El último decenio 1 ha representado, en el campo general de la teorización
lingüística, la recuperación de un tema de análisis
que, por muy complejas pero coincidentes razones 2 , parecía haber sido eliminado ya desde el siglo
pasado, salvo en ocasiones muy poco frecuentes aunque relevantes
3 , del primer plano de interés de los especialistas:
el contacto de lenguas y sus consecuencias. La abundante
producción bibliográfica sobre el mismo en los últimos
años lo manifiesta de modo evidente 4 .
Lo mismo podemos afirmar respecto al ámbito específico de
estudios determinado espacialmente por el empleo, en él, del código
comunicativo español y, más concretamente, a su segmento territorial
americano.
Como lo demuestra una valiosa investigación de
conjunto recientemente publicada 5 el área hispanoamericana
es, probablemente, en la actualidad una de las zonas geográficas
que más y mejores contribuciones está aportando a la consideración
de la variada problemática que deriva de las situaciones de contacto
lingüístico. Y ello a pesar (o, quizá, precisamente por
ello) de las muy divergentes y, a veces, contrapuestas matizaciones que,
para el estudio de la temática en cuestión en el Nuevo Continente
de expresión española, proponemos, en muchas
ocasiones, quienes nos dedicamos de modo especializado a ella 6 .
Ahora bien, no cabe la menor duda de que, en el desarrollo de este tipo
de investigación en los territorios hispánicos de América,
ha sido privilegiada claramente una orientación metodológica,
la dirigida al análisis de la incidencia sobre el español vernáculo
de las lenguas aborígenes que se encuentran en contacto con él.
Y, por el contrario, ha sido mucho menos estudiado el proceso inverso (y
complementario del anterior) que toca a las modificaciones de todo tipo que,
en estas últimas, se han producido como consecuencia de su coexistencia
histórica con la lengua española.
Bien es verdad que, por lo que se refiere a algunas áreas
lingüísticas concretas como la mesoamericana 7
o la guaranítica 8 , esta apreciación, forzosamente
generalizadora, ha de ser relativizada de modo claro ya que, felizmente,
sobre ellas (y con la orientación metodológica que hemos mencionado)
podemos contar con algunas monografías especializadas
que no dudo en calificar de magistrales 9 .
Pero ello no significa, en mi opinión, una inversión generalizada
del estado de cosas vigente en este aspecto en el ámbito territorial
hispanoamericano sino sólo (y por desgracia) un reducido, aunque muy
notable, conjunto de excepciones al mismo.
Como un grano de arena, sólo simbólico, en ese mismo sentido
voy, pues, a ocuparme en esta ocasión de un rasgo concreto que se
da en la modalidad más meridional de la lengua quechua, la de Santiago
del Estero (Argentina), como consecuencia de su plurisccular e intensa interacción
con el español empleado en la zona.
Me referiré primero, muy brevemente, a las características
del quechua santiagueño para pasar, a continuación, a describir
los condicionamientos tanto teóricos como de índole empírica
de la peculiaridad lingüística que aquí nos interesa.
El quechua santiagueño se inserta dialectalmente,
dentro del denominado Quechua II C 10 . Es utilizado
en un enclave (aislado del resto de las variantes territoriales de la lengua
quechua) que se asienta en el centro de la provincia norteña argentina
de Santiago de Estero, entre y en las márgenes de los ríos
Salado y Dulce. Sus hablantes (menos de 100 000 al parecer) lo emplean como
variante lingüística L en una situación de intensa diglosia
en que el español es, lógicamente, la variante H. Todos los quechuahablantes santiagueños son bilingües,
manejando el español vernáculo no sólo como lengua
hegemónica 11 y modalidad de predominio
indiscutida sino también como estructura referencial en el uso de
su lengua propia lo que, como es fácil de inferir, condiciona muy
favorablemente la producción de fenómenos
de transferencia 12 en el sentido Español>Quechua
a pesar de acciones, muy loables pero minoritarias, dirigidas
a retener o moderar dichos procesos 13 .
En estas páginas analizaremos, monográficamente,
uno solo de estos rasgos procedentes, en santiagueño, de transferencias
gramaticales 14 originadas en la lengua española
de contacto. El que podríamos identificar con la modificación
(no total pero sí mayoritaria) de su tipología sintáctica
de base. Intentaré reducir a sus líneas fundamentales los
componentes de índole teórica implicados en la formulación,
voluntariamente esquemática, que acabo de utilizar.
La tipología lingüística desarrollada
durante el siglo XIX 15 que se prolonga durante los primeros
decenios del actual 16 , fue, como es de conocimiento general, de fundamentación
morfológica 17 . En la década
de 1960 un relevante artículo de Greenberg 18
replanteó el tema de modo radical estableciendo, como dimensión
esencial para la determinación de los diferentes tipos de lengua,
la sintáctica, y, más concretamente, la ordenación
relativa, en el contexto de la frase, de sus constituyentes primarios Verbo,
Sujeto y Objeto.
