ORIGEN Y EXPANSION DEL QUECHUA
La versión tradicional acerca de la expansión del quechua
es que ésta se habría efectuado en dos etapas: una incaica
y otra colonial. Los estudios más recientes permiten establecer al
menos tres etapas: preincaica, incaica y colonial. El reconocimiento de estas
tres etapas conduce a plantear la existencia de otros tantos centros de propagación
de la lengua. Aquí nuevamente surge una controversia, esta vez acerca
del foco originario de difusión a partir del cual la lengua se expandió
por todo el mundo andino. Son cuatro las hipótesis acerca de la ubicación
de este foco originario.
La versión más difundida es la que atribuye al Cuzco
el centro inicial donde se originó la lengua y a partir del cual se
expandió. Los estudios dialectológicos realizados en las últimas
décadas han permitido descartar esta hipótesis, por cuanto
el grado de divergencia que muestran las variedades del grupo QI no
pueden ser explicadas a partir de un origen cuzqueño entre otros argumentos
que Cerrón Palomino (1987: 324-327) expone detalladamente.
Una segunda hipótesis, sin mayor sustento lingüístico,
asigna al quechua un foco de expansión ubicado en la selva alta
en un área comprendida entre Chachapoyas y Macas (Amazonas), basada
en fundamentos arqueológicos (la difusión de un estilo cerámico)
y ecológicos (la adaptación gradual del cultivo de maíz).
Si bien el proceso de la difusión del cultivo del maíz pudo
haberse propagado a partir del área montañosa señalada,
no necesariamente tuvo que estar relacionada con la difusión de la
lengua. Además del mencionado, son muchos los aspectos conflictivos
de esta hipótesis, por lo que los lingüistas la han descartado.
Hay otra teoría que postula el origen preincaico del quechua
ecuatoriano y que éste se habría difundido desde el Ecuador
hacia el Perú. Esta teoría de la procedencia norteña
del quechua afronta dificultades insalvables a pesar de los recientes aportes
de destacados lingüistas. Para mayores detalles puede consultarse Cerrón-Palomino
(1987: 338-341).
Finalmente, la hipótesis que va ganando mayor fuerza y aceptación
entre los lingüistas es la que asigna a la lengua un origen costeño;
según ella el quechua habría sido difundido por los chinchas.
Esta posibilidad ya había sido planteada por algunos cronistas del
siglo XVI y en los comienzos del siglo XX pueden encontrarse interesantes
trabajos de historiadores peruanos que tratan de fundamentarla.
Al respecto, Waldemar Espinoza Soriano (1982:177-182) nos dice:
“Todos los amautas y quipucamayos andinos de los tiempos prehispánicos
estuvieron persuadidos de que el quechua fue una lengua originaria del valle
de Chincha. Pero como la historia que ellos cultivaban era tradicional y
oral, es lógico que esta explicación sufriera reinterpretaciones
y alteraciones con el devenir de los siglos. Por eso, para ciertos informantes
de las postrimerías del siglo XVI, el quechua de procedencia chinchana
se extendió por la integridad del Perú no en centurias tan remotas
sino durante el reinado de Huayna Capac ... “.
“Ya en 1553 Pedro Cieza de León dejó escrito, de
acuerdo a las noticias que propalaban los chancas, cómo estos eran
inmigrantes de las alturas de Choclococha y Urcococha, es decir de las punas
de los Chocorvos. Mientras los de Chincha por su parte, referían en
1557 que ellos fueron los conquistadores y dominadores del reino de Chocorvos
(Castrovirreyna). Y en 1609 Garcilaso de la Vega, de conformidad a las narraciones
de los orejones cuzqueños, dejaba aclarado que la lengua quechua hablada
en la capital del Imperio tenía origen en los Chancas. La conclusión,
por consiguiente, es clarísima: el quechua en los Andes Centrales
se expandió de Oeste a Este, o sea de la costa a la sierra”.
“ (Fray Martín de) Murúa, ya lo hemos manifestado,
es otro de los cronistas que tuvo el pensamiento firme de que el quechua tuvo
su origen en la costa y que de Chincha partió la infiltración
de este idioma a las regiones andinas del centro y del sur”.
