocupa
un lugar preponderante.
ESCRITURA Y ETNICIDAD
Así como los pueblos indígenas son doblemente discriminados
y excluidos, por ser pobres y por su origen étnico, en nuestro país
hay comunidades que no se consideran indígenas pero que también
sufren una doble discriminación y exclusión, en este caso
por ser igualmente pobres y por ser portadores de una cultura diferente
a la de la sociedad dominante. Es el caso de la comunidad quechuahablante
del dialecto de Santiago del Estero, cuya población es principalmente
criolla. Sus hablantes están dispersos por todo el país, pero
las mayores concentraciones están en las provincias de Santiago del
Estero y Buenos Aires. En particular, el área quechuahablante santiagueña
es una de las regiones más pobres del país: en Santiago del
Estero el 55,9% de la población está por debajo de la Línea
de Pobreza.
En este apartado nos interesa señalar que el tratamiento de
la problemática de las lenguas vernáculas desde un punto de
visto exclusivamente étnico, conduce a nuevas exclusiones. La mejor
prueba la tenemos con el Censo Nacional 2001 de Población, Hogares
y Viviendas, en donde la segunda pregunta de la cédula censal interroga
por la pertenencia a 17 etnias posibles y ninguna de ellas incluye a los
quechuahablantes. Otro ejemplo lo constituye el Programa de Formación
en Educación Intercultural Bilingüe para los Países
Andinos (PROEIB Andes), del que nuestro país forma parte, que en
las bases de su Segundo Concurso Regional de Investigación (2001)
establece: “También podrán presentar propuestas investigadores
residentes en la Argentina, cuando sus propuestas se refieran de manera
explícita a la problemática educativa indígena de
uno o más de los siguientes países andinos: Bolivia, Colombia,
Chile, Ecuador y Perú o a poblaciones indígenas migrantes
de los mismos en territorio argentino.” Es evidente entonces que la comunidad
quechuahablante del dialecto de Santiago del Estero, queda explícitamente
excluida ya que su población ni se considera indígena ni
es oriunda de esos países. Esto nos demuestra que la cuestión
de la preservación de la lengua (vinculada de algún modo
con la escritura, como veremos más adelante) debe, en algunos casos,
considerarse en forma separada o paralela a la cuestión de la identidad
étnica. Sin embargo, parece generalizada la idea de que el concepto
de educación intercultural bilingüe sólo tiene validez
en los espacios indígenas.
Investigaciones recientes sobre lenguas en contacto, (Speranza 2001,
García & Lucas 2001) muestran que los movimientos migratorios
desde las zonas rurales hacia las urbes, originan complejas situaciones
de multiculturalidad en aulas de escuelas urbanas o suburbanas, donde conviven
niños monolingües en español junto a niños bilingües,
no necesariamente indígenas, en cuyos hogares se hablan lenguas
vernáculas como el quechua o el guaraní, e inclusive lenguas
no americanas. Vemos pues que la diversidad cultural de nuestra población
escolar sobrepasa lo puramente indígena. Nuestro sistema educativo
debe asumir esta realidad y atender la problemática del contacto de
lenguas, que se manifiesta en hechos de variación lingüística
claramente observables en la producción escrita de nuestros alumnos.
ESCRITURA Y PODER
Algunos investigadores sostienen que la introducción de la
escritura en una comunidad cuya cultura es ágrafa, puede significar
la pérdida de su identidad, o al menos, el agravamiento del proceso
de aculturación. Argumentan que la educación intercultural
bilingüe, basada en la escritura, atenta contra el carácter
oral de la identidad indígena y colectiva, e interfiere con el proceso
de transmisión oral de los conocimientos, de su espiritualidad,
del aprendizaje no-formal característico de las culturas ágrafas.
Este tipo de afirmaciones no pueden realizarse en forma genérica
ya que si bien es cierto que en algunos casos ciertos grupos podrían
resultar agredidos, en otros por el contrario, podrían permitir
modificar las relaciones de poder aprovechando ciertas funciones de la escritura.
Desde este punto vista, nos atreveríamos a afirmar que la conveniencia
del desarrollo de la escritura para alguna lengua minoritaria en particular,
dependerá en última instancia del grado en que ayude a incrementar
el poder de ese grupo subordinado.
Al plantear que lengua y cultura pueden ser herramientas de poder
- puesto que logran establecer desigualdad entre los habitantes de un
mismo país - vemos que es imposible considerar el problema lingüístico
sin ponerlo en un contexto político, económico y social.
La relación entre escritura y desarrollo de poder evidentemente
tiene conexión con el incremento del estatus de una lengua discriminada
y de la propia valoración que hacen los hablantes de su lengua. Como
señalaba Paulo Freire (1970:58): “La autodesvalorización
es otra característica de los oprimidos. Resulta de la introyección
que ellos hacen de la visión que de ellos tienen los opresores (...).
