Este artículo fue publicado originalmente
en:
SAPIENS Nº3 - Museo Arqueológico "DR. OSVALDO
F.A.MENGHIN", Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, Municipalidad de
Chivilcoy, Casa de la Cultura - CHIVILCOY - Provincia de Buenos Aires. 1979
EL KAKÁN, LENGUA DE LOS DIAGUITAS
0. Introducción.
Este artículo es una síntesis de nuestros conocimientos
de la lengua indígena más importante de nuestro Noroeste.
Es el fruto de muchas horas de lectura de fuentes, de anotaciones de campo
y de gabinete con intermitencias al tema a lo largo de más de veinte
años.
Siempre hemos conservado la ilusión de poder
leer alguna vez los inhallables manuscritos del Padre Alonso de Barzana,
pero creemos que ha llegado el momento – antes de traspasar la madurez de
nuestra vida – de intentar un balance provisorio de nuestros magros logros
y, quizás, despertar el interés de algún investigador
más afortunado que nosotros.
Creemos que la vida se desarrolla por ciclos. Nuestro
interés por la Antropología comenzó, por razones familiares,
con el estudio de las lenguas indígenas; luego nos formamos académicamente
en el campo de la Antropología Cultural. Al trasponer nuestro
cénit cronológico deseamos cerrar el ciclo volviendo con cariño
al enigma de la lengua de los Diaguitas, hombres que nacieron, amaron,
sufrieron, lucharon y murieron en nuestro Noroeste o extrañados del
terruño al que se sentían ligados.
Somos plenamente conscientes de las limitaciones
de este estudio. El material lingüístico de que se dispone
no puede tomarse ni siquiera como una muestra de la lengua real. Se puede
trabajar con material cuyo significado se desconoce para determinar la fonología
y la morfología siempre que se posea un corpus donde hallen documentados
todos los casilleros de la lengua. Con el kakán ello no ocurre;
ni siquiera las transcripciones merecen un apreciable grado de confianza.
A pesar de ello, creemos justificado intentar arrojar una mínima
luz sobre la oscuridad que lo rodea.
Sólo es posible hacer algunas observaciones
más o menos fundamentales sobre su repertorio de fonemas apoyándose
en las variantes gráficas de topónimos y antropónimos,
y en las voces regionales. No intentamos una reconstrucción fonética
ni fonémica. Las sencillas grafías que nos llegaron deben
hallarse muy lejos de la representación de los sonidos reales, a juzgar
por los juicios de los cronistas acerca de la pronunciación del kakán.
Con cimientos tan endebles es imposible construir una estructura firme.
1. Nombre de la lengua.
El nombre propio de esta lengua parecer ser el de kaká, también
aplicado a sus hablantes (Barzana, Lozano); se hallan las variantes caca,
kaka, y chaka en otras fuentes (Techo, Cartas Anuas). También se
han empleado las denominaciones de lengua caca-diaguita (Cabrera 1917), lengua
calchaquí (Techo) y lengua catamarcana (Cartas Anuas, 1594-1595).
Para algunos dialectos se ha hablado de lengua capayana (canals Frau 1946)
y de yacampis.
2. Extensión.
Según las fuentes el kakán se hablaba en el valle Calchaquí,
Catamarca, gran parte de La Rioja, parte de Santiago del Estero (la sierra
y el Río Dulce) y norte de San Juan (río Bermejo, Jáchal
y Valle Fértil) (Barzana, Canals Frau 1951, Furlong, Espejo).
3. Conocimiento por parte de europeos y criollos.
El kakán nunca fue una lengua general, por ello no fue muy frecuente
su aprendizaje. Citaremos algunos nombres registrados por los cronistas,
las Cartas Anuas de la Compañía de Jesús y otros documentos.
El P. Alonso de Barzana comenzó su estudio en 1585; lo aprendió
luego de mayo de 1588 y antes de fines de 1590 (Furlong). Barzana y el P.
Pedro Añasco compusieron por 1590 preceptos gramaticales y vocabularios;
Barzana también escribió doctrina cristiana, catecismo, homilías,
sermones, confesionario y plegarias en kakán, pero nunca llegaron
a ser publicados (Cartas Anuas, 1594-1595). Varios otros sacerdotes hablaron
esta lengua: Diego Juárez (1592), los PP. Fernando Monroy y
Juan Viana (1600); los PP. Juan Romero y Gaspar de Monroy, que llegaron a
componer canciones devotas (los Diaguitas gustaban de los cantares a lo divino
en su lengua), catecismo y pláticas en kakán (1601); los PP.
Juan Romero, Juan Darío y el Hno. Antonio Rodríguez (1603),
el P. Horacio Morelli (1609), el P. Diego de Boroa (1611), el P. Juan Bautista
Sansoni (1618-1619), los PP. Juan Cereceda y Antonio Macero (1631), Fr.
Antonio de Andrada (1640). El P. Hernando de Torreblanca fue intérprete
de kakán del famoso aventurero que se hacía llamar Pedro de
Bohórquez Girón (1657). El P. Joseph de Ancheta era el único
que sabía la lengua de los extrañados Quilmes en Buenos Aires
(1666). Algunos sacerdotes, luego de aprender esta lengua, señalaron
que los intérpretes los habían engañado “diciendo mentiras
y una cosa por otra”.
También había laicos que hablaban esta
lengua, como el residente en la ciudad de La Rioja Cristóbal Pereira,
que ofició de intérprete en una información de 1594,
o el escribano Juan de mena (1617), el cabo del fuerte del Pantano Antonio
Calderón (1642) y los Protectores Generales de naturales, como Francisco
Bernardo Picón (1667).
4. Supervivencia de la lengua.
En un primer momento la administración española
y la Iglesia apoyan el aprendizaje de las lenguas indígenas y la
difusión de las lenguas generales (el quechua en nuestro Noroeste).
Pero la tendencia a obligar el aprendizaje del español por parte
de los indígenas va tomando auge. En 1634 y 1636 se dispone que
sea enseñado el español a todos los indios.
En el caso del kakán su declinación
se acentúa por el extrañamiento de parcialidades luego de haber
sido sofocado el alzamiento de Chalimín (1630-1643), luego del fracaso
de la rebelión incitada por Pedro Chamijo (a) Pedro de Bohórquez
Girón (1658-1659) y luego de los triunfos logrados en subsiguientes
guerras llevadas por el gobernador Alonso de mercado y Villacorta (1659
y 1665).
