
Este artículo se reproduce con
expresa autorización de su autor. Fue publicado originalmente
en:
REVISTA ANDINA AÑO 17, Nº1 Julio
1999, pp.109-136
HISTORIA LINGÜÍSTICA
Y TIPOLOGÍA GENÉTICA
DEL QUECHUA DE
SANTIAGO DEL
ESTERO, ARGENTINA
GERMAN DE GRANDA
Universidad de Valladolid
Desde que, en los primeros años de la década
de los ‘60 se comienzan a constituir sólidamente los componentes básicos
de la lingüística quechua moderna (Cerrón-Palomino 1985)
-fundamentalmente a partir de las investigaciones iniciales de Gary J. Parker
(1963) y de Alfredo Torero (1964) aunque sin olvidar el importante antecedente
de la inicial monografía de J.H. Rowe (1950)- hasta el momento actual
uno de los temas más reiterada y profundamente analizados (y encarnizadamente
discutidos) por los investigadores dedicados a la nueva, y pujante, especialidad
filológica ha sido sin duda el relacionado con las implicaciones
de todo tipo derivadas de la presencia, en el área diatópica
cuzqueño-boliviana del QIIC, de dos series consonánticas, caracterizadas
respectivamente por la aspiración (/PH/, /TH/, /KH/, /QH/, /ČH/)
y por la glotalización (/P’/, /T’/, /K’/ /Q’/, /Č’/), que no se encuentran
en el resto de las modalidades dialectales de la lengua con excepción
del quechua ecuatoriano de la Sierra (Moya, 1981: 171-172) que también
posee una similar serie aspirada (Cerrón-Palomino
1987a, 118-121, 183-86) 1.
La razón de tan empeñoso y pormenorizado
análisis es, desde luego, evidente y se relaciona básicamente
con la convicción de que la postulación para el Protoquechua
(PQ) de ambas series consonánticas, como lo propuso (al menos en relación
con el quechua del siglo XVI) Rowe (1950), constituiría un elemento
probatorio fundamental, quizá decisivo, en la consideración
de las lenguas quechua y aimara 2 como derivadas,
genéticamente, de un Protoquechumara común dada su presencia
(amplia y sin restricciones contextuales) en la lengua aimara (Hardman 1966
y 1988; Briggs 1993). Como es sabido, esta última tesis, propuesta
por Orr y Longacre (1968) y respaldada, entre otros especialistas, por Y.
Lastra (1970) y Key (1981) y, en cierto sentido, también por Büttner
(1983), suscitó, hasta bien entrada la actual década de los
'90, un amplio rechazo teórico entre los estudiosos de que son testimonio,
entre otras, las consideraciones emitidas al respecto por Stark (1970),
Hardman (1985), Mannheim (1985), Proulx (1987) y, sobre todo, por Cerrón-Palomino
(1982; 19S7a: 351-375) quien presenta en este último estudio un excelente
resumen de la posición mayoritaria, al respecto, en la década
de los '80.
No es, por ello, de extrañar que algún intento aislado (y
ciertamente endeble) de proponer la integración de las series consonánticas
aspirada y glotalizada en el sistema fonológico del PQ (Proulx 1972,
1974) contra lo establecido, en este extremo, en las reconstrucciones del
mismo realizadas por Parker (1963, 1969) y Torero (1964) haya suscitado,
de inmediato, contundentes refutaciones (Parker 1973; Cerrón-Palomino
1984, 1987a: 118-121).
En esta ocasión me ocuparé, primariamente,
de una faceta diatópica concreta de la amplia temática relacionada
con la inserción que corresponde asignar, en la dialectología
y en la diacronía de la lengua quechua, a la existencia en ella de
las series consonánticas, de índole laringal, aspiradas y glotalizadas:
la ausencia de las mismas en el quechua de Santiago del Estero (Argentina)
y los posibles factores condicionadores de este hecho.
Una apreciación superficial y primaria de la
finalidad de las presentes páginas, tal como la acabo de esquematizar,
podría considerar, a priori, como de un interés mínimo
la motivación concreta y, también, el posible contenido de
las mismas dado el ámbito, extremadamente local al parecer, del estudio
propuesto.
Creo que ello no sería, de ningún modo, adecuado ya que,
aun prescindiendo de las implicaciones -metodológicamente relevantes,
como veremos- del proceso de análisis que aquí me propongo seguir,
la problemática específica que debe ser examinada, obligadamente,
en relación con el objeto de consideración antes mencionado
presupone, de modo ineludible, cuestiones teóricas que superan ampliamente
la reducida dimensión geográfica atribuible al quechua santiagueño
y relacionan al mismo con aspectos, mucho más abarcadores, referidos
no sólo a modalidades determinadas de interacción entre variedades
diatópicas de la lengua (o familia lingüística) (Torero
1983) quechua sino también a la misma estructuración dialectal
de este código comunicativo.
Deben ser, así, correctamente valorados en el
sentido referido hechos tales como la incomodidad, expresada por Torero
(1972: 88), acerca del hecho de que la modalidad dialectal santiagueña
(y la tucumana) que "parecen no haber sido históricamente otra cosa
que una continuación de las hablas del sur de Bolivia" no compartan
con esta última la utilización de las series consonánticas
aspirada y glotalizada o, en una dimensión diferente, la utilización
por G. Taylor (1994, 16-20, especialmente notas 1 y 5) de la presencia o
ausencia de articulaciones laringalizadas como criterio determinador para
diferenciar, en su QSC (Quechua Sureño Común) opuesto al QCH
(Quechua Chínchay), un QS1, dotado de consonantes aspiradas y glotalizadas
y coincidente, así, con la modalidad diatópica cuzqueño-boliviana,
y un QS2, desprovisto de ellas, en el que se integrarían
las variedades dialectales ayacuchana y santiagueña 3 .
Abordando ya el tema específico que deseo examinar en este oportunidad
es fácil constatar que, hasta el presente, han sido propuestos no
menos de cuatro puntos de vista, claramente diferenciados, con referencia
a los condicionamientos determinadores de la ausencia de consonantes laringalizadas
(glotalizadas y aspiradas) tanto en el santiagueño actual como en
la, ya desaparecida, variedad regional quechua de Catamarca y La Rioja (Nardi
1962).
El primero de ellos, expuesto por G. J. Parker (1969,
275 y 280-281), postula la adquisición, tanto por el Proto-Ecuatoriano
como por el antecesor histórico del actual quechua santiagueño,
de las series consonánticas laringalizadas. que serían posteriormente
eliminadas en ambas zonas dejando, como único vestigio de su existencia
anterior, la presencia de consonantes aspiradas en el quechua serrano del
Ecuador. Con anterioridad, J. H. Rowe (1950) había extendido la hipótesis
de la preexistencia diacrónica de las series consonánticas
glotalizadas y aspiradas a la totalidad de las modalidades diatópicas
del denominado por él "inca clásico" del siglo XVI.
Casi coincidentemente en el tiempo, A. Torero (1972)
limita la admisión por la lengua quechua de consonantes laringalizadas,
a causa del contacto con la lengua aimara, a las modalidades dialectales
cuzqueño-bolivianas de la variedad Chínchay (QIIB-C) del Quechua
Húampuy (QII). Dicho proceso, desarrollado (según este especialista)
sólo "a fines del siglo XV o principios XVI" (Torero 1972, 88), no
habría afectado al quechua argentino al haberse constituido históricamente
esta última variedad dialectal con anterioridad a la mencionada zona
de fechas.