Hasta el momento en que los oprimidos no toman conciencia de las razones
de su estado de opresión, ‘aceptan’ fatalistamente su explotación.
Más aún, probablemente asuman posiciones pasivas, alejadas
en relación a la necesidad de su propia lucha por la conquista de
la libertad y de su afirmación en el mundo”.
ESCRITURA Y PRESERVACION
Quienes desde una posición purista sostienen que las culturas
ágrafas tienen derecho a seguir siendo ágrafas, que la introducción
de la escritura para las lenguas vernáculas es un atentado a la
identidad cultural de las respectivas comunidades de hablantes, olvidan
que el principal peligro de aculturación es la alfabetización
forzosa en castellano. Además, nuestras escuelas no cuentan
con docentes capacitados para enseñar principal o exclusivamente
a través del medio oral.
De allí que la escritura sea virtualmente necesaria para la
implementación de un programa formal de educación intercultural
bilingüe, utilizando la lengua no sólo como contenido sino también
como herramienta de instrucción. Obviamente, la preparación
de los textos y el material educativo necesarios, requiere de una versión
escrita de la lengua. Sin embargo, en nuestro país la posibilidad de
la estandarización del quechua ni siquiera ha sido debatida. En
la Argentina hay por lo menos tres dialectos quechuas y si la enseñanza
de la lengua escrita implica la elección de una variedad o dialecto
considerado estándar, deben tomarse los recaudos necesarios para
evitar que dicha elección sea utilizada como un mecanismo de marginación
de otros dialectos o variedades diferentes. Con justa razón Moreno
Cabrera (2000: 167) advierte:
“En conclusión, los conceptos de codificación, normalización,
estandarización y fijación tienen un claro trasfondo ideológico
y no son, por tanto, puramente lingüísticos. Definir el concepto
de lengua utilizándolos es la manera de la que se valen las culturas
dominantes para justificar la imposición de su variedad lingüística
sobre las de los demás.
La escritura, considerada por muchos como el origen último
de la estandarización y homogeneización de una lengua, es
un invento, es algo artificial para lo que los seres humanos no nacemos
preparados. Las lenguas se adquieren de modo natural, sin instrucción
específica alguna, pero la escritura debe enseñarse mediante
acciones educativas específicas y ha de aprenderse a base de un
esfuerzo continuado. Ese esfuerzo, normalmente, merece la pena.”
En la opinión de numerosos especialistas, la estandarización
parece ayudar a la preservación de las lenguas vernáculas,
sin embargo, advierten que la relación entre uso de la escritura
y preservación de la lengua dista de ser directa.
En tres casos analizados por Hornberger (1995) acerca de las
funciones y usos de la escritura, podemos ver que a las personas involucradas,
al verse forzadas a escribir en quechua, les permitió desarrollar
habilidades lingüísticas y de uso de la escritura que de otra
manera no hubieran desarrollado, y que la oportunidad de desarrollar esas
habilidades lingüísticas y de uso de la escritura incrementó
su autoestima. Al mismo tiempo, Hornberger señala que si bien un
sentido de justicia social exige que se permita a las minorías lingüísticas
mantener su(s) propia(s) lengua(s), y que comúnmente se considera
el uso de la escritura como un medio muy importante para hacerlo, la relación
entre desarrollo de la escritura y preservación de la lengua es,
sin embargo, muy compleja.
Por su parte, Fishman (1991) ha señalado la importancia del
uso de la escritura en los esfuerzos de las minorías lingüísticas
por revertir la sustitución lingüística en sus propias
comunidades. En el desarrollo de una teoría de la inversión
de la sustitución lingüística, Fishman perfila ocho
etapas que podrían servir de guía para establecer prioridades
en dichos esfuerzos. Las últimas cinco de las ocho etapas se fundamentan
en el uso de la escritura.
Es evidente la amplia gama de funciones posibles que puede tener
el uso de la escritura en algún contexto lingüístico
y cultural en particular, funciones que pueden o no tender hacia la preservación
de la lengua y la cultura. La naturaleza y las funciones del uso de la
escritura varían de cultura a cultura y están vinculadas a
las estructuras culturales y de poder de la sociedad.
Aunque parezca obvio, antes de desarrollar y de establecer una escritura,
debemos preguntarnos cuál es el propósito de dicha acción,
qué fines se persiguen y cuáles serán los usos que
se le dará.