Sin embargo, en 1683, en Tocpo (Tucumán) los
indígenas extrañados de Catamarca aún hablaban mal
el quichua porque comúnmente hablaban su propia lengua; los viejos
sólo sabían la lengua calchaquí y muchas mujeres no hablaban
ni entendían el quichua (Larrouy 1923, p.357). En 1713, en Campogasta
(Chumbicha, Catamarca) una mujer calchaquí “todavía no pronunciaba
bien el idioma del Cuzco, y sólo se acomodaba al suyo” (Larrouy 1914,
p.12).
En 1770 una Real Cédula ordena que se pongan
en práctica medios para conseguir que se extingan los diferentes
idiomas indígenas y que sólo se hable castellano. El
gobernador de Tucumán Gerónimo Matorras, en su segunda gobernación
(1772-1775), toma medidas para desarraigar las lenguas indígenas:
crear escuelas para enseñar a leer en castellano; doctrinar en castellano;
empleo obligatorio del español en casas de ciudad para hablar a los
hijos y sirvientes, y en las casas de campo y haciendas para hablar con
los criados; obligación de saber castellano para poder ser nombrado
cacique, alcalde, fiscal, etc.
5. Rasgos generales.
Marcos A. Morínigo, al ocuparse del español de nuestro
Noroeste, señala la existencia de dos tipos de entonación
pero no da los rasgos fonéticos (acentos, alargamientos vocálicos
y curva tonal) que las caracterizarían. Uno de ellos, el tipo montañés,
se extendería desde las sierras de San Luis y Córdoba hasta
el noroeste de la provincia de Salta, incluyendo toda La Rioja, toda Catamarca
y parte montañosa de Tucumán y Salta (valles Calchaquíes)
(p.674-75). Cree Morínigo que la entonación montañesa
es lo único que queda claro, inconfundible, de la desaparecida lengua
cacana que en el siglo XVII se hablaba todavía en toda la zona montañesa
del noroeste argentino. “Ningún otro rastro quedó de dicha
lengua, ningún vocabulario, ninguna gramática que nos haga
saber algo de ella” (p.99).
Nosotros creemos que es posible que haya quedado
algún substrato kakán en la entonación del Noroeste
sobre todo en la extraña curva melódica y la acentuación
en primera sílaba de algunas palabras dentro del grupo fónico
que ocurre, por ejemplo, en ciertas regiones riojanas. Pero disentimos
con la opinión del distinguido estudiosos cuando dice que ningún
otro rastro quedó de dicha lengua; creemos que el presente trabajo
mostrará la persistencia de varias voces y, con ello, la posibilidad
de traducir algunas expresiones kakanas.
Muy generales y vagos son los datos de las fuentes
acerca de las características de esta lengua. Se la califica
de “revesado Idioma” (Lozano, Hist.Comp.,T.1º,p.16), de lengua “sobremanera
reservada” (id.,p.16), “por extremo reservada” (id.,p.47), “estrañamente
dificil” (id.,p.423), “sobremanera dificil” (id.,p.16); se dice que “no
es fácil de expresar en Idioma tan dificil” (id.,p.426), que el P.
Barzana afirmó que se trataba de la lengua “mas dificultosa para
mí de quantas he aprendido” (id.,p.83) – aunque en una carta de 1594
Barzana escribió que el guaraní “le ha costado más
trabajo que otra ninguna”. El P. Diego Francisco de Altamirano (Cartas
Anuas de 1653 y 1654) lo llama “dificil y barbaro lenguaje”; Lozano (Hist.Comp.,p.16)
lo trata de “aspero Idioma”, “imperceptible” (id.,p.423), “tan gutural
que parece no se instituyó para salir á los labios” (id.,
p.16) e insiste en que “se forman sus voces en solo el paladar” (id.,p.47)
y lo caracteriza como “muy gutural, que apenas le percibe quien no le mamó
con la leche” (id.,p.423).
7. Consideraciones fonéticas y fonológicas.
No sabemos qué connotaciones articulatorias posee la calificación
“gutural” empleada por Lozano (¿sonidos velares y faringales?); en
cambio, el dato de que la articulación es “solo en el paladar” es
algo menos vago que el anterior, aunque no muy restringido.
Sin embargo, se hallan grafías que corresponden
a sonidos de varias series. Pertenecen a la serie labial p, b, f, m.
La b parece corresponder en la mayoría de los casos, dadas las grafías
alternantes, a una consonante continua sin fricción (w) antes
que a una oclusiva labial. Obsérvese, por ejemplo Caliba /
Caliva / Caliua, Aballay / Ayallay / Auallay, Santaba / Santagua, etc.
Pero queda un pequeño residuo en el cual se trataría de una
oclusiva labial sonora: Pimbú (topónimo calchaquí de
1601), los antropónimos Fiblea, Curbay, y algún otro caso.
Existen grafías de la serie dental o alveolar:
t, d, s, n, l, r. La d no parece ser muy frecuente pues solamente aparece
en algún apellido: Dicaño (un indio forastero de Córdoba),
Bindus / Vindus (un Caliano), lo mismo que en algunas voces regionales.
Por otra parte, debemos hacer notar que los Diaguitas del río Dulce
de Santiago del Estero hallados en las andanzas de Francisco de Mendoza (1544)
fueron llamados por cronistas del primer momento Yunguitas o Yugitas, lo
cual hace sospechas en una africada dentoalveolar sonora o en una oclusiva
palatal sonora, en lugar de una oclusiva dentoalveolar. La existencia de
r es muy dudosa. Aparece en algún apellido Quilme (Matapar, Lercaro)
y en muy pocos topónimos (Ambargasta, Ambirigasta); además,
en algún caso, alterna con l (Matalal, Ambalagasta); no se han aislado
morfos comenzados por r.
La serie palatal es una de las más empleadas:
ch, sh, ñ, ll. Es interesante su alta frecuencia en el habla
regional del que fue hábitat de los Diaguitas. En la toponimia y
antroponimia indígenas también ocurre lo mismo, salvo la poca
frecuencia de sh en las fuentes históricas, quizás por la
falta de medio gráfico de representación en el momento de
gran cambio fonético y fonológico del español. La palatal
continua sin fricción (y) también es muy frecuente.