Con enfoque muy diferente, J. A. Hasler (1984) considera
que "los idiomas de sustrato hablados en [el] Tucumán deben haber
tenido la oposición entre /K/ y /Q/ pero carecían aparentemente
de series aspiradas y glotalizadas" (Hasler 1984, 9) por lo cual estos últimos
sonidos "resultaban impronunciables [para las poblaciones aborígenes
que adquirían la lengua quechua]... por no existir en la lengua de
estas regiones, por ejemplo en el cacán" (Hasler 1984, 29) con una
clara sugestión dirigida a postular la acción determinante,
en la eliminación de las consonantes laringalizadas del quechua local,
de un factor sustratístico actuante sobre la modalidad importada (del
área cuzqueño-boliviana) de este código lingüístico.
Por su parte Cerrón-Palomino, si bien parece
aceptar en líneas generales la mencionada hipótesis de Hasler
(Cerrón-Palomino 1987a: 183), la matiza posteriormente con acierto
al proponer que "tales series [las consonantes glotalizadas y aspiradas] fueron
suprimidas [en el quechua santiagueño] en el proceso de aprendizaje
de la lengua por parte de las etnias conquistadas tanto por los incas como
por los españoles" (Cerrón-Palomino 1987a: 347) dando, así,
mayor relevancia al proceso de apropiación del quechua por los aborígenes
del Tucumán que a la acción (posterior y de índole conceptualmente
diferente) sobre la lengua en cuestión de presiones sustratísticas
como factor determinador de la fisonomía definitiva de la misma en
el territorio santiagueño y, también, en el resto de las áreas
del actual noroeste argentino que fueron afectadas (en diferentes épocas,
como veremos) por un prolongado e intenso mecanismo de quechuización
lingüística.
La más reciente de las hipótesis causales
emitidas respecto a la ausencia de articulaciones consonánticas laringalizadas
en el quechua santiagueño se remonta, pues, a más de una década
atrás. Ahora bien, en este último lapso (1987-1998) se han
integrado, tanto en el campo de los estudios lingüísticos (generales
o específicamente centrados en la filología quechua) como en
el de los históricos, numerosos factores renovadores que han modificado,
ampliado o reestructurado, de modo a veces extraordinariamente radical, diversos
aspectos -no sólo empíricos sino también
teóricos- del contexto general dentro del cual es preciso analizar
el tema concreto que aquí estamos abordando 4 .
Es, así, necesario, en mi opinión, replantear
la problemática a ello referida con el fin de integrarla adecuadamente
en las perspectivas, renovadas, que son requeridas por los abundantes datos
nuevos (o por las inflexiones teóricas en ellos basadas) de que ahora
disponemos lo cual nos permitirá, en principio, no solamente evaluar
a partir de ángulos de enfoque inéditos las tesis explicativas
hasta ahora propuestas en relación con la temática que aquí
nos ocupa sino también (al menos en propósito) avanzar, respecto
a esta última, puntos de vista teóricos más sólidamente
fundamentados y de ámbito implicativo más extenso.
Presentaré a continuación, en resumen
extremadamente conciso, los datos o elaboraciones teóricas recientes
(a que me he referido en los párrafos anteriores) que, en mi concepto,
puede incidir en el replanteo en cuestión.
En el ámbito lingüístico son los que siguen:
* Postulación,
sobre bases metodológicas renovadas, de la hipótesis de la
relación genética de las lenguas quechua y aimara (Campbell
1995) y, como consecuencia de ello, inclusión de las series consonánticas
glotalizadas y aspiradas en el Protoquechumara y, también, en el Protoquechua
(Campbell 1995, 163-181). El contacto (posterior a la escisión
de las lenguas aimara y quechua) mantenido por ambas en las tierras altas
surandinas no generó, pues, sino que sólo retuvo las consonantes
laringalizadas quechuas en el área diatópica de la actual
variedad cuzqueño-boliviana 5 .
* Propuesta
(evidentemente alternativa a la anterior) de considerar la homología
de estructura (Cerrón-Palomino 1994) existente en las lenguas quechua
y aimara como un fenómeno de génesis areal (Calvo Pérez
1994).
*
Sólidas precisiones sobre la tipología de base y los rasgos
caracterizadores (entre ellos la ausencia de series consonánticas
laringalizadas) de la lengua general (Cerrón-Palomino 1989. 1995b),
identificable con el quechua costeño descrito por fray Domingo de Santo
Tomás, y del quechua del Manuscrito de Huarochirí (Taylor 1985
y 1987; Salomón 1991, Adelaar 1994) 6 .
* Valiosas
consideraciones sobre las peculiaridades estructurales funcionales y de
uso del quechua general surgido del III Concilio Límense (Cerrón-Palomino
1987b; Itier 1991, 1992).
* Por lo
que atañe al área de Santiago del Estero, adecuada (aunque
sólo parcial) actualización de las, incompletas y poco rigurosas,
descripciones anteriores de las estructuras gramaticales del quechua regional
(Nardi 1989 y ms.; Kirtchuk 1987; Alderetes 1990y 1994: Granda 1997a, 1997b,
1997c, 1997d, e.p. a y e.p. b) y reconstrucción de la desaparecida
lengua kakán, coexistente con la quechua en la zona santiagueña
al menos hasta el siglo XVII (Nardi 1979). Y, ante todo, postulación,
con base en rasgos fonéticos y morfosintácticos, del carácter
mixto del quechua santiagueño y de su relación genética,
parcial, con modalidades norteñas de la lengua (QIIA. QIIB y QI) (Adelaar
1995, Granda 1997b).
* En el campo
de la teorización lingüística general son atinentes a
determinados aspectos de la problemática que aquí analizamos
relevantes aportaciones recientes referidas al contacto de lenguas y la transferencia
lingüística (Thomason y Kaufman 1988), los procesos de acomodación
interlingüística (Giles y Smitb 1979; Giles 1984), la formación
de modalidades de lengua koiné (Domingue 1981, Siegel 1985, Cardona
1990, Granda 1994) y la persistencia temporal de determinadas pautas de realización
en la dimensión diacrónica de los sistemas lingüísticos
(Lieberson 1982).
En cuanto al ámbito histórico, son de consideración
obligada en relación con el tema en cuestión, las aportaciones
que siguen:
* Verificación,
a partir de datos historiográficos, toponímicos y arqueológicos,
de la existencia de mitmas incaicos el área santiagueña (Gramajo
1982; Lorandi 1983; Williams y Lorandi 1986; Lorandi y Cremonte 1991) como
ya lo habían sugerido anteriormente Christensen (1970) y Stark (1985a),
en paralelismo con lo acontecido en numerosas áreas territoriales
del Imperio Inca (como ejemplo de ello véase Hartmann 1994).
* Importancia destacada
de los numerosos yanaconas o "indios amigos", que acompañaron a los
conquistadores y primeros pobladores de la zona santiagueña, en el
proceso de quechuización lingüística del área (Nardi
1962: 268-271; Granda 1997b) y posibilidad (altamente probable) de que los
mismos procedieran mayoritariamente de comarcas norperuanas dados los condicionamientos
históricos concretos que se encontraban vigentes en el Perú,
en lo relativo a aspectos poblacionales, en las décadas centrales
y finales del siglo XVI (Sempat Assadourian 1994).
La utilización correcta de estos datos
(en buena parte claramente renovadores respecto a los utilizados, por lo
general, en la década de los años '80) nos permite, primeramente,
descartar, como alternativas viables a las cuestiones implicadas en la temática
que en estas páginas abordamos, algunas de las hipótesis, previamente
propuestas respecto a esta última, que hemos enumerado, más
arriba, en este mismo texto.