De este modo Greenberg proponía la consideración de tres
tipos de lengua caracterizados primariamente, cada uno de ellos, por el orden
relativo de sus elementos sintácticos fundamentales (VSO, SVO, SOV).
Poco después Lehmann 19 simplificaba
este esquema clasificatorio al atender solamente a las pautas de ordenación
referidas al Verbo y al Objeto lo que reducía los tipos lingüísticos
básicos a dos (VO y OV).
Pero ambos coincidían en postular (de modo similar aunque con una
diferente selección de rasgos) la polidimensionalidad de los tipos
lingüísticos así establecidos ya que cada uno de ellos
requiere la presencia, en las lenguas incluidas en los mismos, de determinados
haces de propiedades (typological clusterings) o rasgos implicativos que
son, en principio, de obligada aparición junto a cada una de las modalidades
secuenciales primarias (VSO, SVO y SOV para Greenberg, VO y OV para Lehmann)
previamente reconocidas como tales.
La bibliografía posterior, muy abundante 20 , sobre el particular ha enriquecido, perfilado y desarrollado
cada uno de estos puntos pero sin modificarlos en lo esencial.
Apliquemos, pues, los diferentes aspectos del modelo teórico mencionado
al tema concreto que aquí nos interesa.
En primer lugar debemos establecer, como punto de partida
de nuestro abordaje al mismo, que aún tomando en cuenta adecuadamente
las prevenciones de carácter genérico que se han expuesto sobre
la materia 21 y aún más las matizaciones
e incluso objeciones específicas que al respecto se han alegado tanto en lo que toca a la lengua española 22 como a la quechua 23,
no parece fácilmente falsable la atribución al español
de una clara tipología VO o SVO (según utilicemos los esquemas
establecidos, en este particular, por Lehmann o por Greenberg)
24 y a la lengua (o familia lingüística) quechua la de OV o SOV 25 .
A cada una de estas variantes tipológicas corresponde,
como sabemos, un conjunto de universales implicativos diferentes. Aquí
manejaré los que, de entre estos últimos, han concitado mayor
número de adhesiones entre los especialistas 26
.
Las lenguas de secuencia primaria OV (entre las cuales figura el quechua)
poseen los rasgos siguientes caracterizadores, en su conjunto, de la adscripción
de cada una de ellas a esta determinada modalidad tipológica (tipo
II de Lehmann):
1. Orden Objeto - Verbo (O V).
2. Adjetivo antepuesto a Nombre (Adj. N).
3. Posesor antepuesto a la entidad poseída (Gen. N).
4. Marcas de relaciones casuales pospuestas a Nombre.
5. Oraciones subordinadas y relativas antepuestas a la oración
nuclear.
6. Elementos conjuntivos pospuestos.
7. Orden Verbo - Auxiliar (V Aux.).
8. Marcas de negación e interrogación pospuestas.
Por su parte el español, al igual que el resto de las lenguas de
tipo VO (tipo I de Lehmann), se caracteriza por el haz de propiedades que
sigue; el cual, como se percibe de inmediato, posee características
polarmente opuestas al que determina a las lenguas de tipología OV:
1. Orden Verbo - Objeto (VO).
2. Adjetivo pospuesto al Nombre (N Adj.).
3. Posesor pospuesto a entidad poseída (N Gen.).
4. Marcas de relaciones casuales antepuestas a Nombre.
5. Oraciones subordinadas y relativas pospuestas a la oración nuclear.
6. Elementos conjuntivos antepuestos.
7. Orden Auxiliar - Verbo (Aux.V).
8. Marcas de negación e interrogación antepuestas.
(1990) y M. Shibatani y T. Bynon (1995).
A partir de este esquema teórico referido a los typological
clusterings o universales implicativos correspondientes a cada uno de
los tipos de lenguas existentes dentro del modelo clasificatorio, de base
sintáctica, asentado primordialmente sobre el orden de los elementos
lingüísticos en la cláusula podemos, ya, proponer la cuestión
específica que en esta ocasión nos interesa: ¿Conserva
actualmente la modalidad santiagueña de quechua las características
tipológicas que corresponden a su familia lingüística,
integrada en el tipo de lenguas OV?
La respuesta a esta interrogante debe ser, sin duda, negativa pero con
dos matizaciones, fundamentales, de evidente relevancia.