También se hallan grafías de la serie velar: k (c,
qu), g, j. La oclusiva sonora parece haber tenido existencia real,
como lo mostrarían los apellidos Sigamba, Sagante, Mulogon, Magullate.
La fricativa j sin duda formó parte de su sistema fonémico,
como lo muestran el léxico y la toponimia regionales con gran número
de ejemplos (jasi, jana, jume, jushi, piji, pilliján, alijuche, etc.).
Muy probablemente existió una serie postvelar (de allí
la calificación de “gutural” ?) como lo atestiguarían algunas
voces que entraron a formar parte del léxico quichua santiagueño
y poseen fricativa postvelar sorda (wajjalo, sajjasta) y sonora (mishogga,
ochoggo). Asimismo las grafías alternantes en antropónimos
como Cuchicta / Cuchigta / Cuchixta, etc. podrían indicar una postvelar.
No sabemos si existió la oclusiva postvelar sorda (q), pero en el
quichua santiagueño aparece en la voz wago (un ave acuática),
que pensamos corresponde al conocido topónimo kakán Huaco.
Tal vez existió la laringal h, como lo estarían indicando
las grafías ahaho ‘pueblo’, Camanha, Quichanha, Quinhapi y otros
antropónimos kakanos.
Para finalizar este tema solamente queremos
señalar la fluctuación gráfica entre sorda y sonora
(la cual debe originarse en la tradicional mala audición de los españoles
frente a las lenguas indígenas), la correspondencia entre ch y t,
y la existencia de grupos consonánticos no usuales en español,
como -pc- (-bg-),-mll-, -ms-, -dp-, chc-, -shc-, lc-, -llj-, -llm-, -cch-,
-cll-, gp-, -js-, -jt-, -jch-, -jc-, jl-, ll-, -jñ-, -gp-, -gc-.
8. Dialectos.
La existencia de dialectos dentro del kakán surge con claridad
de una afirmación de Lozano: las parcialidades del valle de Calchaquí
hablaban un mismo idioma Kaká, “aunque los Diaguitas y Yacampis
le usaban más corrupto” (Hist. Comp., t.1º, p.423). Techo dice
que los Diaguitas (de Catamarca) eran de lengua afín a los indígenas
del valle de Calchaquí (Tomo quinto, libro décimotercero,
cap.III, p.147). Además, una relación del P. Hernando de Torreblanca
dada a conocer por Francisco de Aparicio nos informa de que hacia 1639 el
gran lenguaraz Antonio Calderón, revisó un vocabulario de
la lengua calchaquí y lo comparó con la lengua hablada en
el fuerte del Pantano y otros lugares de la jurisdicción de Londres
(Catamarca). Según concluyó, la lengua era la misma en lo substancial
aunque “en muchos casos de la pronunciación variaba” (Canals Frau,
p.51).
A esto se deben agregar otras informaciones. Según un dato publicado
por el P. Pablo Cabrera (1917), en 1594 dos caciques de los Llanos de la
Rioja hablaban en lengua capayana, que era traducida a la caca-diaguita por
el indio Periquillo. Otro documento publicado por Canals Frau (1946)
nos dice que en 1591, para la posesión de una encomienda de indios
capayanes riojanos actuaban interpretes que sabían la lengua ayacanbis
o yacanpie (yacampis) y otros que sabía la lengua capayana.
Debemos aclarar que un cacique yacampis se llamaba Santagua (Santaba
es apellido diaguita) y un cacique capayán era Cilpitocla, apellido
éste muy conocido entre diaguitas y calchaquíes. Además,
en 1588, según Lozano, en el valle Calchaquí había
una parcialidad llamada Yacampis.
Pensamos que tanto el Yacampis como el Capayán eran dialectos
del Kakán y no lenguas distintas.
Eusebia H. Martín (1969-1970) postula la existencia de un cacán
septentrional y de un cacán meridional. El primero se caracterizaría
por el empleo de las formas -ao, -aho, -ahaho ‘pueblo’. El segundo,
por el empleo de la forma de significado equivalente -gasta.
Creemos que una subdivisión lingüística basada en
la oposición de un solo par de palabras no tiene sustento científico.
Por otra parte según la misma autora (Martín 1964, p.25)
la mayoría de las formas -gasta se hallan al sur del paralelo de
28º S y la mayoría de las formas -an al norte del mismo.
Ello puede surgir del estudio de la toponimia actual, luego del extrañamiento
de los Diaguitas y de la variación de muchos topónimos. El
análisis de las fuentes de los siglos XVI a XVIII da un panorama algo
distinto. Por ejemplo, al norte del paralelo de 28º S habría
que agregar a la toponimia actual los siguientes nombres documentados:
En Santiago del Estero: Tatingasta, Toamagasta, Collagasta, Tuqiligasta,
Paquingasta, Chiquilagasta. En Tucumán: Yalapagasta, Tafingasta,
Tucumangasta, Guacaragasta, Tavigasta, Suhagasta, Cascagasta, Ampatagasta,
Pissigasta. En Catamarca: Tucumangasta, Paquilingasta, Yngagasta, Asabgasta.
En Salta: Ambirigasta, Sichagasta, Chuchagasta, Taquigasta, Atachigasta,
Ampacgasta.
Con esto se diluye bastante el predominio meridional del -gasta. Además,
su penetración oriental a lo largo de los ríos Dulce
y Salado, donde no se halla -vil, son un apoyo a la afirmación de
Lozano sobre su filiación tonocoté, de cuya lengua puede haber
pasado al kakán.
Asimismo, haremos notar que -vil se halla actualmente al oeste del meridiano
de 65º 50’ O, como afirma Martín (1964, p.25), pero en 1954,
se registró el topónimo Quillovil en el norte de Córdoba,
aproximadamente a los 63º 45’ O (Montes 1950, p.50). Por otra parte,
el área lingüística 3 (SE) del Noroeste que establece
Martín (1964. p.26), la cual sólo poseería la forma
-gasta, según las fuentes históricas también conoció
las formas -ao (por ejemplo, Pasao, en Santiago del Estero, y Niquijao, en
Catamarca) y -vil (el ya citado Quillovil, en Córdoba), aunque su vigencia
sea mucho menor que en otras áreas.
