En una polémica se discuten ideas
 

Por Hebe Luz Ávila



Con sorpresa descubro en el Suplemento CULTURA Y EDUCACIÓN  de NUEVO DIARIO, del 9-11-03 una polémica que en un primer momento pensé que era sobre el quechua y su signografía, pero que a mi entender estriba en determinar quiénes tienen derecho a ocuparse de los temas regionales, con dos posturas:

° una implícita (Atila Karlovich, Jorge R.Alderetes) que entienden que pueden hacerlo todos los que se sientan motivados por ellos, con buenas intenciones, y estén preparados para hacerlo;
° otra explicitada y defendida apasionadamente (Ilda Juárez de Paz y las prof. del área de Lingüística Regional de la UNSE) que sostienen que esta tarea solo debería corresponder a quienes cumplan el único requisito de ser locales, en este caso, santiagueños.

Enterada de la cronología de las publicaciones, me siento llamada a participar porque, por suerte, no podré ser objetada por ninguna de las dos partes, ya que creo cumplir con los requisitos que ambas exigen.
    De todas formas, el tema que debió suscitar la polémica - la estandarización de la escritura del quechua, parte necesaria del complejo proceso que es la normalización lingüística -  da para largo, por lo que creo que ésta será la primera entrega de mi participación en la polémica. Y comenzaré (no puedo obviar mi formación docente) tratando de aclarar la situación.
En efecto, todo comienza cuando Atila Karlovich, Dr.phil. de la Universidad de Zurich,  envía como colaboración una nota que el Nuevo Diario publica el 14/9/03. Su título “¿QUIERE USTED ESCRIBIR EL QUICHUA CORRECTAMENTE?” es muy sugerente con respecto al tema que trata, el que se precisa en el subtítulo ”Signografía versus Panalfabeto”. 
Karlovich, con una visión amplia del problema, presenta la problemática de manera muy clara y didáctica, sin tomar partido ni por la signografía de Bravo ni por el panalfabeto, sino tratando de presentar los pro y los contra de ambos. “La discusión se conduce emocionalmente y con demasiado poco conocimiento de causa” sostiene Karlovich y luego señala : “Es importante que las posiciones queden definidas, con argumentos”.
Al parecer, esta primera aserción sería una de las desencadenantes de la polémica, que curiosamente – desde las polemizadoras - no responde al quechua y su signografía, sino a una serie de expresiones puramente emocionales.
Podría resultar aclarador para los lectores de NUEVO DIARIO desentrañar cómo se ha manejado la controversia desde el punto de vista argumentativo. Así, se puede señalar que  no se encuentran argumentos en las respuestas, sino una serie de expresiones “fuertes”, asertivas, con un modo contundente, que no se presta al diálogo, por lo que el texto más que argumentación, se acerca a la diatriba.
En efecto, desde este lado hay una presentación unilateral, es decir se muestra una sola cara de la moneda (hay una signografía oficial, creada por Bravo, a la que se debe respetar), mientras que Karlovich presenta detalladamente las dos posibilidades (la de D.B. y el panalfabeto) con sus pro y sus contra.
Es de notar que toda la respuesta desde la cátedra de Lingüística de la UNSE gira alrededor de un concepto central: RESPETO, el que actúa como un  término talismán que exalta artificiosamente y con connotación axiológica el aspecto positivo del concepto y deja de lado el menos favorable. Todo término talismán tiene un poder encandilante que prestigia a los conceptos que se le acercan y cubre de oprobio a los que se apartan de él. Por ello IRRESPETUOSO, en la respuesta, resume una serie de descalificaciones que se atribuyen al osado forastero que incursiona en lo que se señala como manifestaciones culturales propias. Y un término asociado termina de completar el significado  con el que se emplea el término RESPETO: HUMILDAD. Así, ser respetuoso sería, en la respuesta que nos ocupa,  aceptar sumisamente  lo oficializado, acatar la autoridad sin discusión. Si en la ciencia y en el conocimiento siempre se hubiera obrado así, todavía creeríamos que la tierra es el centro del universo.
Una polémica o controversia debería ser una discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas. Debe consistir en la discusión de ideas, no en atacar a las personas que intentan discutir. Así, resulta inconcebible que desde este lado se recurra al argumento ad hominem  (literalmente “dirigido al hombre”) En lugar de  disputar sobre la verdad  de una proposición, se desvía el objetivo para atacar algún flanco de la persona que defiende esta proposición . En esto se distingue un argumento ad hominem  de un argumento ad rem, que se refiere al asunto mismo.
De esta manera, hasta el presente, no se ha respondido a la exhortación del Dr. Karlovich de reflexionar acerca de cómo escribiremos los textos en quechua.

           Hebe Luz Ávila