“Y así llegamos al siglo XX, en que José de la Riva
Agüero en 1910, con una lucidez extraordinaria, en su tesis doctoral
La Historia en el Perú elaboró la sugerente hipótesis
de que los pobladores de las formaciones económico-sociales de los
Andes Centrales de los tiempos que hoy denominamos Huari u Horizonte Medio
hablaban quechua. Los argumentos que tuvo Riva Agüero fueron y siguen
siendo concluyentes, de una lógica irreplicable. De acuerdo al estado
de las investigaciones arqueológicas en los años de Riva Agüero
a dicho Horizonte panandino se le conocía con el nombre genérico
de Tiahuanaco. La dilucidación espacial, separando Huari por un lado
y Tiahuanaco por otro, corresponde recién a la década de 1950.
Riva Agüero, además, explicó que la gente del área
nuclear de Tiahuanaco, o sea del altiplano del Titicaca, hablaba también
quechua, y que los destructores de esta civilización fueron los invasores
aimaras procedentes de Coquimbo y Tucumán. El que los del perímetro
nuclear de Tiahuanaco hubieran manejado el quechua, ahora lo sabemos, no
es cierto, pero en lo restante Riva Agüero acertó diáfanamente,
ya que al mismo resultado hemos arribado empleando otros métodos y
fuentes.”
“Al año siguiente, en 1911, apareció el primer investigador
e historiador del Perú republicano que lanzó la hipótesis
muy bien fundamentada sobre el origen centro costeño del quechua.
Fue el célebre científico don Manuel González de la
Rosa. Este erudito peruano publicó en julio del mencionado año
de 1911 un trabajo que precisamente lleva por título ‘Origen
costeño del Quechua' ....”.
“La difusión del quechua, además, de la zona centro
costeña al resto del Perú, según González de
la Rosa, fue realizada muchos siglos antes del establecimiento del Imperio
de los Incas. Hecho lógico, ya que en los pocos años que duró
éste es imposible que hubiera podido imponerse casi por todos sus
confines:
‘Por lo tanto -dice- si llegaron a hablar la misma lengua que
los serranos fue porque los costeños fueron primero a la sierra, donde
extendieron su dominación y su lengua por el Norte y al fin por el
sur del Perú. Es necesario que abandonemos para siempre la opinión
de los cronistas, que suponían que la lengua se imponía fácilmente
con la dominación de los incas. Donde quiera que se hablaba quechua,
es porque siempre se había hablado, sea en la costa, en el Ecuador,
en Bolivia o en Santiago del Estero’ (González de la Rosa 1911: 1209)”.
Por su parte, Rojas Rojas (1980: 45) nos proporciona la siguiente información:
“... existe continuidad de información, desde Martín
de Morúa (1590), Manuel Gonzáles de la Rosa (1911), Dick Ibarra
Grasso (1958), hasta Alfredo Torero, de que el Quechua procede de la Costa
Central del Perú. Lo que no tocan los primeros es la cronología
y los hechos sociales que propiciaron su expansión. Mérito que
corresponde a Torero por haber hecho de estos aspectos sociales del lenguaje
su objeto de investigación.
En una entrega desacostumbrada entre los lingüistas peruanos,
y compatible sólo con vocaciones profundas, Torero se impuso la enorme
tarea de ahondar la investigación sobre la procedencia del Quechua.
Acopió material lingüístico e información extraída
de fuentes escritas en los siglos XVI y XVII. Sus estudios glotocronológicos
y de geografía lingüística, reforzados con información
arqueológica, lo llevaron a confirmar científicamente el origen
costeño del Quechua, y a postular una cronología de su expansión
como lengua general, por el territorio del antiguo Perú.”
Según diversas fuentes, la acción de los señores
del reino de Chincha, que antes de la dominación incaica ejercían
su poderío a lo largo de la costa como en los pueblos de la sierra
sur peruana, habría difundido su lengua por la sierra sur y por el
litoral norteño hasta llegar al Ecuador.
De acuerdo con Torero, habría tres fases de expansión
del quechua a partir de la costa y sierra centrales del Perú. La primera
dispersión de la lengua se habría producido a principios de
la era cristiana. La segunda expansión, coincidente con el encumbramiento
de Pachacamac (siglo VIII) como centro de poder económico y teocrático,
se habría efectuado en dos direcciones opuestas, una hacia la sierra
norte (QII-A), y otra hacia la costa y sierra sur (QIIB-C). Tras la caída
de Pachacamac, surge Chincha como poderoso centro mercantil que habría
vehiculizado la tercera expansión del quechua, bajo sus configuraciones
de QII-B, por la costa norte hasta el Ecuador, y QII-C en dirección
del este y del sur.
