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por Jorge Alderetes .....
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SITUACION HISTORICA - I

 

ORIGEN Y EXPANSION DEL QUECHUA

 La versión tradicional acerca de la expansión del quechua es que ésta se habría efectuado en dos etapas: una incaica y otra colonial. Los estudios más recientes permiten establecer al menos tres etapas: preincaica, incaica y colonial. El reconocimiento de estas tres etapas conduce a plantear la existencia de otros tantos centros de propagación de la lengua. Aquí nuevamente surge una controversia, esta vez acerca del foco originario de difusión a partir del cual la lengua se expandió por todo el mundo andino. Son cuatro las hipótesis acerca de la ubicación de este foco originario.

 La versión más difundida es la que atribuye al Cuzco el centro inicial donde se originó la lengua y a partir del cual se expandió. Los estudios dialectológicos realizados en las últimas décadas han permitido descartar esta hipótesis, por cuanto el grado de divergencia que muestran las variedades del grupo QI  no pueden ser explicadas a partir de un origen cuzqueño entre otros argumentos que Cerrón Palomino (1987: 324-327) expone detalladamente.

 Una segunda hipótesis, sin mayor sustento lingüístico, asigna al quechua un foco  de expansión ubicado en la selva alta en un área comprendida entre Chachapoyas y Macas (Amazonas), basada en fundamentos arqueológicos (la difusión de un estilo cerámico) y ecológicos (la adaptación gradual del cultivo de maíz). Si bien el proceso de la difusión del cultivo del maíz pudo haberse propagado a partir del área montañosa señalada, no necesariamente tuvo que estar relacionada con la difusión de la lengua. Además del mencionado, son muchos los aspectos conflictivos de esta hipótesis, por lo que los lingüistas la han descartado.

 Hay otra teoría que postula el origen preincaico del quechua ecuatoriano y que éste se habría difundido desde el Ecuador hacia el Perú. Esta teoría de la procedencia norteña del quechua afronta dificultades insalvables a pesar de los recientes aportes de destacados lingüistas. Para mayores detalles puede consultarse Cerrón-Palomino (1987:  338-341).

 Finalmente, la hipótesis que va ganando mayor fuerza y aceptación entre los lingüistas es la que asigna a la lengua un origen costeño; según ella el quechua habría sido difundido por los chinchas.  Esta posibilidad ya había sido planteada por algunos cronistas del siglo XVI y en los comienzos del siglo XX pueden encontrarse interesantes trabajos de historiadores peruanos que tratan de fundamentarla.
 Al respecto, Waldemar Espinoza Soriano (1982:177-182) nos dice:

     “Todos los amautas y quipucamayos andinos de los tiempos prehispánicos estuvieron persuadidos de que el quechua fue una lengua originaria del valle de Chincha. Pero como la historia que ellos cultivaban era tradicional y oral, es lógico que esta explicación sufriera reinterpretaciones y alteraciones con el devenir de los siglos. Por eso, para ciertos informantes de las postrimerías del siglo XVI, el quechua de procedencia chinchana se extendió por la integridad del Perú no en centurias tan remotas sino durante el reinado de Huayna Capac ... “.
     “Ya en 1553 Pedro Cieza de León dejó escrito, de acuerdo a las noticias que propalaban los chancas, cómo estos eran inmigrantes de las alturas de Choclococha y Urcococha, es decir de las punas de los Chocorvos. Mientras los de Chincha por su parte, referían en 1557 que ellos fueron los conquistadores y dominadores del reino de Chocorvos (Castrovirreyna). Y en 1609 Garcilaso de la Vega, de conformidad a las narraciones de los orejones cuzqueños, dejaba aclarado que la lengua quechua hablada en la capital del Imperio tenía origen en los Chancas. La conclusión, por consiguiente, es  clarísima: el quechua en los Andes Centrales se expandió de Oeste a Este, o sea de la costa a la sierra”.
     “ (Fray Martín de) Murúa, ya lo hemos manifestado, es otro de los cronistas que tuvo el pensamiento firme de que el quechua tuvo su origen en la costa y que de Chincha partió la infiltración de este idioma a las regiones andinas del centro y del sur”.
     “Y así llegamos al siglo XX, en que José de la Riva Agüero en 1910, con una lucidez extraordinaria, en su tesis doctoral La Historia en el Perú elaboró la sugerente hipótesis de que los pobladores de las formaciones económico-sociales de los Andes Centrales de los tiempos que hoy denominamos Huari u Horizonte Medio hablaban quechua. Los argumentos que tuvo Riva Agüero fueron y siguen siendo concluyentes, de una lógica irreplicable. De acuerdo al estado de las investigaciones arqueológicas en los años de Riva Agüero a dicho Horizonte panandino se le conocía con el nombre genérico de Tiahuanaco. La dilucidación espacial, separando Huari por un lado y Tiahuanaco por otro, corresponde recién a la década de 1950. Riva Agüero, además, explicó que la gente del área nuclear de Tiahuanaco, o sea del altiplano del Titicaca, hablaba también quechua, y que los destructores de esta civilización fueron los invasores aimaras procedentes de Coquimbo y Tucumán. El que los del perímetro nuclear de Tiahuanaco hubieran manejado el quechua, ahora lo sabemos, no es cierto, pero en lo restante Riva Agüero acertó diáfanamente, ya que al mismo resultado hemos arribado empleando otros métodos y fuentes.”
     “Al año siguiente, en 1911, apareció el primer investigador e historiador del Perú republicano que lanzó la hipótesis muy bien fundamentada sobre el origen centro costeño del quechua. Fue el célebre científico don Manuel González de la Rosa. Este erudito peruano publicó en julio del mencionado año de 1911 un trabajo que precisamente lleva por título ‘Origen  costeño del Quechua' ....”.
     “La difusión del quechua, además, de la zona centro costeña al resto del Perú, según González de la Rosa, fue realizada muchos siglos antes del establecimiento del Imperio de los Incas. Hecho lógico, ya que en los pocos años que duró éste es imposible que hubiera podido imponerse casi por todos sus confines:
     ‘Por lo tanto -dice- si llegaron a hablar la misma lengua que los serranos fue porque los costeños fueron primero a la sierra, donde extendieron su dominación y su lengua por el Norte y al fin por el sur del Perú. Es necesario que abandonemos para siempre la opinión de los cronistas, que suponían que la lengua se imponía fácilmente con la dominación de los incas. Donde quiera que se hablaba quechua, es porque siempre se había hablado, sea en la costa, en el Ecuador, en Bolivia o en Santiago del Estero’ (González de la Rosa 1911: 1209)”.
 Por su parte, Rojas Rojas (1980: 45) nos proporciona la siguiente información:  
     “... existe continuidad de información, desde Martín de Morúa (1590), Manuel Gonzáles de la Rosa (1911), Dick Ibarra Grasso (1958), hasta Alfredo Torero, de que el Quechua procede de la Costa Central del Perú. Lo que no tocan los primeros es la cronología y los hechos sociales que propiciaron su expansión. Mérito que corresponde a Torero por haber hecho de estos aspectos sociales del lenguaje su objeto de investigación.
     En una entrega desacostumbrada entre los lingüistas peruanos, y compatible sólo con vocaciones profundas, Torero se impuso la enorme tarea de ahondar la investigación sobre la procedencia del Quechua. Acopió material lingüístico e información extraída de fuentes escritas en los siglos XVI y XVII. Sus estudios glotocronológicos y de geografía lingüística, reforzados con información arqueológica, lo llevaron a confirmar científicamente el origen costeño del Quechua, y a postular una cronología de su expansión como lengua general, por el territorio del antiguo Perú.”
 Según diversas fuentes, la acción de los señores del reino de Chincha, que antes de la dominación incaica ejercían su poderío a lo largo de la costa como en los pueblos de la sierra sur peruana, habría difundido su lengua por la sierra sur y por el litoral norteño hasta llegar al Ecuador.