Nosotros aceptamos la existencia de por lo menos un dialecto septentrional
(calchaquí) y otro meridional (diaguita) del kakán, caracterizados
según un experto intérprete por diversidad fonética
(probablemente también fonémica, agregaremos). Pero aclaramos
que para esta división no tomamos en cuenta el empleo de ahaho o de
gasta.
9. Clasificación.
Es imposible realizar una clasificación basada en rasgos lingüísticos
de una entidad que carece de documentación apropiada. Por ello, todos
los ensayos realizados hasta el momento carecen de validez. Uno de los
criterios más empleados como substituto ha sido el de área
cultural. Por ello, el kakán suele ser clasificado como lengua andina.
Se ha querido asignar a dicho término una connotación lingüística;
sin embargo, su valor operativo desde el punto de vista histórico
y genealógico para nosotros es desdeñable.
Tovar (p.31) prefiere emparentar al kakán con el atacameño
(kunsa) por los “rasgos comunes” en la toponimia, como ya había sugerido
Rodolfo R. Schuller en 1908 y como hicieron el P. Wílhelm Schmidt
(1926) con un grupo Cunza-Diaguita y J.Alden Mason (1950) con su grupo Ataguitan.
Pero debemos aclarar que tales rasgos se reducen a terminaciones de grafías
cuyo significado y correcta pronunciación en ambas lenguas se ignora
en casi todos los casos.
No tiene asidero colocar al comechingón dentro del diaguita,
como hicieron Walter Krickeberg y P. Schmidt. Menos aún colocar
al kakán, sanavirón y vilela en la familia Vilela, como pretendió
Chestmir Loukotka, El vilela es suficientemente conocido como para poder
rechazar su relación con el kakán, salvo algún préstamo
léxico fortuito debido al contacto que existió en la frontera
santiagueña.
Otros autores locales con mucho menor conocimiento lingüístico
han creído ver semejanzas con el huarpe o el mapuche. Muy prudente
estuvo Imbelloni al considerar al kakán como lengua extinta e inclasificada
del Noroeste. No lo citan en sus clasificaciones modernas entre otros, Sol
Tax y Charles F. y Florence M..Voegelin.
10. Observaciones críticas metodológicas.
La búsqueda en archivos y repositorios documentales para tratar
de hallar los manuscritos de artes, vocabularios y otros materiales lingüísticos
kakanos elaborados por los misioneros ha resultado infructuosa hasta ahora.
Otra vía ensayada ha sido el análisis de la toponimia.
Las dificultades con que se han enfrentado los ensayos realizados han sido
enormes. Es muy difícil trabajar con secuencias de sonidos cuyo significado
es desconocido. Por una parte, se ha perdido mucho tiempo con especulaciones
de gabinete; en otros casos, loas autores han carecido de dotes de observación
y registro, en los trabajos de campo. Se ha desdeñado muchas
veces el recurrir a 1os “yarcos”, los “pilillos”o las “hilachitas”, poseedores
de un rico tesoro lingüístico.
Es un grosero error recurrir indiscriminadamente a interpretaciones
mediante otras lenguas indígenas cuando se sabe por los cronistas
que el kakán era una lengua particular, distinta de las otras conocidas.
Para aceptar la posibilidad de préstamos hay que ejercer una rigurosa
crítica y en este punto se ha mostrado una ignorancia total de los
procesos de aculturación.
Además, cada lengua posee una tradición en cuanto a los
modelos expresivos y, por otra parte, un sistema propio de encasillamiento
de la realidad. Por ejemplo, en alguna lengua el casillero agua podría
connotar no solamente en concepto de elemento agua, sino también nuestros
conceptos de río, arroyo, manantial, etc. Las posibilidades
en cuanto a modelos de construcción y a referencia a rasgos o notas
de los objetos son infinitas,
Otro hecho que debe destacarse, más aún en el caso de
1os que deben trabajar con expresiones de significado desconocido, es que
el nombre de un accidente geográfico no implica necesariamente una
referencia a un rasgo físico esencial del mismo. Por ejemplo, si
bien un río puede llamarse Agua Blanca, el nombre de otro puede
no hacer ninguna referencia al agua; podría ocurrir que su denominación
se refiriera a un cerro próximo, a un hecho sucedido en sus inmediaciones
o a cualquier otro accidente. Lo mismo vale con cualquier otro rasgo físiográfico.
Muchos estudiosos que han contribuido con importantes trabajos históricos,
lexicográficos o de otra índole han incurrido en graves errores
al especular sobre la toponimia del área diaguita.
Un error por desconocimiento es tomar como kakanas voces españolas
o de otro origen, como hizo Adán Quiroga con aloja, chamiza, chifle,
iguana, mogote, sotrera, tuna, y otras, o considerarlas indigenismos, como
fue el caso de Lafone Quevedo con aloja, cocho, chicha, hozar, jarana, jarilla,
jején, macho (‘mulo’), manta, noque, paila, pegual, pericote, salamanca,
sébila, sucucho, uraco, yoli, etc.
Además, estos improvisados lingüistas se han movido con
gran desaprensión en el peligroso campo de las etimologías.
Para ellos no había barreras, echaban mano a secuencias de sonidos
de cualquier lengua, creaban curiosos cocktails con desconocimiento de las
estructuras morfo-sintácticas, de las equivalencias fonéticas
y de la historia étnica 1ocal, Por otra parte, cuando recurrían
al quechua citaban dialectos peruanos, ignorantes de los dialectos argentinos,
La etimología que hace Lafone Quevedo del apellido kakán
Balinchay (p.68) es un ejemplo de desatino lingüístico;
lo mismo puede decir del caso del topónimo Bilgo (p.71) y de otras
voces más. Le daba lo mismo recurrir al mapuche, al quechua,
a las lenguas del Chaco o al kakán supuesto por él. El prestigioso
P. Pablo Cabrera, en diversas obras publicadas en un lapso de más
de veinte años, fue otro campeón en la falta de respeto por
la morfología y la sintaxis indígenas. En sus escritos
se puede hallar extraños híbridos del quechua con el vilela,
el jurí, el lule, el kakán, y también del aymara con
el vilela. Incluso halló rastros de lengua atacameña
en Córdoba.