Las fases expansivas del quechua, implicaron la eliminación de
otras lenguas que ocupaban los territorios cubiertos actualmente por aquél.
Si bien no hay evidencias directas respecto de las hablas que preexistían
en el área de dispersión del protoquechua, los indicios de
otros idiomas aumentan a medida que se rastrea la expansión de la
lengua en sus dos fases restantes.
Ahora bien, si el Cuzco no fue la cuna del quechua, surge naturalmente
la pregunta acerca de qué lengua hablaban los primeros incas. Son dos
las hipótesis acerca de la lengua originaria de los incas: la primera
postula que debió ser el aimara, y la segunda que la lengua de los
fundadores del Imperio fue el puquina.
Finalmente, cuando se estableció el poder cuzqueño, ya
el quechua chínchay se hallaba muy difundido como una especie
de lengua de relación. Su extensa vigencia habría
inducido a los incas a adoptar el quechua como idioma oficial
del Tahuantinsuyo, llevándolo a su máxima expansión.
Tras la caída de éste, tendría un rol fundamental
en el afianzamiento del imperio colonial español.
En el proceso inicial de expansión del quechua, como puede apreciarse,
hay diferentes fases en las cuales intervienen factores de diversa índole.
Torero asigna especial importancia a las transacciones económicas
como un factor determinante para la expansión de la lengua.
Al respecto, Rojas Rojas (1980: 48-50) señala:
“Dando por sentado que toda expansión cultural se mueve
al impulso de intereses económicos, Torero desarrolla la historia social
del Quechua sobre la base de relaciones comerciales interregionales de la
Costa, Sierra y Selva. Estas relaciones, a su vez, están determinadas
por las diferentes situaciones ecológicas de los pueblos andinos, y
por la r la producción de excedentes. Así, por ejemplo, a principios
de nuestra era, Moche, Lima y Nazca fueron valles muy ricos cuyas poblaciones
ejercieron influencia religiosa en áreas extensas. Las condiciones
ecológicas les permitieron, pues, desarrollar la agricultura y la
pesca, así como la industria textil. Y sobre la base del intercambio
de sus excedentes, perfeccionaron luego las técnicas de navegación
y la metalistería. Esto es, contaron con las condiciones básicas
para constituirse en núcleos de atracción humana e irradiación
cultural; en puntos importantes para el intercambio económico con
otros pueblos costaneros y con los del interior.
Entrelazados a una intensa actividad comercial - según Torero-
se habría difundido el Quechua y otras lenguas desde sus formas más
arcaicas, a principios de la era cristiana.” ...
“Aproximadamente en el siglo XIII el reino Chincha se constituyó
en el más próspero de la Costa peruana. El poderío de
los chinchas - sostiene Torero- daría un nuevo impulso a la expansión
del Quechua desde el Collao hasta Quito, movilizando más de seis mil
mercaderes por tierra y por mar. Postulación sustentada en un documento
anónimo analizado y publicado por María Rostworowski (1970),
en el que se dice que seis mil mercaderes ... con sus compras y ventas iban
desde Chincha al Cuzco por todo el Collao, y otros iban a Quito y a Puerto
Viejo, de donde traían mucha chaquira de oro y muchas esmeraldas
ricas y las vendían a caciques de Ica.”
Por otra parte, discrepando con Torero en cuanto a las razones de la
expansión de la lengua, Rojas Rojas (1980: 112) señala:
“La difusión inicial del Quechua se habría apoyado
en las necesidades religiosas de los pueblos del centro del Perú. La
religión habría motivado masivos desplazamientos migratorios,
en forma de peregrinaciones, hacia los oráculos de Lima. La necesidad
de comprender a los descifradores de los oráculos, y el propio contexto
social es posible que hubieran determinado el aprendizaje del Quechua por
parte de los numerosos peregrinos.”
Este autor, en sus conclusiones, también señala que los
móviles, agentes y mecanismos que entran en juego en la expansión
de una determinada expresión cultural, adquieren mayor o menor importancia
en distintas etapas de evolución social, pero no se excluyen históricamente.