Así ocurre, por ejemplo, con la tesis de Torero
(1972) la cual es, por una parte, claramente incompatible con la postulación
por Campbell (1995) 7 de la continuidad de la presencia
de las series consonánticas laringalizadas en el área cuzqueño-boliviana
desde el PQ hasta el momento actual por retención de las mismas (no
por su génesis) originada en el contacto con las modalidades locales
de la lengua aimara y, por otra, con la afluencia de los mitmas incaicos
al territorio santiagueño (Lorandi y Cremonte 1991) desde el reinado
de Tupac Yupanqui (Levillier 1940: 65, 74-75, 92-93, 99) hasta el mismo inicio
de la conquista española. Del mismo modo, su concepción del
quechua santiagueño como simple "prolongación [histórica]
de las hablas del sur de Solivia" (Torero 1972: 88) no coincide con las peculiaridades
presentes en el mismo las cuales, por el contrario, parecen presuponer para
esta variedad diatópica un proceso genético mucho más
complejo en el que tendrían participación relevante modalidades
dialectales norteñas encuadrables dentro del QIIA y IIB (Adelaar
1995) y, también, dentro del QI (Granda 1997b).
En cuanto a la tesis sustratista propuesta
por Hasler (1984) con referencia específica a la ausencia en el santiagueño
actual de consonantes laringalizadas (glotalizadas y aspiradas), es de todo
punto obligado constatar que la misma, por su carácter totalmente
puntual 8 , no cumple con el requerimiento metodológico
expuesto, muy acertadamente, por Thomason y Kaufmann (1988: 61) de que “in
order to support that feature x arose in language A under the influence of
language B, we need to show that features a, b, e, y, z ... also arose in
A under the influence of B” lo que, desde luego no ocurre en esta ocasión.
Por lo que corresponde (al menos en principio) adoptar respecto a la mencionada
explicación causal una básica actitud de escepticismo considerándola,
en todo caso, como una alternativa hipotética a la que recurrir, en
último extremo, a falta de otros procesos genéticos que puedan
dar razón, de modo más satisfactorio, del fenómeno analizado.
Las propuestas de Parker (1969) y Cerrón-Palomino
(1987a: 347) respecto al tema en cuestión son, en mi opinión,
asumibles si bien no como planteamientos genéticos totalizadores sino
(sobre todo en el segundo caso) como factores causales integrados en un
modelo explicativo, considerablemente más amplio, coincidente con
el que expondré a continuación.
Mi propia visión de la problemática que
aquí nos ocupa se fundamenta, metodológicamente, en la correcta
consideración de la totalidad de los factores renovadores aportados
por las recientes investigaciones, lingüísticas e históricas,
relacionadas (en mayor o menor adyacencia teórica) con ella, tal como
los he expuesto, en apretadísima síntesis, en párrafos
anteriores de este mismo texto. Y, de modo voluntariamente esquemático,
puede ser reducida a cuatro componentes básicos identificables cada
uno de ellos, por cierto, con diferentes niveles temporales, secuencialmente
ordenados, de la diacronía específica del quechua santiagueño.
El primero coincide con las últimas décadas
del siglo XV (posteriores a la asunción del poder por el Inca Tupac
Yupanqui ¿1471?) y las cuatro primeras del XVI.
En este lapso se establecieron grupos de mitmas incaicos
en numerosos puntos del actual noroeste argentino incluyéndose entre
ellos el territorio santiagueño (Lorandi 1980; González 1982).
Dichos grupos desarrollaron en las áreas en cuestión -al igual
que ocurrió en otros casos, homólogos, que han sido mejor estudiados
(Hartmann 1994)- una indudable función de quechuización lingüística
que, entre otros, parece haber afectado a los grupos juríes asentados
en lo que es hoy la provincia de Tucumán y en el este de Catamarca
(Lorandi y Cremonte 1991: 229).
Teniendo en cuenta que los datos arqueológicos
y toponímicos disponibles parecen indicar que los lugares de procedencia
de los mitmaqkuna en cuestión pueden ser identificados con comarcas
próximas a Cuzco (entre ellas las de Canas y Canchis) por una parte
y, por otra, con zonas enclavadas en el altiplano actualmente boliviano,
está fuera de toda duda que la modalidad de quechua trasplantada por
estos contingentes poblacionales incaicos al territorio noroccidental de la
actual Argentina (y, dentro de él, al área santiagueña) fue la variedad diatópica antecesora de la actualmente
denominada por Taylor (1994) QS, o, en otros términos, la cuzqueño-boliviana 9 . Lo cual implica, en relación con el rasgo concreto
que aquí nos interesa, que la primera de las modalidades de quechua
asentadas, en dimensión diacrónica, en el territorio hoy santiagueño
fue, sin duda, portadora -al menos mayoritariamente- de series consonánticas
laringalizadas, (glotalizadas y aspiradas) y ello no sólo
a partir de una base teórica relacionada con la reciente hipótesis
al respecto de Campbell (1995) sino incluso prescindiendo, al efecto, de
la misma 10 .
El segundo componente (teórico y, simultáneamente,
cronológico) del modelo explicativo que aquí desarrollamos
se inscribe temporalmente en los primeros decenios de la presencia hispánica
en Santiago del Estero y se relaciona no sólo con la procedencia de
los conquistadores y primeros pobladores españoles de la zona sino
también, y sobre todo, con la del elevado contingente de yanaconas
o "indios amigos" que acompañaron a aquéllos 11 .
Está claro (Bazán 1986) que todos ellos
llegaron, directa o indirectamente del Perú (en este último
caso a través de Chile) pero además, dadas las condiciones
poblacionales negativas que prevalecían en las tierras altas de los
Andes sureños como consecuencia de una serie ininterrumpida de hambrunas
y guerras que se sucedieron entre 1530 y la década de los años
'50 del siglo XVI (Sempat Assadourian, 1994), parece de todo punto probable,
por lo que toca a las comarcas originarias de los yanaconas arribados a Santiago
del Estero, que se pueda fijar su enclavamiento mayoritario en las áreas
norteñas o centro-norteñas del Perú.
Es evidente, si ello es así, que los códigos
lingüísticos primarios de comunicación que manejarían
la mayor parte de los "indios amigos" peruanos asentados en la zona santiagueña
serían coincidentes con variedades locales del QI y del QIIA y B sin
perjuicio de que algunos de ellos (y también una parte, al menos,
de los conquistadores y primeros pobladores españoles) utilizaran igualmente
la modalidad lingüística denominada lengua general, identificable
con la variante costeña de la lengua quechua que sirvió como
base a la descripción realizada por fray Domingo de Santo Tomás
(Cerrón-Palomino 1989, 1995b).
Pues bien, esta hipótesis, asentada como hemos
visto en fundamentos históricos no totalmente definitorios (aunque
sí sólidos), es plenamente confirmada por los datos derivados
del análisis de las estructuras fónicas y morfosintácticas
del actual quechua santiagueño, en las que han sido identificados
numerosos rasgos 12 - que sólo pueden ser
explicados genéticamente de modo coherente si se parte, para ello,
de una matriz lingüística originaria identificable con variantes
diatópicas del quechua peruano norteño o central (Adelaar 1995,
Granda 1997b) las cuales no pudieron, evidentemente, ser trasladadas a Santiago
del Estero sino por los conquistadores españoles y los yanaconas indios
de la primera etapa de la colonización hispánica ya que con
posterioridad a dicho período temporal no existieron prácticamente
entre esta última área y las zonas del centro del Perú
relaciones de intercambio poblacional dignas de mención.
Parece, pues, fuera de toda duda que, como lo expresa Adelaar (1995: 40-47),
"los primeros colonos [de Santiago del Estero en su época hispánica]
habrían llegado del norte o centro del Perú" llevando consigo,
como es natural, sus propias modalidades primarias de QI, QIIA o QIIB y también
en ocasiones, seguramente no infrecuentes, la lengua general de base costeña.