Con algo más de mesura, el Prof. Antonio Serrano creyó
inferir la presencia de un substrato lingüístico muy antiguo,
quizás un “primitivo” aymara, “que se extendió por gran parte
del territorio argentino hasta más allá de Córdoba
y San Luis” (1936,p.13); más tarde (1945, p.320) consideró
que ese “preaimará” no podría ser más que el cunza;
también afirmó que parece evidente la vinculación del
kakán con el aymara “sea como forma dialectal de arrinconamiento o
por aportes lingüísticos substanciales a lenguas preexistentes”
(1936, p.13).
El Dr. Manuel Lizondo Borda (1938) tuvo la curiosa idea de interpretar
nombres seguramente kakanos (como Balasto, Anfama, Aconquija, Tucumán,
etc.) mediante étimos aymaras con total desconocimiento de la morfoxintaxis
y las correspondencias fonéticas. Además echó
mano de híbridos del aymara y kakán o aymara y lule, De todas
sus especulaciones dedujo que el kakán, sí no fue aimara puro,
fue nada menos que un dialecto del mismo con influencia del kunza, lule y
tonocoté,
El Dr. Orestes Di Lullo, autor de muy importantes trabajos sobre el
folklore de Santiago del Estero, también cayó en el error
de inventar híbridos de aymara con abipón, quechua con toba,
lule con kakán, quechua con araucano, etc.; asimismo consideró
indigenismos a voces de segura filiación española, como cincha,
salamanca, uraco; o derivó del quechua la voz malacate. Un
solo ejemplo es suficiente: el topónimo Anchalco lo interpreta como
‘peña alta del perro’ forzando al kakán y al quechua, o como
‘alto o loma del perro malo’ o ‘loma mala del pero’ abusando del quechua,
kakán y araucano (p.41).
Julio S. Storni, que - para usar una brillante expresión que
oí una vez de una persona muy aguda - poseía una “ignorancia
enciclopédica” en cuestiones de método lingüístico,
nos ofrece la siguiente etimología del topónimo tucumano
Vipos: del quechua wich, wi ‘cuesta’ y pu ‘acción realizada en contra’,
o sea ‘pendiente u cuesta dificultosa’. En realidad, se trata del nombre
de un pez, el wipo, conocido en Tucumán y Santiago del Estero, incorporado
al quichua santiagueño y seguramente de origen kakán.
Se podrían multiplicar las citas con desatinos.
Rogelio Díaz L. y Rogelio Díaz (h) son otros campeones
del desconocimiento metodológico: Niquivil lo derivan del lule;
Gualilán, del araucano y vejez, Malimán, del araucano.
José Vicente Solá, autor de un muy importante diccionario
con voces recogidas en la provincia de Salta, aunque en general elude las
cuestiones etimológicas oscuras, no pudo escapar a la tentación
de hacer alguna deducción equivocada como es la etimología
de la voz mistol (nombre seguramente kakán de una planta) mediante
el quechua miski-tullu, que él traduce ‘cosa dulce’ (tullu es hueso
y, además, en el sur de Salta - como en Santiago del Estero - el
adjetivo se pospone al sustantivo).
Antonio Serrano (1936) hace una lista de 17 voces y variantes, para
él indudablemente kakanas, pero comete dos errores: querer interpretar
el kakán mediante el quechua y el aymara y considerar kakanas voces
quechuas ( por ej., occotti, corota, pecana).
No queremos dedicar más espacio a las citas de graves errores
cometidos por aficionados; creemos que basta con la pequeñísima
muestra ofrecida. Al mismo tiempo, consideramos un deber de justicia volver
a ocuparnos de Samuel A. Lafone Quevedo, el más ilustre de los aficionados
al estudio de las lenguas indígenas de la Argentina. Él
también pensó que la lengua atacameña posiblemente era
un “codialecto” del kakán y en el capítulo VI de su Tesoro de
Catamarqueñismos suministra una lista de 24 voces y “terminaciones”
de supuesto origen kakán (entre ellas se hallan las voces quechuas
cocavi, churqui y caraguay). Pero en el texto del Tesoro se hallan unas 50
voces posiblemente kakanas entre más de 100 que para él podrían
ser de tal origen, y dicha contribución es valiosa.
Lafone Quevedo poseía gran “olfato” filológico y algo
de lo que él afirmó guiado por su intuición e imaginación
luego recibió apoyo documental. Queremos citar un ejemplo:
la terminación ango o anco figura con cierta frecuencia en la toponimia
del área diaguita. Lafone Quevedo dijo que “muy bien puede
encerrar la raíz co, agua” (p.30); otra interpretación que
hizo fue “una aguada o manantial ubicado en una falda, An” (p.31) y, por fin
“faldas o costa”; an, alto; y cu, partícula de pluralidad; esto es
si en ango no tenemos la voz cacana que diga “agua”“(p.169). Comprendemos
su vacilación ante los étimos alternantes. Por una parte influye
el ko ‘agua’ en lengua mapuche y el pretendido morfema que él
aisla en el quechua yaku ‘agua’. Por otra parte piensa en el cuzqueño
clásico hana ‘encima, arriba, parte superior’ (en dialectos argentinos
ánaj). Como luego veremos, la verdad - intuida por él - es
que ango significa ‘agua’ en kakán.
11. Material léxico
conocido.
Hasta el momento la fuente más importante que explícitamente
consigna voces kakanas es el P. Pedro Lozano. El rescató las
siguientes expresiones:
Ahaho. “El nombre, pues, de Tucumán
se tomó de un cacique muy poderoso del valle de Calchaquí,
llamado Tucma, en cuyo pueblo, que se decía Tucmana haho (nombre compuesto
de dicho cacique, y el de haho que en lengua kakana, propia de los Calchaquíes,
quiere decir pueblo) /.../. “A la verdad, era uso común de estas
provincias, intitular los pueblos del nombre de los caciques, como se reconoce
en la lengua misma kakana en los pueblos de Colalahaho, Jaymallaaho /.../
“(Hist.Conquista, t.primero, cap.VII, p.174). El P. José Guevara
(p.165) lo sigue bastante fielmente, pero en su obra los topónimos
presentan una variante: Tucumanahaho, Colahaho y Taymallahaho.