 De acuerdo con Torero, habría tres fases de expansión del quechua a partir de la costa y sierra centrales del Perú. La primera dispersión de la lengua se habría producido a principios de la era cristiana. La segunda expansión, coincidente con el encumbramiento de Pachacamac (siglo VIII) como centro de poder económico y teocrático,  se habría efectuado en dos direcciones opuestas, una hacia la sierra norte (QII-A), y otra hacia la costa y sierra sur (QIIB-C). Tras la caída de Pachacamac, surge Chincha como poderoso centro mercantil que habría vehiculizado la tercera expansión del quechua, bajo sus configuraciones de QII-B, por la costa norte hasta el Ecuador, y QII-C en dirección del este y del sur.
 Las fases expansivas del quechua, implicaron la eliminación de otras lenguas que ocupaban los territorios cubiertos actualmente por aquél. Si bien no hay evidencias directas respecto de las hablas que preexistían en el área de dispersión del protoquechua, los indicios de otros idiomas aumentan a medida que se rastrea la expansión de la lengua en sus dos fases restantes.
 Ahora bien, si el Cuzco no fue la cuna del quechua, surge naturalmente la pregunta acerca de qué lengua hablaban los primeros incas. Son dos las hipótesis acerca de la lengua originaria de los incas: la primera postula que debió ser el aimara, y la segunda que la lengua de los fundadores del Imperio fue el puquina.
 Finalmente, cuando se estableció el poder cuzqueño, ya el quechua chínchay  se hallaba muy difundido como una especie de lengua de relación.  Su  extensa vigencia habría inducido a los incas a adoptar el quechua  como idioma  oficial del Tahuantinsuyo, llevándolo a su máxima expansión.  Tras la caída de éste, tendría un rol fundamental  en el afianzamiento del imperio colonial español.
 En el proceso inicial de expansión del quechua, como puede apreciarse, hay diferentes fases en las cuales intervienen factores de diversa índole. Torero asigna especial importancia a las transacciones económicas como un factor determinante para la expansión de la lengua.  Al respecto, Rojas Rojas (1980: 48-50) señala:  
     “Dando por sentado que toda expansión cultural se mueve al impulso de intereses económicos, Torero desarrolla la historia social del Quechua sobre la base de relaciones comerciales interregionales de la Costa, Sierra y Selva. Estas relaciones, a su vez, están determinadas por las diferentes situaciones ecológicas de los pueblos andinos, y por la r la producción de excedentes. Así, por ejemplo, a principios de nuestra era, Moche, Lima y Nazca fueron valles muy ricos cuyas poblaciones ejercieron influencia religiosa en áreas extensas. Las condiciones ecológicas les permitieron, pues, desarrollar la agricultura y la pesca, así como la industria textil. Y sobre la base del intercambio de sus excedentes, perfeccionaron luego las técnicas de navegación y la metalistería. Esto es, contaron con las condiciones básicas para constituirse en núcleos de atracción humana e irradiación cultural; en puntos importantes para el intercambio económico con otros pueblos costaneros y con los del interior.
     Entrelazados a una intensa actividad comercial - según Torero- se habría difundido el Quechua y otras lenguas desde sus formas más arcaicas, a principios de la era cristiana.” ...
     “Aproximadamente en el siglo XIII el reino Chincha se constituyó en el más próspero de la Costa peruana. El poderío de los chinchas - sostiene Torero- daría un nuevo impulso a la expansión del Quechua desde el Collao hasta Quito, movilizando más de seis mil mercaderes por tierra y por mar. Postulación sustentada en un documento anónimo analizado y publicado por María Rostworowski (1970), en el que se dice que seis mil mercaderes ... con sus compras y ventas iban desde Chincha al Cuzco por todo el Collao, y otros iban a Quito y a Puerto Viejo, de donde traían mucha chaquira de oro y  muchas esmeraldas ricas y las vendían a caciques de Ica.”
 Por otra parte, discrepando con Torero en cuanto a las razones de la expansión de la lengua, Rojas Rojas (1980: 112) señala:  
     “La difusión inicial del Quechua se habría apoyado en las necesidades religiosas de los pueblos del centro del Perú. La religión habría motivado masivos desplazamientos migratorios, en forma de peregrinaciones, hacia los oráculos de Lima. La necesidad de comprender a los descifradores de los oráculos, y el propio contexto social es posible que hubieran determinado el aprendizaje del Quechua por parte de los numerosos peregrinos.”
 Este autor, en sus conclusiones, también señala que los móviles, agentes y mecanismos que entran en juego en la expansión de una determinada expresión cultural, adquieren mayor o menor importancia en distintas etapas de evolución social, pero no se excluyen históricamente. Como prueba de ello  (Rojas 1980: 113) ejemplifica:“Pachacamac perdió poderío militar y político, frente al conquistador imperio cusqueño, pero mantuvo su prestigio religioso hasta la conquista española”.
 La expansión incaica se inicia poco antes de la segunda mitad del siglo XV bajo el reinado del inca Pachacútec (1433-1471), quien emprendió la conquista de los grupos étnicos de la sierra central peruana y la de los pueblos de la meseta del Titicaca. Por la misma época, el hijo de Pachacútec, Túpac Inca Yupanqui, inicia la conquista de la sierra norte. Posteriormente marcha hacia Quito y de allí se dirije a la costa ecuatoriana. Luego retorna hacia el sur, invade la costa peruana por el norte y ocupa toda la costa central hasta la altura de Lima.  