ESCRITURA Y EDUCACION
Cuando Moreno Cabrera (2000: 165) señala que: “ ... por muchos
diccionarios que haya y por muchas gramáticas que existan de una
lengua, no se produce ningún tipo de fijación lingüística,
de estabilidad: la lengua hablada sigue su ritmo y su curso exactamente
igual que si esa lengua no fuera escrita. La lengua escrita no paraliza
el dinamismo y diversificación de la lengua hablada: ésta
sigue su curso.”, esta autor está reafirmando el concepto de
que la escritura no supone un cambio cualitativo de las lenguas habladas
puesto que éstas siguen teniendo las mismas características
esenciales que las que tenían cuando no se escribían. Estas
reflexiones debieran disipar el temor de aquellos que presuponen que la
introducción de la escritura pudiera atentar contra las características
de la lengua hablada, un argumento muy recurrido por quienes se oponen a
la estandarización de la lengua.
También están quienes sostienen que aquellos que trabajan
la alfabetización en lengua vernácula utilizan gramáticas
escritas que no forman parte del patrimonio cultural del pueblo quechuahablante.
En esta crítica hay algo de verdad, pero no por el uso en
sí mismo de la escritura, sino porque esas gramáticas han
sido desarrolladas desde una visión hispánica de la lengua
y con grafías arcaicas. Precisamente, entre las múltiples
carencias que padecen los actores del proceso de enseñanza-aprendizaje
en zonas bilingües quechua-castellano, una de las más sentidas
es la inexistencia de libros destinados a la alfabetización bilingüe
intercultural. Ante la falta de libros de lectura en lengua vernácula
y de manuales de capacitación, la tarea del docente se apoya en bibliografía
que no refleja la cultura de la región. En nuestra opinión,
hay formas de literatura popular en lengua vernácula que se transmiten
oralmente y que debe ser recuperadas para el trabajo aúlico. Para
los alumnos, reconocer en textos escolares sus rostros, su paisaje, su cultura,
es un paso más en la revalorización de su propia forma de
vivir.
La promoción del quechua en la zona bilingüe debería
comenzar a partir de la escuela primaria, pero en la práctica,
el maestro no promueve esta lengua: antes, de hecho, contribuye sin saberlo
a su pérdida irreparable, aún en aquellos casos en que, con
la mejor buena intención, se busca su revalorización. Al mismo
tiempo, el conocimiento del idioma oficial se adquiere sacrificando la
lengua materna, ya que en el sistema educativo se ha internalizado la idea
de que el bilingüismo debe ser combatido. Así, aún cuando
la prohibición de usar el quechua en el ámbito educativo santiagueño
ya no está en vigencia, el maestro no está preparado para
aceptar el pluralismo lingüístico-cultural y procurará
lograr la homogeneidad cultural cercenando el proceso de aprendizaje de
la lengua materna.
Todos los intentos de inserción de la lengua quechua en el
sistema educativo formal, durante los últimos 50 años, constituyeron
más bien actividades de difusión antes que formadoras de
docentes e investigadores. El fracaso quizás también encuentre
su explicación en la obstinada intención de despojar al bilingüismo
quechua-castellano, de toda connotación que éste pudiera
tener de enfrentamiento entre dos culturas y de una relación conflictiva
entre lengua dominante y lengua dominada. La hipótesis de una relación
armoniosa entre ambas lenguas y que la misma se da en un plano de igualdad,
no sólo no se compadece con la realidad sino que además sirve
precisamente de argumento para quienes rechazan todo proyecto educativo
bilingüe intercultural.
CONCLUSIONES
Una adecuada utilización de las funciones de la escritura puede
constituir una estrategia defensiva para la preservación de las
lenguas en peligro de extinción. La muerte de las lenguas no sucede
en comunidades ricas y privilegiadas, sino en aquellas comunidades pobres
y carentes de poder, de allí que el uso de la escritura debería
tender a que los sujetos sean capaces de apropiarse, transformar y mejorar
su realidad, ayudándoles a tomar conciencia de que ellos son portadores
de saberes y conocimientos únicos, acentuando el rol que juega la
valoración de la propia cultura en el proceso de conservación
de una lengua.
Es necesario reflexionar entonces en la directa
incidencia que el desinterés de las autoridades, del sistema educativo
y de los grupos intelectuales pueden tener en la desaparición de
las lenguas: si no atendemos la desigualdad cultural, sólo trabajaremos
para reproducir y profundizar la exclusión de los grupos más
desposeídos y vulnerables, entre ellos nuestros pueblos indígenas.
REFERENCIAS
FISHMAN, JOSHUA (1991) Reversing Language Shift, Clevedon, UK:
Multilingual Matters.
HORNBERGER, NANCY (1995) “Escrituralidad, preservación de la
lengua y derechos humanos lingüísticos: tres casos ilustrativos”,
en ALTERIDADES, 5 (10): Págs. 67-78.
MORENO CABRERA, JUAN CARLOS (2000) La dignidad e igualdad de
las lenguas. Crítica de la discriminación lingüística.
Madrid: Alianza Editorial.