Cacanchic. En Santiago del Estero (1586)
en el tiempo de la recolección de los frutos se reunían para
adorar a Cacanchic- “á quien /.../veneraban, y ofrecían en
sacrificio sus asquerosos licores y gran cantidad de aves muertas: llevabanle
sus enfermos, para que los curasse y dedicaban a su servicio algunas doncellas
de catorce, ó quince años, de quienes se aprovechaban para
abominables torpezas los Hechiceros sus Ministros, por cuya boca sus oráculos,
con palabras tan amphibologicas, que pudiessen rara vez convencerlos de engañosos.
Apareciaseles á estos, en forma visible /.../” (Hist.Comp., t.primero,
lib.primero, cap.IV, p.16). Guevara (p.343) repite que cuando el P. Alonso
de Barzana salió a recorrer los ríos Salado y Dulce los indígenas
“tributaban adoración a Cacanchiz, númen juguetón,
que ya visible, ya invisiblemente (así lo atestiguan los hechiceros)
daba enigmáticos respuestas /.../”. También el Provincial
Francisco Vásquez Trujillo nos dice que, en 1629, los P. Juan de
Cereceda y Pedro de Herrera fueron en misión a los ríos Salado
y Dulce y hablaron de “muchos hechiceros /... / que conjurando a sus casas
al demonio (que ellos llaman Cacanchig) /.../ le dedican muchas vírgenes
en las quales vive muy torpemente el hechicero /../” (13a. Carta Anua, 628-1631,
t.XX, p.394). No vacilamos en colocar esta voz en la lista de las kakanas
porque posee el tema cacan y el final chic/ chig / chiz conocido
en nombres indudablemente kakanes.
Caylle. Dice Lozano que en el valle
de Calchaquí “rendían culto también /.../ á
otros ídolos, que llamaban Caylles, cuyas Imagenes labradas en laminas
de cobre traían consigo, y eran las joyas de su mayor aprecio, y assi
dichas laminas, como las varitas emplumadas, las ponían con
grandes supersticiones en sus casas, en sus sementeras, y en sus pueblos”.
(Híst.Comp., t.1º, lib.tercero, cap.XVIII, p.1125).
Coro. “Usaban / ... / para la guerra
/.../ teñir las flechas con las raíces de yerva llamada Coro,
porque /... / se persuadían quedaban acobardados sus enemigos, y
posseídos del miedo, sin atreverse a resistirles,” (Lozano, Hist.Comp.,
t.1º, lib.tercero, cap.XVII, p.425). En 1658, en Campanas (La Rioja)
Pedro de Bohórquez Girón “mandó echar en la chicha
ciertas raíces molidas que llaman Coro y son mas eficaces para embriagar,
é invocando al demonio bebió y brindó a los circunstantes
“(Lozano, Hist. Conquista, t.quinto, lib.quinto, cap.IV, p.92-93). Colocamos
esta voz en la lista a pesar del sonido r, que parece ser de existencia dudosa
- o por lo menos, dealectal- en Kakán, y a pesar de las etimologías
puestas mediante el quechua kuru ‘gusano’, porque una planta alucinógena
de uso shamánico tan apreciado creemos que debe tener nombre en la
lengua local.
Gasta. Dice Lozano que "en la lengua tonocote
/.../ es pueblo en /.../ Monogasta, Cochangasta, Nonagasta, Sanogasta, Chiquiligasta
/.../ "(Hist. Conquista, t. primero, lib. primero, Cap. VII, p. 175). Guevara
(p. 165) lo repite pero trae la forma correcta de los topónimos
Nonogasta, Sañogasta; habría que corregir a Lozano también
en el caso de Manogasta.
Pilla-jacica. Informa Lozano que "al
apuntar las mieses" los naturales del valle de Londres "celebraban
un género de sacrificio, intitulado en su idioma pilla-jacica
y era salir á caza; y del primer guanaco
o liebre que cogiesen, guardar la sangre, con la cual rociaban los frutos
primeros, que colgados de algún algarrobo, u otro árbol, los
consagraban al demonio, que se dejaba ver á veces de los hechiceros
/.../ "(Hist. Conquista, T.primero, lib.primero, cap.XIX, p.429-430). Esta
ceremonia recuerda a la fiesta del Chiqui descrita por Adán Quiroga
(1897, 1929), Lafone Quevedo (1898,1927) y Juan Alfonso Carrizo (1942,tomo
III, p.432-435).
Titaquin. En San Carlos, valle
de Calchaquí, en 1658, "los bárbaros
se confirmaron en su engaño, llamándole /a Pedro de
Bohorquez Girón/ á boca llena su señor
y rey, que esto significa el título de Titaquin,
con que le apellidaban en su lengua." (Lozano, Hist. Conquista, t. primero,
lib. primero, Cap.VII, p.174).
Zupca. Los PP.
Juan Darío y Diego de Boroa por 1611,
en Malle o el valle de Anconquija, "derribaron algunos adoratorios,
que en su Idioma llaman Zupca, que significa lugar de
los sacrificios, y lo daban bien á entender las señales,
que allí vieron".(Lozano, Hist.Comp., tomo segundo,
lib. sexto, cap.V, p.295)
A estas voces hay que agregar:
Ango. Dardo de la Vega Díaz
(1944, p.12, 198, 199) cita un dato valioso. Por 1719
se da posesión de la nueva merced de Cabaibil (Angulos,
La Rioja) y se dice que al norte hay "una aguada que por
lo tenue la llaman aguada de los pajaritos y en la lengua natural
Esmiango". El acta de posesión confirma que Ismiango
significa ‘aguada de los pajaritos’.
Hay que destacar que en el Noroeste se han
documentado las voces isma / ishma como denominaciones de
pájaros (a veces, el zorzal o el mirlo). No
creemos acertada la etimología quechua isma
‘excremento’, voz no documentada en dialectos argentinos sino
en peruanos y ecuatorianos.
"Ensamisajo”. Lafone Quevedo
(p.28) dice que se trata del nombre
de una altura que separa la cuenca de Sínguil de la de Catamarca
y, según una vieja escritura, "quiere decir en lengua de los naturales
cabeza mala”. El citado autor dedica casi dos páginas (28 y 29) a
analizar dicha expresión pero mediante lenguas chaqueñas! Si
el dato es correcto seria otra de las pocas expresiones traducibles
del kakán.