Como prueba de ello (Rojas 1980: 113) ejemplifica:“Pachacamac perdió
poderío militar y político, frente al conquistador imperio cusqueño,
pero mantuvo su prestigio religioso hasta la conquista española”.
La expansión incaica se inicia poco antes de la segunda mitad
del siglo XV bajo el reinado del inca Pachacútec (1433-1471), quien
emprendió la conquista de los grupos étnicos de la sierra central
peruana y la de los pueblos de la meseta del Titicaca. Por la misma época,
el hijo de Pachacútec, Túpac Inca Yupanqui, inicia la conquista
de la sierra norte. Posteriormente marcha hacia Quito y de allí se
dirije a la costa ecuatoriana. Luego retorna hacia el sur, invade la costa
peruana por el norte y ocupa toda la costa central hasta la altura de Lima.
A la renuncia de su padre al trono, asume el poder en 1471 aproximadamente.
Túpac Yupanqui invade posteriormente el actual territorio de Bolivia,
de allí pasa a ocupar la mayor parte del cabezal noroeste argentino
y luego emprende la conquista de Chile. De esta manera quedó fijada
la frontera sur del imperio, teniendo a Tucumán como provincia sudoriental,
y el territorio chileno hasta el Río Maipo, como la provincia
sudoccidental. [9]
A la muerte de Túpac Yupanqui, ocurrida en
1493, le sucede su hijo Huaina Cápac. Al nuevo inca le correspondió
la expansión del imperio por el norte. Huaina Cápac llevó
las fronteras del imperio hasta el Río Ancasmayo en la actual demarcación
fronteriza entre Ecuador y Colombia, para luego emprender la conquista de
la costa ecuatoriana. La muerte del inca se produjo posiblemente en
1537 (aunque se menciona 1526 como la fecha de su alejamiento del gobierno)
y desató una lucha entre sus hijos Huáscar y Atahualpa por la
posesión del trono.
Como se habrá podido apreciar, la expansión del Tahuantinsuyo
fue obra de sus tres últimos soberanos (excluyendo los breves períodos
de Huáscar y Atahualpa). A la muerte de Huaina Cápac, el imperio
abarcaba desde los 2 grados de latitud norte hasta los 36 grados de latitud
sur. Este dilatado territorio estaba dividido en cuatro grandes suyos (regiones
o provincias): Chinchaysuyo al norte, Collasuyo al sur, Antisuyo al oriente
y Cuntisuyo al occidente.
Desde la óptica de la arqueoclimatología, el Ing.Turbay
(1983: 246), en un trabajo de divulgación científica, hace un
aporte a la mejor comprensión del fenómeno expansivo del quechua
con el establecimiento del imperio incaico:
“También nos preguntábamos a menudo cuál sería
la motivación que impulsó a los Incas a emprender sucesivas
guerras de conquista para llegar a integrar el más grande imperio
aborigen americano. El gráfico arqueoclimático nos permitió
elaborar una hipótesis con fundamentos lógicos.
A partir de 1400 empezó a bajar la temperatura en la Tierra
debido a que el Astro rey había entrado en uno de esos anormales períodos
de Sol Quieto, configurando el que fue designado Mínima Spörer
que, como sabemos, duró aproximadamente desde 1410 hasta 1520. ¿Qué
sucedía mientras tanto en lo que hoy es el Perú?.
Pachacutec Inca Yupanqui, gobernante de gran visión y magnífica
ejecutoria, había ido lentamente desde 1438 -año de su asunción
al poder- agrandando su feudo a expensas de sus vecinos y planificando una
organización estatal muy superior a la de los feudos linderos. Su
expansión había alcanzado un corto radio de unos 30 km. Entonces,
hacia 1450, la temperatura de la Tierra ya había descendido bastante
y la atmósfera, al enfriarse y disminuir su nivel de saturación,
causó lluvias que a medida que la temperatura fue descendiendo más
y más, se transformaron en nevadas y luego por años, no llovió
más. Los rayos del Sol eran muy débiles para derretir la nieve
de las altas montañas donde nacen los ríos, y éstos,
por falta de deshielo, disminuyeron grandemente su caudal o se secaron.