Por lo que atañe al objeto específico
de estas páginas podemos pues, suponer fundadamente que los primeros
años de la colonización hispánica del territorio santiagueño
supusieron la implantación en el área tucumana de modalidades
de la lengua quechua que (además de en otros rasgos) coincidían
todas ellas en no presentar series de consonantes laringalizadas (aspiradas
y glotalizadas) ya que las mismas ni parecen ser postulables para las variantes
diatópicas locales existentes en las segunda mitad del siglo XVI en
el Perú norteño y central -contra la opinión de Rowe
(1950)- ni se dieron, al parecer, en la lengua general (Cerrón-Palomino
1989: 188-194) así como tampoco en la variedad reproducida en el manuscrito
de Huarochirí (Adelaar 1994) que es, según todas las probabilidades,
identificable con un tipo de código comunicativo suprarregional prehispánico
(diferente del descrito por fray Domingo de Santo Tomás) dotado de
características que lo relacionan predominantemente con el QIIB.
El tercer componente de nuestro modelo explicativo
abarca, en su determinación temporal, los últimos decenios
del siglo XVI y los primeros del XVII mientras que, en cuanto a su perfil
funcional se refiere, debe ser puesto en relación con un proceso
sociológico, colectivo, de acomodación lingüística
(Giles y Smith 1979: Giles, 1984) conducente a la constitución de
una modalidad local, básicamente unificada de koiné (Siegel
1985; Cardona 1990) quechua, producto de la convergencia, hacia una variedad
común, de las diferentes variantes de esa lengua existentes previamente
en territorio santiagueño y, en general, tucumano.
Hemos visto, en efecto, que, como consecuencia de los
movimientos poblacionales que tuvieron lugar en el área que aquí
consideramos, confluyeron en ella durante los siglos XV y XVI variantes diatópicas
de QS, y de Ch1, Ch2, Ch3 (utilizando la terminología de Taylor 1994)
o de QI y de QIIA, B y C en su rama cuzqueño-boliviana (según
la clasificación de Torero 1964) además de la modalidad de
lengua general de la base costeña (Cerrón-Palomino 1989 y 1995b).
Y es precisamente en este tipo de contextos, de marcada heterogeneidad dialectal
interna, en los que, en general, se desarrollan -para eliminar
por este medio indeseables diferenciaciones grupales que podrían ser
atentatorias a la cohesión intracomunitaria- procesos de koineización,
es decir de "convergencia y nivelación entre variedades lingüísticas
... estrechamente relacionadas desde el punto de vista genético" (Mohán
1978) 13 , como los que han tenido lugar en relación
con las diferentes modalidades del hindi transportadas a las islas Fiji
(Moag 1977), Guyana (Gambhir 1981) o Isla Mauricio (Domingue 1981) y también,
en un nivel más amplio, en el español de América (Granda
1994) o en el alemán implantado en el mismo continente (Gilbert 1971).
Dicho proceso koineizador, que puede culminar ideológicamente
en algo más de medio siglo (Trudgill 1986: 95), se verifica a través
de dos mecanismos evolutivos. El simplificador mediante el cual se seleccionan,
de entre las alternativas -de funcionalidad homóloga- que coexisten
en la situación de heterogeneidad dialectal previa al desarrollo de
las tendencias hacia la convergencia lingüística en el territorio
estudiado, las que poseen la condición de ser mínimamente marcadas
y, por ello, máximamente económicas. Y el nivelador, por el
que se incorporan a la modalidad koiné en gestación los rasgos
lingüísticos cuantitativamente mayoritarios entre los que compiten
en su función en la etapa previa a la constitución de aquélla.
Aunque, como lo he expuesto en otra oportunidad (Granda 1994: 69-70), el
primero de ellos (simplificación) posee evidente primacía jerárquica,
en cuanto a su actuación puntual, sobre el segundo (nivelación).
Si, como parece difícilmente discutible después
de tomar en consideración los datos hasta aquí expuestos, se
atribuye a la variedad de quechua (unificado a partir de su heterogeneidad
dialectal originaria) que se utiliza en el área santiagueña,
muy probablemente desde las primeras décadas del siglo XVII, la tipología
genética de modalidad koiné podrán ser valoradas de
modo adecuado una gran cantidad de rasgos caracterizadores de esta variante
diatópica de la lengua andina.
Así determinados fenómenos
tanto de reestructuración 14 como de restricción
funcional 15 y de reducción del repertorio
de elementos morfosintácticos 16 que se dan
en ella serán considerados como resultados de la actuación
del mecanismo simplificador de la koineización verificada en el área
santiagueña, otros 17 podrán ser atribuidos
a la acción del -complementario- mecanismo nivelador y, finalmente,
algunos más (quizá los más sugestivos) 18 deberán relacionarse causalmente con ambos.
Este último es también, con certeza, el caso del rasgo fonético
que en estas páginas consideramos. En efecto, la eliminación
en el quechua santiagueño koiné (del que deriva mayoritariamente
el actual) de las series consonánticas glotalizadas y aspiradas -que
estaban, desde luego, presentes en el quechua llevado al territorio hoy santiagueño
por los mitmas incaicos y fueron manejadas también, sin duda, por
sus descendientes- es conectable genéticamente, por una parte, con
un claro proceso de simplificación fonológica mientras (y simultáneamente)
por otra lo es con el proceso nivelador que seleccionó, para su incorporación
a la koiné local en formación, no la alternativa representada
por las modalidades territoriales de procedencia QS, sino sus homologas
de origen CH1, CH2 o CH3 (o QI y QIIA y B), desprovistas todas ellas de
consonantes laringalizadas y, muy posiblemente, manejadas por un contingente
mayoritario de hablantes en el inicial Santiago del Estero hispánico.
Es preciso tener en cuenta del mismo modo que, tanto
respecto a este rasgo concreto como respecto a los otros, similares, a los
que hasta aquí hemos aludido, el mecanismo simplificador actuante
en el proceso de koineización que tuvo lugar en el área santiagueña
fue, sin duda, reforzado por tendencias, igualmente simplificadoras, derivadas
del fenómeno de sustitución lingüística que se
desarrolló entre la población aborigen de habla diaguita (kakán)
al reemplazar esta su lengua primaria por el quechua, de uso general en Santiago
del Estero (Cerrón-Palomino 1987a: 347).
En situaciones de este tipo caracterizadas
por la producción de fenómenos de shifting, como los denominan
Thomason y Kaufman (1988), es sabido que las estructuras complejas o fuertemente
marcadas de la L2 adquirida por hablantes de L1 primaria son, de modo general,
reducidas a paradigmas funcionales más económicos y simples
(Thomason y Kaufman 1988: 51-52) lo que, muy probablemente, ocurrió
también en el caso que nos ocupa dando lugar, así, a la generalización
de tendencias simplificadoras (conducentes, sin duda, a la supresión
de las series consonánticas laringales) respecto al rasgo que aquí
analizamos no sólo entre los quechuahablantes locales de procedencia
peruana sino también entre la población indígena, nativa,
de lengua originaria kakán 19 .
El cuarto (y último) componente del paradigma
explicativo diacrónico que, a propósito del rasgo concreto
que analizamos, proponemos en estas páginas para el quechua santiagueño
abarca cronológicamente desde la consumación del "proceso
koineizador" de que nos ocupamos en los párrafos inmediatamente anteriores
hasta la actualidad aunque, como veremos, se deban establecer en el mismo
dos subdivisiones cronológicas dotadas, en parte, de orientaciones
dinámicas claramente diferenciadas.