12. Análisis morfológico.
Con esto no hemos agotado las posibilidades de estudio de
esta lengua. Casi todos los autores que se ocuparon
del kakán han adelantado traducciones hipotéticas de
ciertos componentes; como ejemplo, citaremos vil, que
se ha interpretado como “pueblo, comarca, paraje, río, valle, aguada’;
aha / apa ‘jefe, cacique, hombre de pro’. Dejando de lado tales especulaciones,
el análisis de los topónimos y antropónimos, sobre
todo históricos, nos permite aislar numerosos componentes, probablemente
correspondientes a alomorfos o morfemas. La mayoría son seguramente
libres; algunos parecen ser ligados (sufijos) y los indicamos mediante la
precedencia de un guión.
Sabemos que estamos haciendo un uso algo abusivo del concepto de Morfología
porque no pretendemos describir las clases de palabras del kakán,
ya que ello es imposible, sino simplemente aislar probables morfos. Nuestra
finalidad es confeccionar una simple lista mórfica (si es que este
neologismo sirve para definirla).
Las variantes gráficas permiten hacer algunas deducciones acerca
del valor fonético de las mismas, corno es el caso de la reconstruída
w. Otros morfos comenzados por b o v casi seguramente se hallan en el mismo
caso, pero la ausencia de variantes gráficas nos ha obligado a conservar
las escrituras de las fuentes.
Para el estudio de la antroponimia nos ha sido muy útiles los
trabajos de Boman, Lafone Quevedo, Sors y la importante contribución
de Martín (1963). Para la toponimia histórica hemos utilizado
cronistas y documentos publicados por diversos estudiosos.
Por mínima experiencia que se tenga con lenguas extrañas,
los componentes del kakán se muestran con una luminosa evidencia.
Desgraciadamente, la mayor parte de su toponimia y su antroponimia es intraducible.
He aquí la lista de probables alomorfos o morfemas (es posible que
en algún caso de trate de una secuencia de dos morfos o morfemas).
Veremos que unos pocos son susceptibles de una traducción con cierto
fundamento:
abilin
-ac / -aj
aca
acan
aco / acu / ago
acha / asha / hacha
achau
achí
achu / acho
ahaho / au / a o / aho / ahao
ajla
alan
alca
alfan
ali
alibi / alibe
alsa
alsi
alta
alu / alo
alva
alla
aman
amay
ambala / ambara / ambar
ambla
ambli / amble
ami
amil
ampa / amba
ampaj / hampag / hampas
an / am
ana
anca / hanca
ancu / anco
ancha
anchac
anchi
|
anchu
andal
anga
anguin
ango
/ anco
ani
anju
anqui
anquill
anquij
ansil
anso
/ anzo / anzu
anta
antofa
anu
aña
apa
apoca
aqui
aquin
as
/ ash / aj
asa
asab
asal
asawa
(asahua, asagua)
asca
asi
/ ase
asin
/ asen
aso
asto
ata
atachi
ati
au
ausa
auti
/ hauti
awa
(aba, ava, agua, ahua, aua)
awan
(aban, aguan)
awau
(abau)
|
ay
aya
ayca
aycu/ aycuj
ayj
ayma
aymo
aysa
ayu
ayuj
ayun / ayum
baji / vaji / bagi
bicam / bican
bila / vila
bili
bilis
bilin
bindus / vindus
biqui
bisco
bituc
-bli / -ble
-c / -j / -g
-ca / -ga
cacha
cachi / cache
cacha / cacho
cafi
cajam
cala
calau
calcha
cali
calsa
calla
cama
cami
camlla / camplla
campa
|
campi
-can / -cam
cancha
cancho / gancho
cani
cansa
canta
caña
capa
capi
capill / capil
cas
casa
casca / cashca / cachca
casi
caspin
cata
catal
cati
catimo
catu
cawa / cawe
(caba , cagua, cava, cagüe)
cawil (cabil, cavil, cauil)
-cay
caymi
caypi
caypu
cla
-co / -cu
cocha
colcol
colo
colla
conca
concon
cone
conse
cosa
coya
cuyu / cuyo / coyu
|
-cta / -gta / -jta / -sta
cuchi
cula / cola
culla
cuma
cuman / coman
cumi
cumincha
cuna
cunin
cusa / cuza
cuta
-cha (-ta, -da)
chaba / chava
-chac
chaca
chaco
chacha
chafa
chaic / chaica
chaju
chali / challi / chele
chalpi
chalu
chama
chamble
chami
champa / chanpa
champi (chanbi)
champu
chamsa / chansa
chamuj
chan
chana
chanca / changa
chancha
chancho
chango
chanqui / tanqui
chaña
|
chapa
chapi
chapu
chaqui
chasa
chasca
chaschu / chajchu
chasi
chau / chao
chay
chaya
chayu
-chi / -che
chial
-chic / -chij
chica
chicli / chiquili
chicha / chiccha
chilco
chili
chima
china
-chis
chismi
chisña
-cho /-chu
choya
chuca
chucun
chucha / chuccha / chugcha/
chuscha
chufa
chulla
chuma
chumba
chumbi
chunga
chupa
chuqui / chuque
dila
esco (n) / escu
|
ama
ariña
-fi /-fe ( -vi , -ve , -ui ,-ue
)
fiam
fiha / fija
fima
gasta / gascha
guascala / guacara / guacra
guagal
guaima
guj / guaj
hampi
hilu / ilu
hucha / ucha
huma / uma
hupu
iba
ica
icu / ico
icha / echa
ichi / ishi
ifil / ifill
-il
ila / ilha
ilbi
ilu / hilu
illa
illca
ima
impa / inpa / inpaj
imsa / insa
imu
-in
ina
inca / irga / ynga / enca