En cuanto se hubieran perdido dos o tres cosechas sucesivas, el
visionario Pachacutec intuiría rápidamente la gravedad de la
situación. Habría que proporcionar al pueblo incaico, para
alcanzar la supervivencia, alimentos y lana para la ropa. Alimentados
y abrigados podrían sobrevivir a los rigores del clima. ¿Pero
dónde conseguir lo que tanto se necesitaba? La única posibilidad
era quitarles a los reinos vecinos lo que poseían, dejándoles
sólo lo imprescindible para sobrevivir. Para ello había que
guerrear y dominar esos feudos por la fuerza de las armas. Pachacutec no vaciló.
Se trataba de la supervivencia de los más aptos o más fuertes,
y se lanzó a una serie de campañas de conquistas que ensancharon
gradualmente los límites de sus dominios. Feudo tras feudo fueron
incorporados por la fuerza a lo que empezaba a configurar un imperio con
un gobierno central fuerte, que - con gran inteligencia- procuraba
humanizar, en lo posible, sus crueles designios y sus despojos a los vencidos.
Tal fue -a nuestro juicio- la causa y la razón de la expansión
del Imperio Incaico. Iniciada ésta, ya no podía detenerse sin
riesgo de sucumbir; cada anexión de un feudo significaba la ganancia
de bienes, alimentos y ropa, pero al mismo tiempo, la obligación de
vestir y alimentar a nuevos contingentes humanos, lo que sólo podía
conseguirse con otra guerra de conquista, y así sucesivamente.
Cuando murió Pachacutec en 1471, le sucedió su hijo
Tupac Inca Yupanqui, ya fogueado como lugarteniente de su padre en estas
guerras de conquista. Dotado como él de extraordinarias cualidades
de gobierno, usando la diplomacia, pudo conseguir muchas veces sus propósitos
sin emplear la fuerza, pero cada vez más frecuentemente tuvo que usarla
para sofocar los levantamientos de los desconformes.
Impulsados por el frío y el hambre, Pachacutec y Tupac Inca
en un espacio de unos 30 años, de 1463 a 1493, aproximadamente, aumentaron
la superficie del Imperio en un mil por ciento. Tal fue el resultado histórico
que lograron los Incas al aceptar el desafío de sobrevivir a las penalidades
de la ‘mini-era glacial', llamada Mínima Spörer”.
Después de detallar el plan de obras públicas de los
Incas, Turbay concluye:
“Pero las cosas no mejoraron, y Tupac Inca sólo consiguió
acallar los gritos, pero no revertir el descontento del pueblo. El imperio
Incaico fue un mosaico de feudos vencidos sin un vínculo espiritual
que los uniera al vencedor, por esa causa fue efímero.”
En este último punto, Turbay coincide con otro autor, Ibico
Rojas Rojas (1980:22-23) quien afirma:
“Ahora está fuera de duda que, cuando los españoles
llegaron a estas tierras, el Tahuantinsuyo no presentaba una estructura sólida,
unitaria. Los incas hasta aquel momento no habían cristalizado su
intento de formar una patria imperial, como no lo harían tampoco los
españoles durante el Virreinato.”
“Lo cierto es que vencieron pero no convencieron a la totalidad
de los pueblos sometidos. El Incario era un conglomerado de ayllus, confederaciones
y estados señoriales, vencidos militar pero no siempre ideológicamente,
esto es, culturalmente. El runasimi, los caminos, la religión solar,
el capacocha y los mitmas, no habían logrado crearle conciencia de
una sola patria. Muchos señoríos reconocieron la derrota pero
nunca se sintieron parte del imperio ni se resignaron al vasallaje, esto
es, a la pérdida de sus riquezas y derechos sociales... “
“Por medios diplomáticos o bélicos, el Tahuantinsuyo
alcanzó su máxima expansión dejando de paso el germen
de un resentimiento mortal. Pues la anexión de los curacazgos no implicaba
sólo la derrota militar, sino también la pérdida de
autonomía de los curacas y su conversión en intermediarios del
gobierno cusqueño. Por estos servicios, sólo disfrutaban de
ciertos privilegios sociales y económicos.”
“El odio silencioso y desarticulador de los señoríos
vencidos, y la creencia de que los soldados castellanos podrían liberarlos
de la opresión inca, propiciaron las alianzas entre ambos enemigos
del Tahuantinsuyo, esto es, entre los curacazgos indóciles y los españoles.
