ESCRIBIR UNA LENGUA

Por Hebe Luz Ávila


Una de las capacidades que más distinguen al ser humano es la del habla, es decir el uso de la lengua,  llamada así por ser este órgano el más activo en la articulación del caudal de la voz. El hombre nace ‘infante’ (del latín infans, de in-, ‘no’, más fans, ‘que habla’), pero muy pronto,  entre los ocho y los doce meses, llega a pronunciar (articular) sus primeras palabras.
Podemos definir a una lengua como el sistema de comunicación verbal: es un conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente. La lengua ( una lengua cualquiera, como el español, o el quechua ) es un sistema de signos que emplea una comunidad para comunicarse y que los hablantes aprenden y retienen en su memoria. Se trata de un código que conocen el hablante y el oyente, y pueden usarlo cuando lo necesiten. Este código permite cifrar (codificar) y descifrar (decodificar) mensajes.
Toda lengua es un sistema, esto es un conjunto de elementos (fonemas y monemas) y de reglas (morfología y sintaxis) necesarias para combinarlos, de manera tal que signifiquen algo (semántica). Estos elementos están perfectamente organizados y relacionados entre sí, conformando un sistema.
Básicamente la lengua está constituida por sonidos. Más aún: originariamente, todas son solo habladas y mucho después aparece la escritura. Algunas quedan ágrafas, es decir, sin escritura.
La escritura no es la lengua, como el pentagrama con notas no es la música, el mapa no es el territorio, ni el retrato es la persona.
Es importante saber que la letra escrita no es un sonido.  Una letra puede representar un sonido, pero no es un sonido, sino un símbolo para un sonido, y muchas veces para varios sonidos, o para ninguno. Y hasta hay varias letras para un solo sonido. 
Así, el lector sagaz podrá distinguir que la letra n no suena igual en nene, también (más parecido a ng), enviar y  enfermo (más parecido a m). Que la u no suena en quema ni guiso, que la c es muy distinta en comer y en ceniciento. Y que kilo, camisa y queso comienzan con el mismo sonido, representado por tres letras distintas. 
En todos los idiomas del mundo, la pronunciación y la ortografía no son nada simples. La Lingüística nos enseña cuán ricos y complejos resultan los sistemas de sonido de todas las lenguas. Tanto es así, que para representarlos con un valor universal se maneja un alfabeto fonético internacional donde figuran todos los sonidos que pueden usarse en una lengua: 73 consonantes (con aire pulmonar y con aire no pulmonar), 28 vocales, 17 otros símbolos complementarios y unos 50 más suprasegmentales y diacríticos.
Un código complicadísimo que es el más perfecto (hasta hoy, el revisado en 1993, corregido en 1996, por lo menos el que yo uso, y que es el que emplean los lingüistas con los que estudio) luego de muchas correcciones sucesivas, para adecuarlo continuamente según nuevas observaciones y experiencias, como es lógico.
Lo ideal para escribir exactamente lo que se pronuncia sería aplicar ese alfabeto, que lo usan los lingüistas para representar cualquier lengua con exactitud. El problema es que hay que ser especialista en fonemas (saber fonología) para emplearla y dominar un complejísimo sistema, que clasifica las consonantes según el grado de abertura ( oclusivas, fricativas, africadas, nasales, constrictivas, laterales, vibrantes...); .según el punto de articulación (bilabiales, labiodentales, dentales, alveolares, alveolo-predorsales, prepalatales, palatovelares, uvulo-velares, post-velares, faringales, glotales...); según el modo de articulación: sordas o sonoras y normales o velarizadas. Y las vocales, según el grado de abertura ( abiertas y cerradas) y  según el punto de articulación (anteriores y posteriores). Y esto solo para empezar. Pero no tenemos por qué complicar al lector en tanta minuciosidad.
Es que el hablante común no necesita ser lingüista: ni falta que le hace. Tampoco el que emplea una computadora necesita ser ingeniero en computación, ni el ama de casa que usa el freezer deberá ser técnico en refrigeración.
Quien decide la ortografía del castellano es la Real Academia de la Lengua Española, la que está conformada – no podía ser de otra manera – por lingüistas profesionales. Y una de sus tareas fundamentales – Limpia, fija y da esplendor – es velar que todos los usuarios de la lengua compartan una escritura única.
Por otro lado, la tarea del lingüista que se ocupa de la escritura de una lengua, de su ortografía, es estudiar cómo funciona la lengua en el habla real, y nunca cambiar la forma en que los hablantes pronuncian sus palabras. JAMÁS estará en la intención de ningún científico la voluntad de imponer su criterio a una comunidad. No hay ninguna duda de que son los hablantes quienes tienen el derecho exclusivo –y más aún, la obligación- de resolver los destinos de su propia lengua. Los intelectuales, los científicos, especialistas, lingüistas, educadores y estudiosos en general, aportan sus conocimientos y acompañan estos procesos, pero nunca se arrogan el derecho de hablar en nombre de la comunidad. Menos aún tomar decisiones que  resultan exclusivas de los hablantes.

Santiago del Estero, 03-12-03