 A la renuncia de su padre al trono, asume el poder en 1471 aproximadamente. Túpac Yupanqui invade posteriormente el actual territorio de Bolivia, de allí pasa a ocupar la mayor parte del cabezal noroeste argentino y luego emprende la conquista de Chile. De esta manera quedó fijada la frontera sur del imperio, teniendo a Tucumán como provincia sudoriental, y  el territorio chileno hasta el Río Maipo, como la provincia sudoccidental. [9]
 A la muerte de Túpac Yupanqui, ocurrida en 1493, le sucede su hijo Huaina Cápac. Al nuevo inca le correspondió la expansión del imperio por el norte. Huaina Cápac llevó las fronteras del imperio hasta el Río Ancasmayo en la actual demarcación fronteriza entre Ecuador y Colombia, para luego emprender la conquista de la costa ecuatoriana.  La muerte del inca se produjo posiblemente en 1537 (aunque se menciona 1526 como la fecha de su alejamiento del gobierno) y desató una lucha entre sus hijos Huáscar y Atahualpa por la posesión del trono.
 Como se habrá podido apreciar, la expansión del Tahuantinsuyo fue obra de sus tres últimos soberanos (excluyendo los breves períodos de Huáscar y Atahualpa). A la muerte de Huaina Cápac, el imperio abarcaba desde los 2 grados de latitud norte hasta los 36 grados de latitud sur. Este dilatado territorio estaba dividido en cuatro grandes suyos (regiones o provincias): Chinchaysuyo al norte, Collasuyo al sur, Antisuyo al oriente y Cuntisuyo al occidente.