La primera, de índole sociolingüística, se relaciona
con las determinaciones externas que afectan a la distribución sociológica
de las tendencias modificadoras que, en relación con el tema en cuestión,
se dan en la comunidad santiagueña quechuahablante. Los datos, directos,
de que dispongo me permiten afirmar que, mientras el habla formal, los grupos
de edad avanzada y la pertenencia de los quechuahablantes a comunidades rurales
escasamente integradas en la sociedad mayor revelan un porcentaje apreciable
de retención de los rasgos tipológicos originarios de la familia
lingüística quechua, los registros informales de los grupos
de edad más jóvenes pertenecientes a comunidades de enclavamiento
urbano o semiurbano manifiestan índices mucho más altos de
abandono de aquéllos y, por el contrario, de sustitución de
los mismos por las ordenaciones secuenciales de elementos sintácticos
coincidentes con las que se dan en la lengua española de contacto.
Lo que, desde luego, constituye una evidente e inequívoca indicación
de cuál es, en santiagueño, la direccionalidad evolutiva del
fenómeno de variación que aquí consideramos.
La segunda, de carácter interno, resalta el hecho (que constataremos
individualizadamente a continuación) de que el abandono, progresivo
como hemos visto en santiagueño, de las características tipológicas
de ordenación de elementos sintagmáticos correspondientes a
la familia quechua y el reemplazo, también progresivo, de las mismas
por las que se dan en contextos homólogos en el español de
contacto no constituye un proceso paralelo que haya afectado de modo similar
a todos los rasgos que se integran en el paradigma tipológico considerado.
Como veremos, la intensidad y amplitud del fenómeno aludido es muy
diferente en cada uno de ellos así como también lo son los
mecanismos modificadores actuantes, individualizadamente, en cada caso. Veamos
en detalle estos dos aspectos del tema en cuestión.
Examinaremos primeramente las modificaciones que se producen, en santiagueño,
respecto a la totalidad de los rasgos tipológicos que han caracterizado
históricamente a esta modalidad diatópica de la familia lingüística
quechua.
1. El orden OV es sustituido mayoritariamente
en santiagueño, en sus contextos sociolingüísticos más
evolucionados, por secuencias de tipo VO, coincidente con el que se da en
la lengua española de contacto 27 .
2.- La ordenación sintáctica
Adjetivo - Nombre, propia del quechua, es reemplazada en santiagueño,
de modo categórico, por la de Nombre -Adjetivo, similar
a la existente en español 28 . Sólo quedan
excluidas de esta evolución algunas expresiones
lexicalizadas en las que continúa siendo empleada la secuencia de
elementos originaria 29 .
3.- La anteposición del
posesor a la entidad poseída, normativa en quechua, es aún
mayoritaria en santiagueño pero se dan ya casos, progresivamente más
notorios, de secuencias inversas, paralelas a las propias de la lengua española
30 .
4.- También es mayoritaria,
en el momento actual, la marcación en santiagueño de las relaciones
de caso mediante morfemas casuales pospuestos pero es cada ve/, mayor el
empleo, con esta función, de elementos preposicionales, antepuestos,
de procedencia española 31 .
5. Es
ya minoritaria, en el santiagueño contemporáneo más
evolucionado, la secuencia Oración Subordinada o Relativa - Núcleo
Oracional, propia de la lengua quechua, y, por el contrario, mayoritaria
la ordenación inversa, coincidente con la que está presente
en español 32 .
6. La utilización,
cada vez más amplia en el quechua santiagueño actual, de elementos
gramaticales conjuntivos, antepuestos, procedentes del español implica
la reducción progresiva, y paralela, del uso (normativo en quechua)
de posposiciones morfemáticas para dicha función sintáctica
el cual es, sin embargo, aún mayoritario en la modalidad diatópica
considerada 33 .
7. La secuencia Verbo-Auxiliar,
propia de la lengua quechua, no ha sido sustituida, en ningún caso,
por la propia del español. Auxiliar - Verbo.
8. Las marcas pospuestas
de negación e interrogación que son, en la lengua quechua,
de utilización no marcada y obligatoria salvo en casos muy determinados
34 han sido, en quechua santiagueño, o eliminadas
(las indicadoras de interrogación) o empleadas sólo, con funcionalidad
claramente marcada, en determinados contextos específicos (las de
índole negadora) conforme he tenido ocasión de exponerlo ampliamente en una monografía anterior, a la que aquí
me remito 35 .
Resumamos, muy ceñidamente, los resultados obtenidos en nuestra
investigación. De los ocho rasgos, propios del tipo II (OV) de la
clasificación de Lehmann, que sin duda poseyó originariamente
el santiagueño por su pertenencia a la familia lingüística
quechua, sólo uno (7) permanece sin alteración. En cuanto a
los siete restantes uno (2) ha sido sustituido de modo categórico por
el rasgo, homólogo, existente en las lenguas de tipo I (VO) como el
español, dos (1 y 5) han experimentado un similar proceso (en contextos
sociolingüísticos favorables) con porcentajes de uso cuantitativamente
mayoritarios, tres (3, 4 y 6) han modificado sus características tipológicas
originarias en menor proporción que la que representan los hechos
de preservación correspondientes y, finalmente, uno más (8)
ha sido, simplemente, eliminado sin ser reemplazado por ninguna otra estructura
alternativa.
