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ALDO TEVEZ (2008) "Nota de Opinión: Otro fallido diccionario quichua santiagueño (por M.Tebes y A.Karlovich)"
NUEVO DIARIO DE SANTIAGO DEL ESTERO
SUPLEMENTO DE CULTURA DEL 09-02-2008
SANTIAGO DEL ESTERO - REP.ARGENTINA

Cultura | Respuesta a publicación anterior

 


Nota de opinión: otro fallido diccionario quichua santiagueño (Por Mario Tebes y Atila Karlovich)

 

Este es el título de la nota que aparece en Cultura de NUEVO DIARIO, de fecha 02 de diciembre de 2007.
Considero bienvenido, observar algunos errores que pude haber cometido, pues errar es humano y recoger éstos, para pulir y corregir en alguna futura reedición. Siempre en tanto y en cuanto, la crítica sea sana.
Por eso, pregunto: ¿Por qué fallido diccionario? ¿Porque no está acorde con una línea vertical de pensamiento retrógrado y de mezquinos intereses egoístas? Hablan de inconsistencia, cuando este trabajo es un aporte, una suma de esfuerzos, valorables o no, hacia obras de otros autores, cuya intención, como en este caso, es ampliar nuestro acervo cultural Quichua.
Además, quiero aclarar el concepto de; “dialecto”, citado por estos dos señores; pues tienen el mismo valor semántico: lengua, habla, idioma o variedad dialectal (Marisa Censabella, “Las lenguas indígenas de la Argentina” Editorial EUDEBA. 1999) También hay información sobre nuestro quichua, en obras de Alfredo Torero: “Lingüística e historia de la sociedad andina” Willen Adelaar- 1991 y “Raíces Lingüísticas del quichua de Santiago del Estero” 1995. Además de tantas otras obras.
En las primeras páginas de este diccionario, comento cuál fue mi intención en concretar este esfuerzo. En cuanto al uso de las primeras sílabas con los diptongos “hua, hue, hui”, en vez de las sílabas wa, we, wi, cerciorarse en la página 19.
Posteriormente me adjudican errores en castellano, como haber graficado:
Herror, ambriento y harapiento, podrían haber citado la página. Cualquiera puede consultar en mi diccionario la página 192, donde Pantay como verbo, en quichua significa: Errar, error, equivocación, confusión. En la página 346 aparece:
Yarqa s. Hambre, necesidad de comer,
Yarqachej. adj.o p.a, que suele hacer hambrear. Hacer que tenga necesidad de comer. Etc. En cuanto a: Harapiento que se cita arapiento, no lo registro, y por ende, creo que es una referencia incorrecta.
En cuanto al topónimo Hoyón, en el Dpto. Atamishqui – lugar donde nací - reitero, proviene de la raíz Aymara Uyu, que significa lugar ocupado. La n es sufijo de posesión de tercera persona quichua, convirtiéndose en Uyun, hibridación aymara – quichua. Castellanizado Hoyón, cuyo significado es: Lugar o espacio ocupado por una persona, y no hoyo grande. En San Juan, tenemos el dique de Ullun, y al norte de la ciudad de Lima – Perú –, aparece otro topónimo con el nombre de Oyón, éste, está ubicado más o menos a 80 kilómetros al noreste de esta ciudad capital. Es verdad, y por lo tanto, considero que es la misma voz. Ver página190, del Diccionario Aymara – Español de Juan Luís Ayala Loayza. Edit. Juan Mejía Baca. – 1988. Lima – Perú.