La caracterización de base del segmento temporal
en cuestión, en su totalidad, viene determinada por lo que, con terminología
de Siegel (1985), podemos denominar como "vernacularización de la
modalidad koiné" generada en las décadas finales del período
cronológico anterior (¿1610-1620?), es decir por el asentamiento
y prolongación en el tiempo de los rasgos fundamentales de la misma
de acuerdo, en ello, con las justas observaciones de Lieberson (1982) acerca
de la persistencia en el tiempo de fenómenos lingüísticos
producidos por factores sociales actuantes en una dimensión pretérita,
más o menos lejana, ya superada en cuanto a sus determinaciones causales
específicas.
Es obligado, no obstante, constatar que la modalidad
vernácula de tipología genética koiné, que se
constituyó en las primeras décadas del siglo XVII en el área
santiagueña y zonas próximas (Nardi 1962), fue sometida, con
posterioridad, a transformaciones relevantes -aunque no lo suficiente como
para eliminar de la misma la totalidad de sus rasgos tipológicos
distintivos- originadas por la actuación de dos condicionamientos
diferentes.
El primero de ellos impone al quechua santiagueño
una evidente deriva orientada a la sustitución de sus peculiaridades
vernáculas por rasgos, homólogos, de procedencia cuzqueño-boliviana
(QS, en terminología de Taylor). Este proceso, relativamente transparente
por lo que toca a la relexificación del vocabulario original del santiagueño,
a la reestructuración (parcial) de su paradigma verbal (Adelaar 1995:
46) y a otros fenómenos gramaticales similares (adopción,
por ejemplo, del sufijo verbal contaminativo -LLI), requiere, sin duda,
investigaciones mucho más profundas que las que hasta ahora se le
han dedicado pero parece, en principio, postulable su extensión a
otros constituyentes lingüísticos de la modalidad diatópica
que nos ocupa (cf. para un examen general, de índole teórica,
del tema Trudgill 1986).
Los factores causales generadores del proceso mencionado
son de clara, casi obvia, identificación así como también
lo son los límites temporales de su actuación transformadora
sobre el quechua santiagueño.
El más remoto y, posiblemente, de incidencia menos marcada en el
sentido a que nos referimos es coincidente con la utilización en
el área del quechua general impuesto por el III Concilio Limense
cuyas características lingüísticas cuzqueñas fueron
(a pesar de los, acertados, esfuerzos de sus proponentes por eliminar del
mismo localismos extremos) preponderantes (Cerrón-Palomino 1987b;
Itier 1991 y 1992).
El más reciente y, al mismo tiempo, más
intenso y temporalmente prolongado fue el derivado de la intensa relación
mantenida, durante todo el siglo XVII y una parte del XVIII, entre el área
santiagueña y las comarcas sureñas del Alto Perú (hoy
Bolivia). especialmente el foco de actividad económica que representaba
Potosí y la ciudad de Chuquisaca, La Plata o Charcas, de cuya Audiencia
dependían, jurídicamente, los territorios norteños de
la actual Argentina.
La comunicación permanente de ambas zonas, los
desplazamientos poblacionales (en los dos sentidos) entre ellas desarrollados
y el intercambio comercial fueron, sin duda, circunstancias que facilitaron
y determinaron un. paralelo, contacto lingüístico entre los quechuahablantes
de las respectivas zonas con la consecuencia, inevitable, de que la modalidad
diatópica santiagueña, evidentemente periférica y por
ello heterónoma (Chambers y Trudgill 1980), fuera receptora
de influjos modificadores, progresivamente más intensos con el tiempo,
procedentes del quechua local del sur del Alto Perú (Stark 1985b),
variante prestigiada no sólo por su empleo en áreas centrales
del Virreinato peruano (Slicher van Bath 1979) sino también, y sobre
todo por su (parcial) identificación con la variedad cuzqueña
considerada, ya en las décadas centrales del siglo XVII, como norma
diatópica modélica para el uso de la lengua quechua (Mannheim
1991; Torero 1995: 18-19).
La posibilidad, perfectamente factible
por cierto 20 , de que la prolongación de un estado
de cosas como el descrito pudiera haber llegado a modificar radicalmente
la tipología genética originaria del santiagueño a través
de una reestructuración completa de sus peculiaridades locales dirigida
a reemplazarlas por los rasgos, de funcionalidad homologa, existentes en
las modalidades quechuas del Alto Perú meridional o, en otros términos,
orientada hacia una situación de isogramatismo total (Granda, 1996),
quedó, sin embargo, frustrada por la sustitución acaecida en
la primera mitad del siglo XVIII (Farberman 1992) de la ruta que comunicaba,
hasta entonces el área territorial del Río de la Plata y Potosí
con escala en la zona de Santiago del Estero (Tenenes) por otra, de trazado
más occidental, apoyada en la comarca de San Miguel de Tucumán
(Palomar).
Este hecho que, a pesar de las reiteradas gestiones
realizadas por las autoridades locales santiagueñas, nunca pudo ser
revertido significó para el área en cuestión no sólo
su incomunicación definitiva con las comarcas altoperuanas sino también
su aislamiento, prolongado prácticamente hasta la centuria actual,
respecto a los núcleos urbanos más influyentes del Virreinato
rioplatense primero y de la Argentina independiente después (Farberman
1992; Bazán 1986). Y, en el ámbito lingüístico,
representó, para la modalidad diatópica santiagueña,
la finalización de un proceso, probablemente muy intenso, de reestructuración
y relexificación direccionalmente orientado hacia la adopción
de pautas de realización identificables con las existentes en la variante
prestigiosa del quechuacuzqueño-boliviano y, con base en ello, también
la persistencia en la misma (hasta hoy) de algunos, al menos, de los rasgos
caracterizadores de su peculiaridad tipológica, originaria, de variedad
koiné.
Este mismo factor condicionador fue, sin duda, el que
determinó que el santiagueño no llegara a compartir con el
quechua cuzqueño-boliviano determinadas evoluciones, muy específicas
de estas últimas modalidades dialectales, que, según las cuidadosas
y concluyentes investigaciones llevadas a cabo al respecto por Mannheim (1990,
1991), tuvieron lugar en ellas entre las últimas décadas del
siglo XVII y las primeras del XVIII.
Me refiero, en concreto, a los procesos fonéticos
de erosión consonántica en implosión silábica
que afectaron, en cuzqueño-boliviano, a la serie consonántica
oclusiva y también a –M y -Č dando lugar a las evoluciones siguientes:
[-P] > [F], [-T] > [-S], [-K/-Q] > [-X], [-Č] > [Š], [-M] >
[-N] y, del mismo modo, a los cambios, en el nivel morfológico, del
subordinador obviativo -PTI hacia [-XTI] y del sufijo casual de genitivo
-P / -PA hacia [-X]/ [-XPA]. El santiagueño ha incorporado a su propio
paradigma fonético los resultados de las evoluciones [-K / -Q] >
[-X] y [-Č] > [-Š] pero no el resto de los cambios enumerados.
Es obvio añadir, respecto a la temática concreta que ha
dado motivo a las presentes páginas, que tampoco fueron reincorporadas
al santiagueño las series consonánticas glotalizadas y aspiradas
que fueron eliminadas de esta última modalidad diatópica como
resultado del proceso koineizador de que nos hemos ocupado anteriormente
y que, por el contrario, constituían entonces (y ahora) uno de los
rasgos distintivos más relevantes de la variante cuzqueño-boliviana
de la lengua quechua.
El segundo de los condicionamientos determinadores
de profundas modificaciones reestructuradoras (y. desde luego, también
relexificadoras) en la fisonomía del quechua santiagueño es
de identificación evidente y manifiesta. Se trata de la presión
ejercida sobre esta variedad lingüística por el español,
lengua en contacto con el quechua local desde 1543.
