EL QUICHUA YA SE ESCRIBE CORRECTAMENTE
 

Elida  Moreno Paz
Ana T. Sosa de Marchetti
María Inés Bravo de Gentile
*


Desde que la Universidad Nacional de Tucumán aprobó y premió la signografía para el quichua santiagueño propuesta por el profesor Domingo A. Bravo, en el año 1953, y posteriorrnente lo hizo la Càmara de Diputados de nuestra provincia, se le ha conferido a dicha propuesta el respaldo formal que necesitaba el quichua para tener el rango de lengua escrita.
Pretender polemizar sobre lo correcto o lo incorrecto después de medio siglo de respaldo científico e institucional es un absurdo.
Creemos que, en todo caso, se trata de un ardid de personajes que buscan trascendencia en el ámbito cultural por medio de la polémica como herramienta para concretar ese propósito.
De don Atila Karlovich, no sabemos cuáles son sus méritos, sus conocimientos, investigaciones, etc, que lo califican o le confieren autoridad para expresarse tan agresivamente y manifestar tamaño menosprecio hacia la situación que quichua en nuestra provincia.  Por lo que escribe es notorio si ínfimo conocimiento acerca del contexto en el cual pervive el quichua.  Será por eso que su discurso desborda de soberbia y rebosa de vanidad, además de ser irrespetuoso.  En sus dichos, Karlovich interpreta la cuestión erigiéndose, en único iluminado que puede ver con claridad un problema y se permite tratarnos a los santiagueños de ignorantes, irracionales y usa otros calificativos del mismo tenor.  Pretende ser racional conforme a los intereses de una mayoría cultural ajena a nuestro ámbito y creemos que lo conveniente sería procurar ser racional definiendo contextualmente y dándole concreción tempero-espacial al objeto de estudio además de analizar la idiosincrasia de los actores.  Ostenta aires de ser Colón en el universo de la lingüística, descubriendo las Indias con el problema del quichua, cuando nadie lo invitó a subir a las carabelas de la cultura e idiosincrasia santiagueña para izar las velas de la verdad y así, arribar a costas del conocimiento.
Consideramos que no es un extranjero con desconocimiento de nuestras raíces el idóneo para enseñarnos a los santiagueños los valores de nuestras manifestaciones culturales.  La lengua quichua es una de ellas, y es justamente la que con mayor fuerza pone el sello a nuestra identidad, a la que parece no respetarla. Por tanto, Atila Karlovich deberá reconsiderar que las formas de la comunicación en castellano tienen variantes que permiten ser cordiales aún en el disenso, especialmente al dirigirse a quienes en algun momento se han brindado generosamente dándole la posibilidad de aprender algo más. El primer paso para alguien que aspira a la adquisición del saber es practicar la humildad.

(*) Profesoras del área de Lingüística Regional Quichua Santiagueño Castellano "Dr. Domingo Bravo" de la UNSE.