incha
inqui
insa
|
ipa
ipi / ipe
iqui / ique
-is /-es
isa
isca
ischi / esche
isi
ismi / esme / ysmi
istil
its
itin
iya
-ja / -ha / -a
jama
jan
jao
jasi
jil / hil / sil
jiqui
jota
juay
jula
junguni
jupi
justa
-la
lac / laz
laica
lamac / llamac
lampa
lan
lasal
lau / lao
lawa (lagua,laua)
lay
layam
layc / layj
|
-lca / -llca
-li
lilao
lin
lindon
linqui
liqui
-ita
-lla
llabca
llaca / llacca
llampa
llamuc
llanca
llanco
llanen / llanon
llaqul
llauchi
llawa ( llava, llagua, llaua)
llawin (llabin)
llay
llayg / llayj
llam
-lli
lloca
llumpa
-ma
maco
macha
machi
magulla
malansa
malca
mali
malli / malle
mampa
man
mana
mango
mano
|
manta
maqui
mas
mata
man / mauca
-may
-mi
mica
micha
mil / mill
milli / mellep
min / men
minca
miqui
mish- / mich-
mitis
-mo
moca / moga
moco
moli
mon
moti / mote
muji / moji / moje
mulli / molli
musha / mucha
musi
-n / -m
-na
naco
-nay
-ni
nio
niqui
-nja / -nga
-no
nolon / olon
nonan
nono
-nta
|
nuco
-ña
-ñay
-ño
oben
oja
ola /olla / oclla
olca
olco
opuc / opug
ovan
-pa
pabil
paca
paco
pacha
pachi
-paj / -pac / -pas
paja / paj
pajsi / pacsi / palsi / paysi
pal / bal
palam
palin
palla
pamos
pana
panja / panha
paquilin / paclin / paglim /
paslim
paquin
pasa
pasau
pasi
pauj
pay
paya
paymo
payo
-pi / -pe / -pih
picha
|
pivhi / pigchi
pij / pija pima
pin
pincha
pis / pes
pisa
pisca
pisi
piso
pitam
piti
pitu
piwa ( pigua , piua , piba ,
piva , pegua )
poman
-pu / -puc / -poj
pucha
pujlla
puju
pul
pulu / pulo
pusca / pugca
quemu
-qui / -que / -quij
quicha
quichi
quicho
quija
quil
quilan
quilin
quilmi / quilme
quima
quimil
quin
quinmi
quiña
|
quisa
quischa
quisi
quisto
quitqui
-s
-sa / -sac / -saj
sab
saca (saca,
zaca)
sacha
sachi
sagul / sacul
sala
salana
salc
sali
sama
sami
samo
sana
sanca /
sanga (zanga)
sancal
sanqui (sanqui, zanqui)
santa
santa / sandu
sañi
saño
sapa (sapa,
zapa)
saqui
sas
sau
sawa ( sava, sagua, saba)
-say
saya
saypu
shapa
-si / -se
sibil
sica /siga /sega
|
sicha / sipcha / sibcha
sichi
sil
silcu
silpi /silpe (cilpi, silpi,
shilpi)
silpu / silpo
silun / silum / silon
silla
silli
sima
simi
simo / simuj .
sinca / singa
sincu / sinco / singu
sinchu / sincho
sinqui
sipi
sipil
siqui
siwa / sewa (sigua, seva)
soli
sollo
sopca / supca (sobca, subca,
sogca,zog
ca)
suha
sula / sola
suma
sunjin
sunqui
-ta / -da
-tac / -taj
tacui
tafi (tafi, tabi, tavi)
tala
talca /tarca
tama
tanca
tancol
tantil
|
tao / tau
taqui
tari
tasi
tastu
tas (u)
tatin
-ti / -te
tibsi
tigui
tilanlapa
tili
tima
timis
tina
tinin
tin / tinoc
tinti
-tis
tita
-to
toama / tuama
toca
tola / tula
tolcol
tucla / tocla / tucla
tucu
tucha
tudcun / tudcum
tuisu / tuiso
tul
tuli
tulpa
tuncul
tupe
tupu
tuquili
tuya
tuyu / tuyo
|
ucha / hucha
uchu / ucho
udpi / uspi
ujin
uli / oli
ullu
uma /
huma
una
unca / unga / uncap
uri
upi
urcu
usi
usta / osta / hosta
ustac / ostac
usul
-ut / -ud
uti
utu
uya /
huya
uyu
viji / veje (vigi)
viñi / vini
visca
-wa (-ba,
-va, -gua)
waca (baca, guaca, vuaca, oaca)
waco (guaco, huaco)
wacha (bacha, guacha)
wachac / wachaj (bachac,
guachaj)
wachi (guachi)
wal (gual)
wala (bala,
guala, huala)
walcu (gualcu, gualco,hualco,
balcu)
walfin (gualfin)
wali (bali,guali)
walin (balin,gualin)
walpa (gualpa)
walqui (balqui,gualqui)
walsa (gualsa)
|
walu / walo (gualo)
walla (balla, valla)
wallin (guallin)
wallqui (guallqui)
wambi (guambi, bambi, guampi,
guanpi)
wan / wam (guan, ban, guam)
wana (guana, huana)
wanan (guanan)
wanca / wanga (guanca,guanga)
wanco / wancu / wango (bancu,
bango, bangu, guanco, huanco,
huango)
wanchi (banchi,guanchi)
wanda (guanda)
wanim (guanim)
wanqui (guanqui)
wañi (huañi, guañi)
waño / wañu (huaño, huañu)
waquil (guaquil)
waquin (guaquin, baquin, vaquin)
-was (-uas,
-bas, -vas)
wasa (guasa, wasa)
wasca (guasca)
wasi (guasi)
waspa (guaspa)
wasua (guasua,
basua)
way (uay,
hoay, guay, bay, bai)
waya (guaya,
baya)
waycha (guaycha)
wayma (guaima)
walqui (guaiqui)
|
wayti (guaiti)
wayu / wayo (guayu, guayo)
wayun /
wayum (guayun, bayun, bayum,
baiun, baium)
wel (vel, bel, uel)
-wi / -we (-vi,-ve,-bi, -be, -ui, -ue)
Hay un caso con vi-. Ver –fi
wichi (bichi,
vichi, uichi)
wil (uil, huil, güil, bil,vil)
willa (huilla,
billa, villa)
wis (güis,
bis)
-y
-ya
yac /
yaj
yaca
yala
yan / yam (yan, yam, ian, aim)
yapa
yaquil
yasla
yau
yawa (
yagua, iagua, yaba , iaba)
yay
yema
-yo /-yu /-yoj /-yuj /-yuc (-io)
yoba
yoca / yuca
yoha
yulca
yunta
yuta
|
(*) Instituto Nacional de Antropología. (regresa a Texto Principal)