La resistencia imperial se debilitaría aún más por la
pugna entre los hermanos Huáscar y Atahualpa que luchaban por la supremacía
del imperio. Las alianzas, a decir de W.Espinoza (1973), serían el
factor decisivo que facilitó la caída del Tahuantinsuyo en
un período relativamente corto. El rencor de los Chachapoyas, Cajamarcas,
Cañaris, Chimor, Chancas, Huancas y de otros señoríos,
fue advertido muy pronto por Pizarro, y aprovechado estratégicamente
para la lucha contra el último Inca.”
Luego Ibico Rojas Rojas señala que la existencia de una lengua
general, si bien no contribuyó en mucho a consolidar la unidad del
extenso imperio incaico, fue un factor muy importante para la empresa conquistadora:
“De no haber existido esta lengua general, el tránsito de
los españoles por estas tierras hubiera sido mucho más lento,
tanto como lo hubiera exigido la preparación de traductores de las
lenguas particulares de los distintos curacazgos. Desde luego, en esta situación
se habría descartado la táctica diplomática de la Conquista:
el intercambio de presentes y mensajes entre Pizarro y Atahualpa. Los españoles
hubieran tenido que lanzarse, entonces, a un combate sangriento desde Tumbes,
con resultado imprevisible para ellos.
En previsión de este riesgo, los conquistadores, desde sus
primeras exploraciones por las costas norteñas del Tahuantinsuyo, tomaron
prisioneros a quienes serían sus traductores, es decir, quienes serían
la clave para sus incursiones en territorio incaico. Con ellos se aseguraron
la información más precisa acerca de las riquezas, y a través
de ellos consiguieron la colaboración de los curacas resentidos. De
esta manera, la Runa Simi se convertía en la primera arma esgrimida
para la desarticulación del Imperio.”
Como hemos visto, el quechua luego de ser la lengua oficial
del imperio incaico, tras la caída de éste, tuvo un rol fundamental
como lengua de relación y de afianzamiento del imperio colonial español.
Un comentario especial merece la hipótesis de la relación
genética entre el quechua cuzqueño-boliviano y el aimara, surgida
en la etapa precomparativista de los estudios de las lenguas andinas. El
desarrollo subsiguiente de la lingüística comparativa aplicada
al quechua demostró que el cuzqueño-boliviano no es sino una
variedad dentro del grupo idiomático quechua y que por lo tanto,
toda discusión en torno a posibles parentescos debía estar referida
a todo el grupo y no a un miembro específico de éste. Idéntica
situación se presentó respecto al aimara, ya que los estudios
demostraron que es sólo una de las variedades de la familia lingüística
aru . [10] Se puso en evidencia
entonces la arbitrariedad de toda comparación con fines de relación
histórica, genética o no, entre el quechua cuzqueño-boliviano
y el aimara, y que la discusión sobre el posible origen común
de ambos grupos debía examinarse a la luz de las protolenguas -protoquechua
y protoaru-a partir de las cuales surgieron las diversas variedades.
Lingüistas de la talla de Parker, Torero y Hardman, descartan
la hipótesis del parentesco idiomático para inclinarse en favor
de la hipótesis de la convergencia (cf.Cerrón-Palomino 1987:
363), según la cual, los rasgos comunes observados no sólo
ya entre el quechua cuzqueño-boliviano y el aimara, sino entre los
grupos a los cuales pertenecen dichas variedades - el quechua y el aru -
serían el resultado del prolongado contacto en que estuvieron ambas
familias de lenguas en el espacio centro-sur andino, pasando por distintas
etapas de interinfluencias. (Sigue en Página 4).
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Copyright by Jorge Alderetes 1997
[9] Estos límites son discutibles ya que de acuerdo
con otros historiadores, la frontera sur del imperio llegaba hasta Mendoza
penetrando por las vertientes orientales de los Andes. En el caso de Chile,
se afirma que llegaba hasta el Río Maule, pero hay quienes sostienen
que el dominio efectivo de los incas sólo alcanzó hasta unos
pocos kilómetros al sur de la actual ciudad de Santiago. El Río
Maipo habría sido, entonces, la verdadera frontera meridional del
imperio (cf. Silva Galdames 1986: 49).(regresa a Texto Principal)
[10] La familia lingüística aru
está compuesta por las lenguas jacaru, cauqui y aimara.(regresa a Texto Principal)
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