Dicha presión debió, empero, de ser extremadamente
reducida durante más de dos siglos. Colaboraron, sin duda, a ello
no solamente la política lingüística general de la Corona
española, alentadora del uso de las llamadas lenguas generales tanto
en el Virreinato peruano (Heath y Laprade 1982; Mannheim 1984; Cerrón-Palomino
1987c; Cardón Ordóñez 1989) como en el resto de la América
hispánica, sino también circunstancias de índole específica
entre las que deben ser incluidas la relativa marginación del área
santiagueña respecto al resto del territorio rioplatense, el amplio
manejo por la población criolla santiagueña del quechua local
como lengua de comunicación interétnica y, como parte constituyente
de este último contexto, la quechuización lingüística
(prácticamente total, sin duda, en el siglo XVIII) de los grupos
aborígenes de la zona (Balmori 1959; Morínigo 1959).
En este prolongado período temporal no es probable
que el quechua santiagueño recibiera de la lengua de contacto rasgos
de transferencia estructuralmente relevantes aunque sí es evidente
que se verificaron en la época que consideramos algunos fenómenos
de calco sintáctico y semántico (Granda 1997c y 1997e) referidos,
como modelos determinadores, a configuraciones funcionales del español
clásico y también, con práctica seguridad, numerosos
casos de enriquecimiento léxico derivados de la apropiación,
por parte del quechua del área, de vocabulario castellano relacionable
con actividades, objetos y conceptos conexos con los procesos específicos
de aculturación sociológica desarrollados en la zona como consecuencia
de su incorporación a la sociedad hispánica (Poplack et al.
1988; Hout y Muysken 1994).
Es postulable, con mínimas posibilidades de
error en ello, que la situación descrita se prolongara en la comarca
de Santiago del Estero -no así en otras, como las correspondientes
a las actuales provincias argentinas de Tucumán y Salta (Granda 1993)-
no sólo con posterioridad a la promulgación, en 1770, de la
Real Cédula que ordenó (con escaso éxito por lo general)
el uso exclusivo de la lengua castellana en la América de soberanía
española y la cesación, por lo tanto, del empleo en ella de
las lenguas generales sino incluso después de la independencia de la
República Argentina
Tal estado de cosas se modificó, abrupta y velozmente, a partir
de los años centrales del siglo pasado. Confluyeron para determinar
este hecho diversos factores, de ámbito nacional unos y otros de índole
regional.
Deben ser destacados entre aquéllos 21 la ideología sarmientina, básicamente
menospreciadora de las etnias y las culturas indígenas americanas
y auspiciadora de la función homogeneizante de la "lengua nacional"
(castellana), la adopción por la llamada "Generación del 80"
argentina de referentes culturales, sociales, económicos y políticos
europeocéntricos, en especial de procedencia francesa. Y, como consecuencia
de todo ello, la implementación, por los gobernantes porteños
de políticas educativas, administrativas y lingüísticas
orientadas, de modo evidentemente premeditado, a eliminar de la fisonomía
colectiva del país cualquier peculiaridad cultural relacionable con
núcleos sociológicos aborígenes o, si ello no fuera posible,
a considerar a estos últimos si no como inexistentes sí, al
menos, como invisibles a nivel nacional.
Por lo que atañe en concreto
al área santiagueña son valorables como elementos modificadores
de especial relevancia, en cuanto a la temática específica
mencionada, los nuevos condicionamientos derivados de la desregionalización
de la economía y la administración provinciales, proceso éste
que al mismo tiempo que daba entrada en los niveles superiores de la sociedad
santiagueña a un gran número de forasteros, todos ellos monolingües
en español, determinaba al mismo tiempo una creciente intensificación
de la emigración local a otras zonas de la república, definitiva
en muchas ocasiones y en otras sólo estacional pero, en ambos casos,
generadora de un claro debilitamiento cuantitativo de la población
quechuahablante del área y de un avance, paralelo, en la generalización
del conocimiento y uso de la lengua castellana 22
. La cual, al mismo tiempo, se imponía progresivamente como lengua
hegemónica (Woolard 1985) y variedad H de una clara situación
diglósica (Britto 1986; Hudson-Edwards 1992) no sólo a través
de un eficaz sistema educativo, difusor de la "lengua nacional" (y sólo
de ella) en todos los niveles, sino también mediante la apertura,
creciente, a los medios de comunicación de masas (primeramente escritos,
luego también orales y últimamente televisivos) y a fenómenos
de movilidad poblacional (servicio militar, turismo, relaciones laborales,
etc.), factores, todos ellos, de clara incidencia lingüística
hispanizadora. Facilitada esta última, además, por la incomunicación,
ya total en la actual centuria, del núcleo quechuahablante santiagueño
con otras variedades territoriales de la lengua común, como las bolivianas,
y por la extinción, irreversible, de la empleadas en épocas
históricas anteriores en diversas zonas del noroeste argentino (Granda
1993).
Las consecuencias, obvias, de los factores determinadores
hasta aquí apuntados en el perfil macrosociolingüístico
que debe ser asignado al quechua local contemporáneo son esquematizables
en las tres siguientes: reducción progresiva del porcentaje de la
población santiagueña usuaria de esta última modalidad
lingüística y, paralelamente, limitación de su área
geográfica de uso y restricción de sus contextos de empleo,
bilingüismo total (en muchos casos con el español como lengua
primaria) de los grupos poblacionales que manejan aún la lengua quechua
y, finalmente, consideración colectiva (muy mayoritaria por parte de
los quechuahablantes locales) del código lingüístico español
como modalidad referencial de prestigio incluso para la utilización
de su propio sistema lingüístico primario.
No parece caber duda, pues, de que , si bien esta variante
territorial de la lengua quechua no puede ser considerada por su número,
aún relativamente alto de hablantes, como una variedad obsolescente
(Dorian 1989; Taylor 1992), sí debe ser incluida entre las modalidades
lingüísticas en peligro (Robins y Uhlenbeck 1991; Fase, Jaspaert
y Kroon 1992) dada la clara direccionalidad minorizadora, aparentemente irreversible
(a pesar de muy valiosos intentos, recientes, de invertir la tendencia en
cuestión), de su dinámica evolutiva.
En cuanto a los intensos fenómenos
de reestructuración que han tenido lugar en santiagueño como
resultado de la presión ejercida sobre sus paradigmas funcionales
por el español de contacto, me he ocupado de los mismos en varios trabajos
recientes (Granda 1997a, 1997c, 1997d, e.p. a, e.p. b) a los que aquí
me remito para no prolongar en exceso este texto. Baste decir, ahora, sobre
ellos que, aunque no llegan a afectar a los constituyentes de base del paradigma
gramatical del quechua local, sí han modificado en profundidad numerosos
rasgos 23 de sus estructuras funcionales, bien a
través de claros hechos de interferencia o mediante modificaciones,
no menos evidentes, originadas en procesos de convergencia lingüística
(Granda 1996).
Los datos que hasta aquí hemos aducido, como
contexto explicativo de un determinado rasgo fonológico (la ausencia
de series consonánticas laringalizadas), respecto a la formación
y evolución histórica de la modalidad quechua de Santiago del
Estero permiten, en mi opinión, proponer, como esquematización
conclusiva del sentido y las implicaciones teóricas de los mismos,
los siguientes puntos que. sin perjuicio que investigaciones futuras -totalmente
necesarias, como ya lo hemos apuntado, sobre todo en relación con
algunos temas específicos-puedan modificarlos en algún aspecto
concreto, considero básicamente establecidos:
1. La tipología
genética primaria que debe ser atribuida a la variedad diatópica
santiagueña de la lengua quechua es la de modalidad koiné,
derivada de un proceso sociológico de acomodación o convergencia
-que culminó o cristalizó (Foster 1960) en las primeras décadas
del siglo XVII- de las variantes de la misma lengua arribadas anteriormente
al área territorial de Santiago del Estero. Entre estas últimas
son, de modo especial, relevantes las relacionadas históricamente
con dialectos quechuas, identificables como QIIC (o QS,) y, sobre todo, como
QI y QIIA y B ( o Ch1, Ch2 y Ch3).