Parece, pues, evidente que la modalidad santiagueña de la lengua
quechua está experimentando una clara deriva tipológica que,
restringiendo progresivamente (aunque no de modo total) sus rasgos originarios
-identificables con los existentes en las lenguas de tipo II (OV)-, determina
un proceso de empleo creciente de otros -de tipo I- coincidentes con los que
se dan en la lengua hegemónica de contacto, el español.
No carece, creo, de interés la identificación de los mecanismos
concretos mediante los cuales han actuado las dinámicas tendenciales
en cuestión.
En cuatro de los siete fenómenos considerados (1, 2, 3 y 5) se
han sustituido las estructuras tipológicas originarias por las existentes
en el código comunicativo español, en dos (4 y 6) ello se ha
verificado como consecuencia (indirecta) de un transparente proceso de incorporación,
por préstamo, de elementos morfológicos preposicionales y
conjuntivos de este último que han pasado a funcionar en santiagueño
con sus propias modalidades sintácticas de uso y, finalmente, en
el último caso (8) se ha eliminado, simplemente, el rasgo tipológico
originario.
Los datos hasta aquí presentados autorizan, en mi opinión,
a considerar al santiagueño como una modalidad diatópica del
quechua en la que se ha desarrollado (y se desarrolla actualmente) un intenso
proceso de alteración de su original tipología lingüística
inducido, evidentemente, por el contexto de contacto de lenguas en que se
encuentra. Lo que es aún más relevante si se aprecia de modo
adecuado la circunstancia de que dicho código comunicativo no se encuentra,
en la actualidad, ni en peligro de próxima desaparición (language death) como tal 36 ni
siquiera en estado de radical obsolescencia 37, condicionamientos ambos que originan (como ya es lugar
común en la teorización al respecto) simultáneas y complementarias
tendencias dirigidas a la radicalización y aceleración de los
cambios inducidos, en las estructuras afectadas, por situaciones de contacto.
Y esta constatación, asentada en sólidos
fundamentos empíricos, conduce, obviamente, a incluir al santiagueño
en la misma categoría a la que pertenecen lenguas como el ma'a 38 o el finlandés 39 que, por la acción de factores causales
generados por el contacto lingüístico, han alterado su tipología
en la dirección OV > VO. Y, por el contrario,
a considerarlo como el reverso del proceso que ha tenido, por ejemplo, lugar
en el griego del Asia Menor 40 en el que, a consecuencia
de la presión ejercida sobre él por la lengua turca, se ha
verificado una evolución tipológica de direccionalidad VO >OV
o, aplicando el esquema clasificador de Greenberg, SVO
> SOV 41 .
No deseo finalizar estas páginas sin referirme a dos consideraciones
que creo compendian adecuadamente algunas de las consecuencias que pueden
derivarse, en un ámbito teórico de análisis, de los
contenidos empíricos en ellas aportados.
La constatación en el quechua santiagueño, del mismo modo
que en otras lenguas muy diferentes entre sí, de que una característica
tan relevante de las mismas como lo es su tipología sintáctica
puede ser modificada como consecuencia de una situación de contacto
lingüístico nos conduce, de modo difícilmente soslayable,
a postular, una vez más, el carácter erróneo
de la conceptualización expresada al respecto por Jakobson 42 cuando expone su convicción de que " ... language
accepts foreign structural elements only when they correspond to its own tendencies
of development” y, por el contrario, la correcta percepción
de los hechos en cuestión expuesta por Thomason y Kaufman 43 quienes reivindican la inevitabilidad de afirmar, acerca
de ellos, que "... it is the sociolinguistic history of the speakers,
and not the structure of their language, that is the primary determinant
of the linguistic outcome of language contact. Purely linguistic considerations
are relevant but strictly secondary overall”.
En un nivel de abstracción menor, me parece obligado deducir de
la caracterización, marcadamente diferenciada, que ofrecen en su deriva
tipológica cada uno de los rasgos del quechua santiagueño que
aquí hemos analizado que no se justifican los estrictos requerimientos
que, en lo tocante a los mecanismos generales de modificación de tipos
lingüísticos, presenta, en su Natural Serialization Principle,
Venemann 44 y, coincidiendo
en ello con Joseph 45, que considero más adecuada,
como marco teórico de los datos aquí presentados, la noción de Cross-Category Harmony manejada
por Hawkins 46, la cual posee una flexibilidad conceptual
mucho mayor en el análisis de los ámbitos de derivación
tipológica considerados 47.
Germán de Granda
Departamento de Lengua Española
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Valladolid
47002 Valladolid, España
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