Zapatero a tus zapatos
 

Por Jorge R.Alderetes *



Responder a los agravios y mentiras que el Sr.Mañuco Paz profiere en su carta del 9/11/03, sería desperdiciar el espacio que tan generosamente Nuevo Diario ha puesto a disposición de quienes verdaderamente y de manera desinteresada hacen algo concreto por la revalorización de la lengua quichua. Agradezco a las autoridades de Nuevo Diario la feliz iniciativa de promover un espacio de discusión en torno a diversos aspectos de la quichua y en donde el intercambio de ideas seguramente redundará en beneficio de una lengua considerada en peligro de extinción  y que es patrimonio cultural de toda la humanidad. La estandarización de la escritura es sólo una parte de un proceso de gran complejidad, lo que en sociolingüística se denomina "la normalización de una lengua", y que involucra, en primer término, a la comunidad de habla, y luego, a especialistas de diversas disciplinas: lingüistas, pedagogos, planificadores, docentes, antropólogos, etc. Aunque parezca obvio, es necesario remarcar que la fijación de una escritura es la resultante de un proceso en el que la comunidad ha tenido una real participación en la toma de las decisiones finales. Una escritura, oficializada mediante ley o decreto, producto de la decisión arbitraria de alguna comisión, de algún funcionario o de algún especialista, docente, lingüista, o lo que fuere, sin que haya mediado una consulta a la comunidad de habla, es una clara violación a los derechos lingüísticos de la misma y, por lo tanto, de sus derechos humanos esenciales.  Es más que evidente, que una consulta de esta envergadura sólo puede realizarse en el marco de una planificación con la participación efectiva del Estado, provincial y nacional, y con la asignación de las partidas presupuestarias necesarias. En otras palabras, la fijación de un alfabeto oficial es un trabajo colectivo y su legitimidad inicial depende del grado de participación que la comunidad haya tenido en el mismo. Pero la cuestión no se agota allí.  Al ser parte del proceso de normalización, todo alfabeto exige un monitoreo y un seguimiento para poder hacer los ajustes necesarios en función de los resultados obtenidos en las aulas, bajo programas de educación intercultural bilingüe (EIB) perfectamente delineados. Frente a un alfabeto arcaico y de diseño defectuoso, es lícito que literatos, docentes, lingüistas, etc., busquen y ensayen otras alternativas más acordes no sólo a los conceptos de la lingüística moderna, sino también a la enseñanza en un marco de plurilingüismo y multiculturalidad. Pretender censurar el trabajo científico y la reproducción de textos con alfabetos diferentes al de Domingo Bravo, nos llevaría a prohibir en territorio santiagueño el uso del Alfabeto Fonético Internacional. Confundir lengua con escritura, escritura con identidad e identidad con discriminación, es propio de personas ignorantes de la temática.  De igual modo, confundir alfabetización en lengua materna y EIB con cursillos rudimentarios de quichua-castellano, es propio de personas carentes de idoneidad en la disciplina.  De allí que Paz no responda al tema central de mi carta, en donde el tema en cuestión es cómo se concilian actitudes xenófobas y, al mismo tiempo, con desvergonzada hipocresía, se es cómplice e instrumento de organizaciones extranjeras que pretenden lucrar con la comunidad quichuablante no sólo de Santiago sino de toda la Argentina.

                                                                            Jorge R. Alderetes
                                                        (*) Asociación de Investigadores en Lengua Quechua