2. La tipología originaria
del santiagueño fue, sin embargo, modificada (aunque no totalmente)
como consecuencia de fenómenos de reestructuración condicionados
causalmente por su parcial estandarización, dirigida hacia la adopción
de la norma ejemplar cuzqueño-boliviana con la cual estuvo en intenso
contacto durante un prolongado período de tiempo (1620-primera mitad
del siglo XVIII). Este hecho configuró al quechua santiagueño
como una clara manifestación de los denominados dialectos terciarios
(Coseriu 1980), en la cual los rasgos subsistentes de la modalidad, originaria,
de tipología genética koiné coexisten con los procedentes
de la variedad estándar prestigiosa (en este caso la cuzqueña-boliviana)
que se impusieron a aquéllos desplazando, en gran número de
casos, a su homólogos funcionales autóctonos.
3. La fisonomía lingüística
del santiagueño, derivada de los dos factores determinadores mencionados,
fue posteriormente modificada de nuevo, en un elevado porcentaje de sus elementos
constitutivos, por un intensísimo proceso de incorporación
de transferencias (Granda 1996) generadas en la lengua española de
contacto.
Como conclusión final de todo ello se impone
(en mi opinión de modo insoslayable) la necesidad, ya apuntada por
Parker (1969: 281) y acertadamente perfilada después por Adelaar (1995:
46 y, sobre todo, 1994: 149, nota 2), de reconsiderarla, vigente, clasificación
dialectal del quechua santiagueño como modalidad incluible, sin más
precisiones, en QIIC (Torero 1964) o en QS2 (Taylor 1994).
Teniendo en cuenta debidamente la
especial tipología genética originaria -de carácter
koiné- atribuible a dicha variedad dialectal (que persiste aún,
a pesar de intensos procesos posteriores de reestructuración, en algunos
de sus rasgos caracterizadores de base) considero de todo punto necesaria
o bien su plena desvinculación taxonómica 24
del resto de las variantes diatópicas quechuas incluidas en los modelos
clasificatorios de las mismas hoy existentes o, en todo caso, su apreciación
como modalidad tipológica dotada de rasgos determinadores propios
y exclusivos asociable sólo a efectos de enclavamiento territorial
-no taxonómicos-a los grupos dialectales QIIC (Chínchay meridional)
o QSC propuestos, respectivamente, por Torero y Taylor.
Germán de Granda
Departamento de Lengua Española
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Valladolid
47002 Valladolid, España
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NOTAS:
1.- Mannheim (1983: 50) sugirió, con
base en la presencia de determinadas aspiradas protéticas en el quechua
ayacuchano, que corresponderían (Carenko 1975) a fenómenos
anticipatorios de consonantes glotalizadas secuencialmente posteriores, la
posibilidad de que ello constituyera un testimonio de la preexistencia diacrónica
de la serie consonántica glotalizada en la mencionada modalidad diatópica.
2.- Acepto, para la denominación de esta
última lengua, la propuesta de Cerrón-Palomino (1993).
3.- El QSC de Taylor coincidiría, pues,
con el QIIC de la clasificación dialectal de Torero (1964, 1983) mientras
que su QCh abarcaría tanto el QI como el QIIA y B del mismo autor
y puede ser subdividido en Ch1 (variedades ecuatorianas), Ch2 (dialectos centroperuanos,
especialmente Wanka y Ancashino) y Ch3 (variedades, mixtas, de Ferreñafe,
Cajamarca, Chachapoyas y San Martín).
4.- Como se comprobará en las páginas
que siguen, no todos los estudios a los que aquí aludo han visto
la luz con posterioridad a 1987. Pero, a pesar de su publicación
en años anteriores a esa fecha, algunos trabajos a los que me referiré
inmediatamente sólo en la década actual de los años
'90 han sido conocidos o han tenido incidencia metodológica de modo
general sobre los investigadores especializados en lingüística
quechua ya por la escasa difusión de su concreto soporte bibliográfico
o por la lejanía, aparente, de sus contenidos y finalidades teóricas
respecto al área de investigación referida a la problemática
específica de la agrupación lingüística quechumara.
Ello justifica, en mi concepto, su inclusión en los apartados correspondientes
de la presente monografía.
5.- Con muy escasa anterioridad a la. renovada, formulación
de la hipótesis de la unidad genealógica quechumara por Campbell
ya había sugerido la conveniencia de incluir, definitivamente, las
series consonánticas glotalizada y aspirada en el Protoquechua Landerman
(1994).
6.- Los estudios sobre este tema mencionados
en el texto fueron precedidos en el tiempo por otros varios, escasamente
afortunados, acerca de la misma materia como, por ejemplo, el debido a Urioste
(1983).
7.- Véanse, sobre la temática en cuestión
y sus implicaciones metodológicas y teóricas, los importantes
puntos de vista expuestos al respecto por Cerrón-Palomino (1995a,
62-64).
8.- La conservación de la oposición
fonológica /K/ - /Q/, presentada por Hasler (1984: 9) como otro rasgo
santiagueño atribuible a la acción del sustrato kakán,
no es (obviamente) tal cosa sino simple hecho de retención de una
oposición existente en el Protoquechua (PQ), sólo eliminada
hoy (como es sabido) en las variedades dialectales quechuas del Ecuador, Colombia
y el oriente peruano (incluyendo Amazonas y San Martín) en las que
/Q/ > /K/ e, históricamente, en el quechua costeño descrito
por fray Domingo de Santo Tomás (Cerrón-Palomino 1989).Téngase
en cuenta, además, que en la reconstrucción del fonetismo kakán
llevada a cabo por Nardi se considera sólo "dudosa" la presencia
del fonema /Q/ en el repertorio consonántico de dicha lengua (Nardi
1979: 5).
9.- Es de todo punto probable que entre los
componentes de los grupos de mitmas desplazados a los territorios del noroeste
de la actual República Argentina existieran hablantes de lengua aimara
(al menos como código primario de comunicación) si se toma
en cuenta la distribución areal de las lenguas altiplánicas
sureñas que, para la época aquí considerada, proporcionan
los estudios sobre el tema de Bouysse-Cassagne (1975), Espinoza Soriano
(1982) y Torero (1987). Es este tema que requiere, en mi opinión,
una consideración más detenida que la que hasta hoy se le
ha dedicado teniendo en cuenta, sobre todo, su posible incidencia en la
conformación de determinados rasgos del actual quechua santiagueño.
10.- Me refiero en este punto a que, incluso aceptando
la tesis de que las series glotalizadas y aspiradas del quechua cuzqueño-boliviano
solamente se desarrollaron, en el altiplano andino sureño, por contacto
con la lengua aimara "a fines del siglo XV o principios del XVI' (Torero
1972: 88), no hay inconveniente alguno en considerar que las mencionadas series
consonánticas pudieron ser llevadas al noroeste de la actual Argentina
por los mitmas incaicos ya que estos siguieron estableciéndose en
dichos territorios hasta las mismas fechas en que tuvo lugar la "entrada"
(Piossek Prebisch 1984) de Diego de Rojas (1543) (Lorandi 1980 y 1983: Lorandi
y Cremonte 1991).