 Desde la óptica de la arqueoclimatología, el Ing.Turbay (1983: 246), en un trabajo de divulgación científica, hace un aporte a la mejor comprensión del fenómeno expansivo del quechua con el establecimiento del imperio incaico:

     “También nos preguntábamos a menudo cuál sería la motivación que impulsó a los Incas a emprender sucesivas guerras de conquista para llegar a integrar el más grande imperio aborigen americano. El gráfico arqueoclimático nos permitió elaborar una hipótesis con fundamentos lógicos.
     A partir de 1400 empezó a bajar la temperatura en la Tierra debido a que el Astro rey había entrado en uno de esos anormales períodos de Sol Quieto, configurando el que fue designado Mínima Spörer   que, como sabemos, duró aproximadamente desde 1410 hasta 1520. ¿Qué sucedía mientras tanto en lo que hoy es el Perú?.
     Pachacutec Inca Yupanqui, gobernante de gran visión y magnífica ejecutoria, había ido lentamente desde 1438 -año de su asunción al poder- agrandando su feudo a expensas de sus vecinos y planificando una organización estatal muy superior a la de los feudos linderos. Su expansión había alcanzado un corto radio de unos 30 km. Entonces, hacia 1450, la temperatura de la Tierra ya había descendido bastante y la atmósfera, al enfriarse y disminuir su nivel de saturación, causó lluvias que a medida que la temperatura fue descendiendo más y más, se transformaron en nevadas y luego por años, no llovió más. Los rayos del Sol eran muy débiles para derretir la nieve de las altas montañas donde nacen los ríos, y éstos, por falta de deshielo, disminuyeron grandemente su caudal o se secaron.
     En cuanto se hubieran perdido dos o tres cosechas sucesivas, el visionario Pachacutec intuiría rápidamente la gravedad de la situación. Habría que proporcionar al pueblo incaico, para alcanzar la supervivencia,  alimentos y lana para la ropa. Alimentados y abrigados podrían sobrevivir a los rigores del clima. ¿Pero dónde conseguir lo que tanto se necesitaba? La única posibilidad era quitarles a los reinos vecinos lo que poseían, dejándoles sólo lo imprescindible para sobrevivir. Para ello había que guerrear y dominar esos feudos por la fuerza de las armas. Pachacutec no vaciló. Se trataba de la supervivencia de los más aptos o más fuertes, y se lanzó a una serie de campañas de conquistas que ensancharon gradualmente los límites de sus dominios. Feudo tras feudo fueron incorporados por la fuerza a lo que empezaba a configurar un imperio con un gobierno central fuerte, que - con gran inteligencia-  procuraba humanizar, en lo posible, sus crueles designios y sus despojos a los vencidos.
     Tal fue -a nuestro juicio- la causa y la razón de la expansión del Imperio Incaico. Iniciada ésta, ya no podía detenerse sin riesgo de sucumbir; cada anexión de un feudo significaba la ganancia de bienes, alimentos y ropa, pero al mismo tiempo, la obligación de vestir y alimentar a nuevos contingentes humanos, lo que sólo podía conseguirse con otra guerra de conquista, y así sucesivamente.
     Cuando murió Pachacutec en 1471, le sucedió su hijo Tupac Inca Yupanqui, ya fogueado como lugarteniente de su padre en estas guerras de conquista. Dotado como él de extraordinarias cualidades de gobierno, usando la diplomacia, pudo conseguir muchas veces sus propósitos sin emplear la fuerza, pero cada vez más frecuentemente tuvo que usarla para sofocar los levantamientos de los desconformes.
     Impulsados por el frío y el hambre, Pachacutec y Tupac Inca en un espacio de unos 30 años, de 1463 a 1493, aproximadamente, aumentaron la superficie del Imperio en un mil por ciento. Tal fue el resultado histórico que lograron los Incas al aceptar el desafío de sobrevivir a las penalidades de la ‘mini-era glacial', llamada Mínima Spörer”.
 Después de detallar el plan de obras públicas de los Incas, Turbay concluye:
 “Pero las cosas no mejoraron, y Tupac Inca sólo consiguió acallar los gritos, pero no revertir el descontento del pueblo. El imperio Incaico fue un mosaico de feudos vencidos sin un vínculo espiritual que los uniera al vencedor, por esa causa fue efímero.”

 En este último punto, Turbay coincide con otro autor, Ibico Rojas Rojas (1980:22-23) quien afirma:
 