Estos señores, parece que ignoran que, los Aymaras (sin acento porque son voces graves) y otras comunidades étnicas peruanas y bolivianas, exploraron nuestro noroeste argentino desde 1000 años antes de la llegada de los españoles. Posteriormente, cuando toda esta región, se anexó al Tawantinsuyu, llegaron con los Ayllus Inkas, hablantes quechuas, aymaras, puquinas, y otros portadores de la familia lingüística Aru. etc. Quedando voces de las lenguas de los diaguitas, sanavirones, comechingones, Huarpes o warpes, etc. como sustratos, luego asimilados por el quechua, lengua oficial del Tawantinsuyu. De allí que, topónimos como Manogasta, proviene de Manu, voz aymara también, que significa lugar donde se recogían los tributos Inkas. Gasta, es deturpación del proto - quechua hata, que luego se transformó en llajta, allpa, ashpa o simplemente, en ata, como en Atamishqui que significa lugar, pueblo o tierra dulce (Trabajo de José Carlos Fajardo, “Vocabulario Ecológico e Histórico Quechua” Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad de Stanford, California, Estados Unidos, 31)
El Idioma Quichua, Qechua o Runa Simi, no tiene dueños, los únicos dueños son los hablantes. No conozco tutores, árbitros ni jueces que puedan dictaminar con un sentido ético y no difamatorio faltando a la verdad. En mis queridos pagos atamishqueños, nos enseñaron a crecer, teniendo en cuenta una serie de valores éticos, morales y axiológicos, que heredamos de nuestros padres, abuelos y antepasados quichuas, como: Ama Sua, Ama Llulla, Ama Qella, que significan: no robes, no mientas, no seas haragán.
Aún hoy, muchos de nuestros comprovincianos y hermanos de nuestro noroeste, mantenemos también otros valores, como solidaridad, reciprocidad, hermandad y fraternidad. Pienso que estos quijotescos estudiosos y sabelotodos de marras, podrían volcar sus amplios conocimientos, en valiosos textos para enriquecer el vasto patrimonio cultural que nos dejaron nuestros antepasados.
Con respeto al Idioma Quichua, Quechua o Runa Simi – que es el verdadero nombre- llamamos santiagueño, por mantenerse viva en nuestra provincia. Es necesario recordar que es, argentino, como tal, lo hice conocer en la UNESCO, porque en determinado tiempo se habló en todo nuestro noroeste, también, en el norte de Córdoba, Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza. Si hay dudas, se pueden consultar obras de Adán Quiroga, Lafone Quevedo, Joaquín V. González, Lizondo Borda y muchos autores más.
Por último, en cuanto a los topónimos, aclaro que el diccionario, no trata sólo la variedad santiagueña, también, la variedad dialectal de las diferentes regiones de nuestro país, donde incluyo, voces pre-quichuas, es decir, pertenecientes a las antiguas y distintas comunidades étnicas que poblaron nuestro noroeste. Además mi intención, era recoger en lo posible, voces puras, que con el tiempo fueron cayendo en desuso, evitando la hibridación y la constante contaminación con el castellano.
Los Inkas, no sólo exploraron las zonas andinas y sub-andinas en nuestro territorio, además del centro, áreas pampeanas y patagónicas de nuestro país, dejando como testimonio de su paso nombres de lugares en todo nuestro noroeste, Córdoba, San Luis, La Pampa, oeste de la provincia de Buenos Aires, incluyendo la parte norte de nuestra Patagonia y el contacto con los Mapuches. Al respecto, el Mapudungun como lengua, tiene mas de 200 raíces quichuas.
Humildemente, sugiero consultar obras como “El ayllu” de Bautista Saavedra, editado en Bolivia. Editorial Juventud. La Paz. 1971; el autor afirma: “La difusión geográfica de una lengua, demuestra que, una civilización a cuyo servicio se hallaba ella, se extendió por lugares donde estampó su huella imperecedera”. Otra obra que recomiendo: “Los dieciocho incas” de Víctor Angles Vargas. Editorial UNSAAC. 1993, Cusco, Perú, donde coincide con el pensamiento de Bautista Saavedra sobre los topónimos.

 

Aldo Leopoldo Tevez. Miembro de Número de la Academia Mayor de la Lengua Quechua del Cusco, Perú. Colaborador de la UNESCO en antiguas lenguas. Premio TIERRA. Uno de los 500 hombres de la Cultura para 500 años, UNESCO. 1992.