Disertación en I Jornadas de Diversidad Lingüística y Diálogo Intercultural - 5,6 y 7 de mayo - Centro Cultural Paco Urondo, Ciudad de Buenos Aires, organizadas por el Instituto de Lingüística y la Cátedra Libre de Estudios Gallegos, Facultad de Filosofía y Letras, UBA.


Los pasos perdidos de la lengua: Castañumanta Yuyayniy

 

Mercedes Palacio

 

  Castañumanta Yuyayniy (Mis Memorias del Castaño) está escrito íntegramente en quichua y luego traducido al español por Atila Karlovich.

 

  Esta obra del profesor Mario Tebes es de un gran valor literario y pulcritud en el uso de la lengua quichua.   El autor se instala (con sus recuerdos, con sus nostalgias, en su lugar de origen, en su paisaje) y hace memoria para contar sus vivencias. Vivencias que rescata nítidamente, seguramente con la complicidad de la lengua que tanto amó, la lengua de su niñez y adolescencia.   No ha olvidado nada del pago. Tiene presente a su gente, a su familia, a los allegados, en general a los shalacos; es decir, a los habitantes de la costa del río Salado, hablantes de la lengua quichua, que en esa zona prendió fuerte.    Esa gente está presente en sus setenta relatos, de los cuales algunos son cuentos tradicionales que él recrea: Cacuy – Atoj yutuan – Atojan caraypucan burruan – Atoj uturunguan, caranchianta lallipucum y finaliza con un homenaje a su amigo y colega, el profesor Domingo Bravo. Gran investigador del quichua santiagueño, profesor, autor de innumerables publicaciones referidas a la historia de la lengua, su origen, entrada a Santiago y creador de la cátedra de Lingüística Regional en la UNSE, con anexos en Tucumán, Cosquín, Ciudad de Córdoba y en el Instituto de Lingüística de la UBA.   El profesor Tebes dice que se propone dejar en este libro casos que se contaban en las largas sobremesas, mientras tomaban mate. Y que la finalidad era hacer reír. No hay duda de que lo lograban, ya que es mucho el humor que transmite.   Presenta una serie de personajes infaltables en aquellos lugares y en aquellos tiempos.   Se trata de relatos que refieren travesuras, bromas que casi siempre terminan en carcajadas; pero hay otras que hasta han llegado a torcer el destino de los involucrados.   De humor, el caso de Aguitu, a quien ni lo más doloroso lo detenía cuando se trataba de comer y por supuesto, siempre aventajando a quienes debían compartir con él.   Del tío Shimu, que “se alabó a su gusto de no sé cuantas mujeres”; pero todo falso por hacer reír no más.   El cuento subtitulado “Un policía de alma” de mucho humor.   “El auto volador de Don Amado”. “El gringo me ha pellizcado”. Y muchos más.   Hasta un cuento de milagros. Llila Milagrero. Un jovencito que trabajaba como empleado en un boliche. Muy apreciado por todos, pero terminó su vida por una gran borrachera (macha). Después de muchos años a alguien se le ocurrió, durante una gran sequía hacerle una promesa para que hiciera llover. En donde lo habían encontrado muerto, puso una gran tinaja llena de agua. Y parece que así fue. Se largó nomás, la lluvia. 
  Mario Tebes se propone contar también cómo vivían en Figueroa. Los horarios para levantarse, los de las comidas y todo hasta con el más mínimo detalle. En qué consistían los almuerzos, los postres, el pan horneado (si no había se reemplazaba por tortillas), para júbilo de los chicos.    La siesta. Los deberes y otras tareas de ellos. Finalizadas las mismas en silencio podían jugar, juntar leña, acarrear agua, regar las plantas.    Y por la noche, antes de la comida ¡a sacar los catres al patio o a las galerías!.   Muestra un panorama completo del clima, del paisaje. Cuenta cómo se vivía, en todos sus aspectos: la familia, los trabajos rurales, trabajos de hombres y mujeres, la escuela, los maestros, medios de movilidad, la música, las fiestas. Es realmente un valioso testimonio para la historia del lugar.   Y en cuanto a la lengua que usa dice: “me gustaría que lo que cuento aquí muestre cómo hablaban la quichua los viejos shalacos de Figueroa”.     O sea ésta que él usa es la que se hablaba en la primera mitad del sigo XX cuando todavía la empleaban todos y  en todo momento, desde que se levantaban a la mañana y el saludo era “imayna packarimqui”. De los dialectos de Santiago, éste es el considerado más puro.   Y Tebes agrega: “me gustaría que esta obra sirviera de ayuda a los que quieran saber porqué y hasta qué punto el idioma de hoy en día se está empobreciendo cada vez más.”   Antonio Sosa (poeta, músico y escultor), nacido en Villa Atamishqui, en 1953 publicó el poema épico “Pallaspa chincas ‘rishcajta”. Sosa se lamenta de que el poema no pueda llegar a los quichuistas, sus destinatarios naturales, por la falta de escolarización de la lengua. Por lo tanto sólo podrá servir a los estudiosos como documento lingüístico.   Sosa insiste: sin literatura y sin escolarización no hay futuro para la lengua, una vez anulado el contexto ya insalvable de la cultura tradicional y oral.   Mario Tebes sabe muy bien que a pesar de que han pasado casi cincuenta años entre la obra de Sosa y la suya, la alfabetización de los quichuistas ha sido mínima, es decir que el destino de su obra será también ser utilizada por los estudiosos más que por los paisanos quichuistas.   Pueda ser que un día no muy lejano, se den las condiciones favorables para que su obra y la de otros autores de esa lengua, lleguen a quienes no pudieron acceder a ellas, preparados ya, para recibirlas y disfrutarlas.