     “Ahora está fuera de duda que, cuando los españoles llegaron a estas tierras, el Tahuantinsuyo no presentaba una estructura sólida, unitaria. Los incas hasta aquel momento no habían cristalizado su intento de formar una patria imperial, como no lo harían tampoco los españoles durante el Virreinato.”
     “Lo cierto es que vencieron pero no convencieron a la totalidad de los pueblos sometidos. El Incario era un conglomerado de ayllus, confederaciones y estados señoriales, vencidos militar pero no siempre ideológicamente, esto es, culturalmente. El runasimi, los caminos, la religión solar, el capacocha y los mitmas, no habían logrado crearle conciencia de una sola patria. Muchos señoríos reconocieron la derrota pero nunca se sintieron parte del imperio ni se resignaron al vasallaje, esto es, a la pérdida de sus riquezas y derechos sociales... “
     “Por medios diplomáticos o bélicos, el Tahuantinsuyo alcanzó su máxima expansión dejando de paso el germen de un resentimiento mortal. Pues la anexión de los curacazgos no implicaba sólo la derrota militar, sino también la pérdida de autonomía de los curacas y su conversión en intermediarios del gobierno cusqueño. Por estos servicios, sólo disfrutaban de ciertos privilegios sociales y económicos.”
     “El odio silencioso y desarticulador de los señoríos vencidos, y la creencia de que los soldados castellanos podrían liberarlos de la opresión inca, propiciaron las alianzas entre ambos enemigos del Tahuantinsuyo, esto es, entre los curacazgos indóciles y los españoles. La resistencia imperial se debilitaría aún más por la pugna entre los hermanos Huáscar y Atahualpa que luchaban por la supremacía del imperio. Las alianzas, a decir de W.Espinoza (1973), serían el factor decisivo que facilitó la caída del Tahuantinsuyo en un período relativamente corto. El rencor de los Chachapoyas, Cajamarcas, Cañaris, Chimor, Chancas, Huancas y de otros señoríos, fue advertido muy pronto por Pizarro, y aprovechado estratégicamente para la lucha contra el último Inca.”
 Luego Ibico Rojas Rojas señala que la existencia de una lengua general, si bien no contribuyó en mucho a consolidar la unidad del extenso imperio incaico, fue un factor muy importante para la empresa conquistadora:  
     “De no haber existido esta lengua general, el tránsito de los españoles por estas tierras hubiera sido mucho más lento, tanto como lo hubiera exigido la preparación de traductores de las lenguas particulares de los distintos curacazgos. Desde luego, en esta situación se habría descartado la táctica diplomática de la Conquista: el intercambio de presentes y mensajes entre Pizarro y Atahualpa. Los españoles hubieran tenido que lanzarse, entonces, a un combate sangriento desde Tumbes, con resultado imprevisible para ellos.
     En previsión de este riesgo, los conquistadores, desde sus primeras exploraciones por las costas norteñas del Tahuantinsuyo, tomaron prisioneros a quienes serían sus traductores, es decir, quienes serían la clave para sus incursiones en territorio incaico. Con ellos se aseguraron la información más precisa acerca de las riquezas, y a través de ellos consiguieron la colaboración de los curacas resentidos. De esta manera, la Runa Simi se convertía en la primera arma esgrimida para la desarticulación del Imperio.”
 Como hemos visto, el quechua  luego de ser  la lengua oficial del imperio incaico, tras la caída de éste, tuvo un rol fundamental como lengua de relación y de afianzamiento del imperio colonial español.  

 Un comentario especial merece la hipótesis de la relación genética entre el quechua cuzqueño-boliviano y el aimara, surgida en la etapa precomparativista de los estudios de las lenguas andinas. El desarrollo subsiguiente de la lingüística comparativa aplicada al quechua demostró que el cuzqueño-boliviano no es sino una variedad dentro del grupo idiomático quechua y que por lo tanto,  toda discusión en torno a posibles parentescos debía estar referida a todo el grupo y no a un miembro específico de éste. Idéntica situación se presentó respecto al aimara, ya que los estudios demostraron que es sólo una de las variedades de la familia lingüística aru . [10] Se puso en evidencia entonces la arbitrariedad de toda comparación con fines de relación histórica, genética o no, entre el quechua cuzqueño-boliviano y el aimara, y que la discusión sobre el posible origen común de ambos grupos debía examinarse a la luz de las protolenguas -protoquechua y protoaru-a partir de las cuales surgieron las diversas variedades.

 Lingüistas de la talla de Parker, Torero y Hardman, descartan la hipótesis del parentesco idiomático para inclinarse en favor de la hipótesis de la convergencia (cf.Cerrón-Palomino 1987: 363), según la cual, los rasgos comunes observados  no sólo ya entre el quechua cuzqueño-boliviano y el aimara, sino entre los grupos a los cuales pertenecen dichas variedades - el quechua y el aru - serían el resultado del prolongado contacto en que estuvieron ambas familias de lenguas en el espacio centro-sur andino, pasando por distintas etapas de interinfluencias.   (Sigue en Página 4).
 

 


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[9] Estos límites son discutibles ya que de acuerdo con otros historiadores, la frontera sur del imperio llegaba hasta Mendoza penetrando por las vertientes orientales de los Andes. En el caso de Chile, se afirma que llegaba hasta el Río Maule, pero hay quienes sostienen que el dominio efectivo de los incas sólo alcanzó hasta unos pocos kilómetros al sur de la actual ciudad de Santiago. El Río Maipo habría sido, entonces, la verdadera frontera meridional del imperio (cf. Silva Galdames 1986: 49).(regresa a Texto Principal)
[10]  La familia lingüística aru  está compuesta por las lenguas jacaru, cauqui y aimara.(regresa a Texto Principal)