11.- Ténganse en cuenta, acerca de
este particular, las opiniones al respecto de Hernando de Santillán
y de Gonzalo Fernández de Oviedo, conocedores directos del tema en
cuestión: "... cada conquistador tomó tantos yanaconas como
tenía el inca casi" (Santillán 1968, 137); "... los han llevado
[a los yanaconas] cargados y en colleras y muertos de hambre y no hay entrada
que se haya hecho que no cueste más de diez mil indios que llevan
de esta manera", "... aquellos capitanes que salieron a poblar, como es dicho,
llevaron de los indios de paz. a tres y a cuatro mil indios para cargar y,
como los sacan de sus naturalezas, por maravilla vuelve indio porque los más
se mueren y a los que quedan córtanles los cabellos y hácenlos
yanaconas" (Fernández de Oviedo 1959: 136 y 207). Por lo que se refiere
al caso concreto del área territorial de Tucumán sabemos, por
un informe del Gobernador D. Juan Ramírez de Velasco, que la ciudad
de San Salvador de Jujuy fue fundada con una población originaria
constituida por cuarenta "vecinos" (españoles y criollos) y tres mil
"indios amigos" y que, del mismo modo, Córdoba recibió un contingente
poblacional inicial de cincuenta "vecinos" y más de seis mil indios
(Morínigo 1959: 83-84). La relevancia demográfica de los yanaconas
de origen peruano en el poblamiento de los territorios noroccidentales de
la actual Argentina durante los siglos XVI - XVII es comprobable a través
de datos, de índole toponímica y antroponímica, aducidos
al respecto, muy justamente, por Nardi (1962: 270-271) que, sin duda, son
aún susceptibles de ampliación (como ejemplo de ello cf. Bravo
1990: 25-27).
12.- En el nivel fonético, entre otros, pérdida
de H -inicial, fricativización de /LL/ y ensordecimiento posterior
del sonido resultante ante consonante sorda, conservación (parcial)
de la distinción /S/ - /Š/ y de la S- inicial. En el nivel morfológico,
generalización de la transición -SU a todos los casos de objeto
verbal de segunda persona y empleo del morfema casual -TA tanto para objeto
directo como indirecto. En cuanto al léxico, posee la misma implicación
genética el uso, por ejemplo, de voces como tukuy, qaya y qanimpa
(Adelaar 1995: Granda 1997b).
13.- La traducción de la cita es propia.
14.- Entre otros, la reestructuración
de funciones de los sufijos casuales -TA y -MAN (Granda 1997b).
15.- Cf. las restricciones de uso que afectan
en santiagueño al morfema continuativo -RAQ. al certitudinal -PUNÍ
y al contrastivo -TAQ (Nardi ms.).
16.- Por ejemplo, el desuso en quechua local
del marcador aproximativo simultáneo –STIN, del sufijo derivacional
verbal inductivo (y afectivo) –YKU, del eductivo –RQU, del oscilativo –YKACHA,
del frecuentativo -PAYA, del estático -RAYA, del simulativo -TUKU,
del continuativo -NYA, del asistivo -YSI, del sufijo derivacional nominal
de índole privativa -NAQ. etc. Sobre los valores funcionales secundarios
de algunos de ellos, véanse, sobre todo, los estudios de Adelaar (1988)
y Weber (1989).
17.- Así la preservación parcial de
la oposición /S/ - /Š/ y de S- inicial o la eliminación de
H- también inicial (Adelaar 1995).
18.- Como la ampliación funcional que
experimentó en santiagueño la transición verbal -SU
marcadora de objeto de segunda persona (Adelaar 1995).
19.- En muchos casos (quizá en la mayoría)
ni siquiera sería necesaria -en relación con el rasgo concreto
que en estas páginas nos ocupa- la puesta en marcha de estas tendencias
simplificadoras en el proceso de apropiación de la lengua quechua
por la población aborigen santiagueña ya que la modalidad de
aquélla que era transmitida a los hablantes originarios de lengua kakán
no poseía, en gran número de casos, series consonánticas
aspiradas y glotalizadas. Recuérdese en este sentido que, en una Información
ordenada por el Virrey Don Francisco de Toledo en 1571 (Levillier 1920:409,411,413,
415), varios testigos declararon que, por falta de sacerdotes, eran los
yanaconas quienes se encargaban de enseñar la doctrina cristiana
a la población aborigen tucumana. Y en esta tarea (que comportaba
evidentemente un simultáneo proceso de quechuización lingüística)
la modalidad de lengua empleada por los improvisados evangelizadores fue,
sin duda, muy mayoritariamente o el quechua peruano central y norteño
o la lengua general, modalidades ambas carentes de consonantes laringalizadas
en la época fundacional de Santiago del Estero. Por lo que se refiere
al posible empleo (en estas tareas y en otros casos de interacción
lingüística entre la población aborigen santiagueña
y los conquistadores y yanaconas llegados del Perú) de la lengua
general, coincidente con la descrita por Fray Domingo de Santo Tomás,
debe ser debidamente valorada la afirmación de este último
de que la misma "se usaua generalmente della de todos los señores
y principales de la tierra, y de muy gran parte de la gente común
della" (Santo Tomás 1995 [1560]: 9) lo que debe ser aplicable también
a una parte, al menos, de los contingentes humanos de origen peruano (no
sólo de los "indios amigos" sino también de los españoles)
actuantes en la conquista y colonización del área santiagueña.
20.- No hay. en efecto, limitaciones estructurales,
internas, a la intensidad de los procesos de transferencia derivados de situaciones
de lenguas en contacto (Thomason y Kaufman 1988: 35) si los condicionamientos
sociolingüísticos (referidos básicamente a la duración,
modalidad e intensidad del contacto) son los adecuados. Concluyente comprobación
de ello facilita, entre otros hechos similares, el conocido caso de la lengua
africana ma’a o mbugu, reestructurada de modo intensísimo en dirección
a la variedades dialectales de tipo bantú que la circundan (Thomason
1983 y 1997b: Mous 1994).
21.- Como se ha hecho recientemente (Fernández
Lávaque 1997) en relación con el estado actual y las perspectivas
de futuro de otras lenguas aborígenes del noroeste argentino.
22.- Fenómenos sociológicos como los mencionados
en el texto han debido determinar en el área santiagueña, desde
mediados del siglo pasado hasta la actualidad, un proceso progresivo de
sustitución de sus redes sociales internas, originariamente densas
y múltiples, por otras de índole laxa y débil. Este
hecho, como es sabido, origina en el ámbito lingüístico
una acelerada restricción de las modalidades vernáculas de
habla (en este caso la lengua quechua), que son reemplazadas por la modalidad
comunitaria prestigiosa (español en el contexto en cuestión).
Sobre este enfoque teórico del tema que aquí consideramos cf.
L. Milroy y Margrain (1980); L. Milroy (1980) y J. Milroy (1991).
23.- Ninguno de ellos implica, como es lógico,
al rasgo fonológico específico que ha dado motivo a estas
páginas, es decir a la inexistencia en quechua santiagueño
contemporáneo de series consonánticas glotalizadas y aspiradas.
Sería de todo punto imposible que la presión del español
de contacto hubiera alterado, en este aspecto, la fisonomía fonética
del santiagueño koiné originario ya que el sistema fonológico
castellano no posee, obviamente, tales sonidos.
24.- Quizá juntamente con el quechua ecuatoriano,
que parece compartir con el santiagueño características básicas
propias de modalidades diatópicas de tipología genética
koiné (Muysken ms.).


(c) ADILQ - Asociación Investigadores en Lengua Quechua
Jorge R. Alderetes - Lelia Inés Albarracín
(1997)